Cultura

“Ve y di a tu rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve”: así empezó la Guerra de la Oreja de Jenkins entre España y Gran Bretaña

En 1731, el capitán español Julio León Fandiño, al mandó de “La Isabella”, capturó al corsario Robert Jenkins en el Caribe y le cortó la oreja. Era el origen de la Guerra del Asiento

Sátira británica de 1738 en la que aparece el león inglés atacando un arado tirado por esclavos que representa el sistema colonial español. Al fondo se puede ver a Fandiño cortándole la oreja a Jenkins y a un barco británico en plena batalla con uno español.
Sátira británica de 1738 en la que aparece el león inglés atacando un arado tirado por esclavos que representa el sistema colonial español. Al fondo se puede ver a Fandiño cortándole la oreja a Jenkins y a un barco británico en plena batalla con uno español. FOTO: La Razón (Custom Credit)

Cuando se habla de la denominada Guerra del Asiento entre España y Gran Bretaña, que tuvo lugar entre 1739 a 1748, a todos nos viene a la memoria la defensa de Cartagena de Indias por Blas de Lezo y apenas seis navíos y 3.000 hombres ante la mayor flota naval vista hasta entonces, al menos 186 naves y más de 27.000 hombres, armados y cargados con miles de piezas de artillería.

Sin embargo, esta guerra, que concluyó con la firma del Tratado de Aquisgrán en 1748, fue mucho más allá de esa heroica victoria española y supuso un auténtico desafío para mantener el legado español en América, incluidos los territorios en suelo del actual Estados Unidos.

Con todo, lo más curioso de esta contienda es la propia causa que inició el conflicto y que tuvo lugar ocho años antes, en un ámbito geográfico en el que eran frecuentes los abordajes de corsarios a barcos españoles en el Caribe y el contrabando de los bienes robados.

En este contexto, España había decidido establecer patrullas para poner así coto a la actividad pirata y uno de los buques que participaba en este operativo era el patrullero “La Isabella”, capitaneado por Julio León Fandiño.

En una de sus vigilancias atrapó al bergantín “Rebecca”, comandado por Robert Jenkins, que fue acusado de contrabando y al que el propio capitán Fandiño ató al mástil y cortó la oreja de un certero tajo con su espada como pena. “Ve y di a tu rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve”, le espetó antes de dejarle marchar.

Cuando Jenkins regresó a Londres fue a Westminster y, en su comparecencia ante la cámara, apoyó su testimonio mostrando la oreja amputada conservada en un bote de salmuera o, al menos, eso cuenta la leyenda. Tanto la oposición parlamentaria como la propia opinión pública británica consideraron lo ocurrido al capitán de la “Rebecca” como una ofensa al honor nacional y claro casus belli. De ahí que en la tradición británica sea conocida como la Guerra de la Oreja de Jenkins mientras que en la española se la conoce como la Guerra del Asiento, por el Asiento de Negros que daba derecho a Gran Bretaña a comerciar con esclavos africanos, aunque también fue llamada Guerra de Italia, debido a que para España esta guerra entroncó con la de Sucesión Austríaca y fue en Italia donde se desarrollaron las principales acciones españolas.

Finalmente, y pese a que Gran Bretaña no era muy partidaria de entrar en conflicto contra España, el primer ministro británico Walpole cedió a las presiones parlamentarias y de la calle, aprobando el inicio de la guerra. Al mismo tiempo, el embajador británico en Madrid solicitó la anulación del «derecho de visita». Lejos de arredrarse, España suprimió el «derecho de asiento» y el «navío de permiso» y retuvo todos los barcos británicos en puertos españoles, tanto en la metrópoli como en las colonias americanas. La respuesta británica fue retirar a su embajador el 14 de agosto y declarar formalmente la guerra a España el 19 de octubre de 1739. Habían pasado ocho años desde que Fandiño cortó la oreja a Jenkins, pero al final estalló la guerra, que no alteró las posesiones españolas en América, pero eso ya es otra historia.