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Eduardo Mendoza, el escritor invisible

El literato barcelonés recibió el pasado jueves la distinción Doctor Honoris Causa de la Universidad Internacional de Valencia (VIU).

  • Momento en el que la rectora de la VIU entrega a Mendoza la distinción. Foto: Kike Taberner
    Momento en el que la rectora de la VIU entrega a Mendoza la distinción. Foto: Kike Taberner
Valencia.

Tiempo de lectura 4 min.

12 de octubre de 2019. 02:04h

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A. G..  Valencia. 12/10/2019

El escritor debe desear «volverse invisible» en sus novelas para que sus personajes tengan vida propia y, de paso, para luchar ocntra uno de los principales enemigos de la profesión: la vanidad. Eduardo Mendoza, con este y otros brillantes mensajes, embelesó al público presente en su nombramientos como Doctor Honoris Causa por la Universidad Internacional de Valencia (VIU) el pasado jueves. La semana próxima se publicará su última novela, «El negociado del yin y el yang», la segunda parte de su trilogía «Las tres leyes del movimiento», y cuya primera obra llevaba por título «El rey recibe».

«¿Qué hay de Eduardo Mendoza en el personaje de su última novela?», le preguntaron algunos periodistas tras el acto de entrega de la distinción. «Un 16 por ciento», respondió muy serio Mendoza, aunque sin duda con el tono sarcástico y divertido que le catacteriza y que es sin duda ya su mayor seña de identidad.

Rufo Batalla, el «formal e insatisfecho» alter ego del escritor, protagoniza esta trilogía de la que pronto veremos la segunda parte. «El negociado del yin y el yang». El protagonista continuará con su pintoresca relación con el príncipe Tadeuz María Clementij Tukuulo en su nueva aventura.

Los enemigos del escritor

Aparte de la vanidad, el engreimiento, la pereza y la desidia son los otros grandes enemigos del escritor. «Aunque parezcan sinónimos, no lo son», aseguró. «La vanidad es creerse muy importante, y no ha de ser así», explicó Mendoza, quien relató que una noche, el escritor Juan Benet, uno de sus referentes literarios, le dijo: «nunca empieces un libro si el resultado no es incierto» y esto, dijo «es lo que la pereza puede contradecir».

«Hay que procurar siempre esforzarse por algo cuyo resultrado es incierto», continuó Mendoza, en un brillante e hilarante discurso que no leyó, puesto que, desde su punto de vista, «leer algo escrito conduce al desastre comunicativo». «La desidia es dar por bueno lo que sale. La jactancia es dar lecciones a los demás, un dececto que lleva la profesion y la edad, y uno está siempre al borde de decirles a los demás lo que tienen que hacer», concluyó.

Preguntado por su visión sobre la política actual en nuestro país, el escritor pidió no criticar por igual a los políticos ni meterlos a todos en el mismo saco, pues según defendió no todos son iguales, y esos prejuicios solo sirven para «hacer el juego a los inútiles y sinvergüenzas».

«No sé si es vanidad, ambición... La verdad es que no sé lo que pasa», afirmó el escritor. Dijo entender que que hay motivos para la «decepción» y «desilusión» con la clase política, pero eso «no quiere decir que todos sean iguales y que dé lo mismo quién manda» porque será «igualmente un inútil y un sinvergüenza».

«No es verdad y vamos a hacer el juego a los inútiles y sinvergüenzas si pensamos así», advirtió. Preguntado por la situación de Cataluña, dijo que la ve como hace un año porque no ha habido un cambio fundamental desde entonces, pero de momento no la contempla como tema literario para una de sus novelas, al estar los acontecimientos todavía «muy próximos».

«Los acontecimientos muy próximos, sobre todo los que todavía se están produciendo, son mal material para la literatura, que requiere un poco de distancia y frialdad con respecto a lo que se cuenta».

Sobre si cree que la situación actual podría tratarse en una novela con humor o si, por el contrario, no está para bromas, respondió que «las cosas nunca están para muchas risas porque siempre pasan cosas trágicas y a cada uno le toca aguantar su vela».

No obstante, afirmó que el humor «está ahí y es una manera de estar en el mundo», y aunque «no hay que estar riéndose todo el día a carcajadas, porque eso lo hacen los tontos», poner un poco de humor de vez en cuando «no sobra».

Eva María Giner, la rectora de la VIU, fue la encargada de entregar la distinción al escritor barcelonés, en presencia del presidente del grupo Planeta, José Crehueras.

En su discurso, Giner hizo hincapié en el significado de una ceremonia con la que la Universidad Internacional de Valencia «engrandece su claustro de Doctores Honoris Causa con una figura extraordinaria, que cultiva, con precisión, con simpatía, con calidez y con gran brillantez, uno de los grandes valores del ser humano: el del arte y la comunicación a través de la escritura».

Eva María Giner tuvo palabras de agradecimiento hacia Eduardo Mendoza a quien definió como «deslumbrante narrador de nuestro tiempo más cercano y convulso, alguien cercano a generaciones enteras, que trasciende culturas, y que ofrece buena literatura para ciudadanos necesitados de ellas».

La rectora recordó además el papel trascendental que desempeña la Universidad Internacional de Valencia desde la que «se impulsa la diferencia en la educación para un mundo nuevo que intentamos sea cada vez mayor a través de nuestro servicio, con una voluntad de empujar la educación universitaria hacia una experiencia cultural global, una vivencia multicultural real, hispanohablante, múltiple e ilimitada».

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