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Las fiestas más salvales (VII)

Autobuses de mujeres para el cumpleaños de Ronaldo

La estrella del Madrid, hoy conocido con el apodo de «El gordo», organizó uno de los aniversarios más excesivos y delirantes

El exfutbolista brasileño Ronaldo Nazario . Foto: Efe
El exfutbolista brasileño Ronaldo Nazario . Foto: Efelarazon

Capital de España, septiembre de 2003, un nutrido grupo de periodistas del corazón monta guardia en un chalé de La Moraleja. ¿Qué puede estar ocurriendo en el interior? Un montón de cosas, ya que estamos en el cumpleaños número 27 de Ronaldo Luis Nazario de Lima, que duró tres días. El delantero galáctico estaba en la cima de su fama y no escogió la opción más discreta para festejarlo. Se calcula que por su domicilio pasaron entre 600 y 700 personas, entre ellas David Beckham, Esther Cañadas, Luis Medina, Colate Vallejo-Nájera, la Miss España Vania Millán, Paz Vega y su marido Orson Salazar. Todos ellos conocidos del mundo del famoseo, aunque esta vez no fueran los verdaderos protagonistas.

A medida que iba pasando la noche, las celebridades de siempre fueron eclipsadas por otro tipo de invitadas: jóvenes anónimas que llegaban a granel en taxis, autobuses y coches particulares. «Rubias, morenas, pelirrojas, altas, bajas, delgadas, menos delgadas, con el pelo largo, liso, ondulado... Bien de inclusividad en una fiesta para no olvidar nunca», recordaba la revista Esquire en la pieza que dedicaron al vigésimo aniversario de aquella jarana mítica. «Como las pilas de Duracell, el desfile de mujeres no cesaba nunca. Era un goteo constante», recuerdan. La mayoría de estas invitadas lucían risitas nerviosas, caminaban mirando al suelo y fingiendo hablar por el móvil para evitar preguntas incómodas de los reporteros presentes.

¿Se batió el récord festivo de mujeres por cada hombre? Por desgracia, no hay registros oficiales, pero es probable que así fuera. Para intentar transmitir cierta sensación de formalidad, se montaron dos puntos de control: uno en el exterior de la casa y otro en el interior. Los invitados recuerdan esto como un pequeño teatro, ya que imperaba la máxima manga ancha en el acceso. Cuenta un rumor fiable que algunos de los invitados masculinos más cercanos al futbolista se habían pasado los días anteriores diciendo a cualquier chica guapa que se cruzaban por Madrid que simplemente se acercaran a la parada de taxis de la plaza de Castilla y explicase a los conductores que les llevaran al chalé de Ronaldo. Alguien allí se encargaría de pagar la factura.

Helguera, fuera de juego

El hecho de que la farra se celebrase en septiembre provocó que algunas de las invitadas fueran con modelazos de verano, otras con conjuntos de otoño y alguna incluso con una minifalda tableada que evocaba el comienzo del curso escolar. La cantidad de guapas anónimas que franquearon la puerta fue la comidilla de los reporteros. El invitado más descolocado fue el futbolista Iván Helguera, compañero de Ronaldo en el Real Madrid, que decidió acudir con su esposa y se marchó poco después, vista la densidad hedonista del ambiente. «Empezaron a venir autobuses y dijimos ‘‘vámonos de aquí’’, porque es verdad que llegaron autobuses con mujeres», confesó en un reportaje. La idea era poner a los casados en una planta y a los solteros en otra, pero la noche confundió a unos cuantos. El Real Madrid se enfadó seriamente con la repercusión del sarao, ya que perjudicaba la imagen del club y de sus estrellas frente a los simpatizantes y los patrocinadores.

Posiblemente estamos ante la juerga más intensa y mediática de una estrella del equipo merengue. Acudió casi toda la plantilla, encabezados por Figo y Roberto Carlos, los dos nombres que completaban el póquer de «galácticos» junto a Beckham y el anfitrión. A pesar del desfase, hay que decir que Ronaldo siempre se comportó como un perfecto caballero. Salió a la puerta de casa a contestar preguntas de los periodistas y hasta les fue enviando bandejas de canapés para hacer más llevadero su trabajo.

El delantero brasileño nunca fue un descerebrado: se había autoimpuesto no salir nunca de marcha por discotecas de la ciudad donde jugaba, así que todas sus celebraciones se hacían en su domicilio o en la capital de Francia. Ronaldo podía jugar un sábado y luego irse a París. Pasaba el domingo allí y por la noche salía de fiesta. A las siete de la mañana, cogía el avión de vuelta y llegaba a las nueve, justo para plantarse puntual en el entrenamiento de las diez. «Esto lo hice muchas veces», confesó años más tarde.

Poco a poco, irse de fiesta con Ronaldo se convirtió en algo así como en un rito iniciático para sus compañeros, cuyo ritual alimentaba él mismo. Cuando la estrella Alexandre Pato llegó al AC Milan con solo 17 años, Ronaldo le entregó un ejemplar de la revista Playboy y le dijo «estás con mi grupo o con el grupo religioso de Kaká», aludiendo al delantero católico del equipo, brasileño también.

Además fueron míticas sus fiestas con Beckham en Madrid. Ronaldo y él pedían botellas de Moët, pero no para beberlas, sino para llenar el jacuzzi de la suite. Se podían gastar entre 30 y 50 mil euros en esta operación, algo que se fue convirtiendo en habitual. «A veces se les llenaba de otros espumosos, como sidra. Siempre estaban bien acompañados de chicas muy guapas. Salían de fiesta y luego invitaban a las chicas al hotel», aseguraba un empleado indiscreto a nuestra prensa del corazón.