Manuel Seco, el último lexicógrafo

La persona será recordada por todos los que lo conocimos y su obra descriptiva de la lengua española será útil durante siglos

El académico Manuel Seco Reymundo
El académico Manuel Seco Reymundo FOTO: Gonzalo Pérez

El recuerdo de la labor de don Manuel Seco Reymundo pervivirá mientras los datos de la lengua española bien organizados se necesiten y eso, por lo que se advierte hoy, tiene mucho futuro por delante. Los que hemos seguido su trabajo desde hace sesenta años rendimos total reconocimiento a toda su obra. Los que hemos tenido la suerte de tratarle valoramos aun más su obra al contemplarla a larga distancia.

La primera vez que un trabajo de Manuel Seco me ayudó, fue la Gramática que él reelaboró a partir de la de su padre. En aquellos años, antes de 1960, no había muchas gramáticas fiables, modernas, sencillas del español. No se puede comprender esta carencia desde la proliferación de libros de texto que hubo después; pero tenemos obligación de recordarlo los que lo vivimos. En un momento determinado en que las editoriales escolares luchaban por imponer sus manuales, hechos con precipitación y para cumplir con un programa irreal, recomendé su gramática en versión esencial (1962) junto a una buena antología literaria. Con esos dos libros, los bachilleres podrían acceder a otros niveles humanísticos de nuestra tradición o tendrían lo imprescindible para ser ciudadanos activos en la sociedad.

Después, volvió a ayudar don Manuel a los de mi generación, cuando teníamos que hacer una memoria «pedagógica» para optar a una oposición de Enseñanza Media. La suya, que editó el Ministerio de Educación en 1961, representó la mejor referencia didáctica para tantos catedráticos y profesores de Institutos de esos años. En ella se recogen con aplicación su propia experiencia junto a la tradición de parte de la Institución libre de Enseñanza, que le llegó a través de su padre, y la bibliografía de enseñanza de lengua materna de ascendencia francesa, que tenía también en su casa. La enriquece otra vez de datos, esta vez fragmentos de redacciones escolares, que señalan y ejemplifican lo que hay que hacer con adolescentes en clase. Era un tesoro en un erial bibliográfico.

Una memoria esta que aun es útil en el desconcierto que vivimos de separar lengua y literatura. Recuerdo esto, precisamente, porque está más alejado en el tiempo, es más desconocido por los jóvenes de hoy y, sin embargo, fue fundamental en el traspaso de conocimientos que desempeñó la persona que hemos perdido.

La quizá más distintiva característica de su labor fue la de recogedor de datos, datos precisos, ordenados según teorías tradicionales, exigentes y sencillas, los cuales perdurarán en la historia del cultivo de la lengua sin perder un ápice de su valor. Lo que llega a dar plenos frutos en sus diccionarios y su dedicación a la historia de la lexicografía.

En Seco convivían dos gustos bien avenidos: un gusto por la gramática y otro por la lengua viva y la vivida. Tanto uno y otro se manifiestan ya en su tesis doctoral sobre el vocabulario de Arniches; se pone de manifiesto en él la característica antes señalada en la selección de un literato popular, como es el madrileño y su atención el vocabulario coloquial. Son evidentes también en su Diccionario de dudas (1961, última la 13ª en 2011). Esta misma mañana sonreíamos recordando cómo su explicación de los usos de fuera y afuera de donde y adonde, del gerundio, siempre vidriosas en español, eran comprensibles para todos en aquel diccionario.

Sigue en mi recuerdo su enorme Diccionario documentado de fraseología del español actual (2004). La fraseología es el terreno pintiparado para ello y el diccionario con más de 18.000 unidades resulta el más actualizado de los repertorios de hoy y el más amplio de los que ha habido hasta ahora.

Estos días se glosará desde diferentes perspectivas su gran trabajo en el Diccionario del Español Actual, que quiso sincrónico y totalmente documentado, del que él era el director y en el que tuvo buenos discípulos, especialmente en la persona de Olimpia Andrés, que ha seguido estando al frente de las siguientes ediciones, pues todos ellos van por la segunda edición. Las citas, los documentos, es decir, datos fechados y referenciados, le sirven para detectar apreciaciones gramaticales, reconocer usos que hoy denominamos pragmáticos, atesorar frases netamente coloquiales y vulgares, cuyo análisis gramatical es además problemático y novedoso en un diccionario.

No será objeto de mi semblanza su trabajo en la Real Academia Española, la encontrarán en las de otras autoridades más cercanas a él en este recorrido. Su trabajo de años en el Diccionario Histórico del que fue redactor y director, tras el paso de don Rafael Lapesa; el análisis de diccionarios antiguos, como la edición y la introducción al facsímil del primer diccionario en un tomo, el de 1780, recogidos muchos de estos en su publicación de 1985 Estudios de Lexicografía; la dirección del Diccionario del Estudiante (2005) y del Diccionario Esencial (2007), cuyas siguientes ediciones han sido llevadas a cabo por Elena Zamora, y representan una actualización de la lexicografía académica.

La persona será recordada por todos los que lo conocimos, su obra descriptiva de la lengua española, que él conoció y saboreó directamente, será útil a los estudiosos de esta lengua durante siglos. Vale, don Manuel.