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La escalera española al cielo de Notre Dame

Un equipo de arquitectos españoles presenta un proyecto para reconstruir la catedral dañada por el fuego elevando su altura y abriendo un lucernario cenital

  • Un equipo de arquitectos españoles presenta un proyecto para reconstruir la catedral
    Un equipo de arquitectos españoles presenta un proyecto para reconstruir la catedral

Tiempo de lectura 8 min.

19 de agosto de 2019. 17:59h

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Gema Pajares 19/8/2019

Han pasado poco más de cuatro meses desde que la imagen de Notre Dame en llamas diera la vuelta al mundo. Fue el 15 de abril. Desde ese momento las noticias se sucedieron agolpándose. El presidente francés se apresuró a dar un plazo de cinco años para que el emblemático edificio volviera a lucir tal cual era. Sin embargo, los problemas no han dejado de sucederse. A las complicadas obras de consolidación ante el riesgo de derrumbe, aún hoy señaladas por las autoridades galas: desde que las obras están paradas han sido varias las piedras que se han desprendido, con el consabido riesgo, se ha sumado el problema del plomo que contenía la zona que ardió y que podría haber contaminado una parte del perímetro cercano al edificio, con el consiguiente riesgo de saturnismo. Las obras están en punto muerto desde el pasado 25 de julio. Según la Asociación Robin des Bois (Robin de los Bosques), el incendio fundió 300 toneladas de plomo procedentes de la techumbre y de la aguja al derrumbarse. La alarma cundió y ese temor precisamente a que la contaminación se haya extendido por los alrededores es lo que ha hecho que las obras sufriesen un parón. El diario «Le Parisien» llegó a calificar la situación como de «crisis sanitaria inédita», aunque las pruebas definitivas de que los niveles del metal hayan podido dañar la salud aún están por llegar. La semana pasada se propuso incluso aislar mediante una campana la catedral con el objeto de tratar de paliar las posibles consecuencias de la contaminación. Las elevadas temperaturas que se han registrado en París no han ayudado tampoco a paliar la situación y se asegura desde el Ministerio de Cultura de Francia que han motivado los últimos desprendimientos de piedras de la nave del edificio. Si se cumplen los requisitos de seguridad hoy las obras volverán a reanudarse. Los obreros de dos empresas contratadas para esta tarea han delimitado un perímetro de 12.000 metros cuadrados que van a ser tratados y que incluyen tanto las calles que rodean Notre Dame como la plaza frente al monumento.

El edificio luce, cuatro meses después, como un nuevo reclamo frente al que las legiones de turistas se inmortalizan. Pero, ¿qué va a suceder con las restauración de esta joya arquitectónica? Las propuestas para devolver parte del esplendor perdido al edificio se han sucedido, desde las que abogan por reconstruirlo exactamente igual que estaba hasta aquellas que, tirando de imaginación, han ideado inverosímiles restauraciones que incluyen hasta la posibilidad de una piscina en su interior. Los estudios de arquitectos españoles no se han mantenido ajenos a este reclamo, aunque devolver el esplendor a un símbolo como éste sean palabras mayores. Una de las propuestas lleva la firma de un equipo de investigadores de la Universidad Politécnica de Madrid a cuyo frente se sitúa Josep Maria Adell Argiles, catedrático del Departamento de Construcción y Tecnología Arquitectónicas e investigador responsable del Grupo de Técnicas Innovadoras Sostenibles de Edificación. Plantea la reconstrucción de la aguja de Violet Le Duc elevándola sobre el templo, siguiendo su propia geometría y creando un lucernario que pueda visitarse en el crucero del monumento. Adell insiste al comenzar a hablar que se trata de un proyecto común «realizado por un grupo de investigadores de probada solvencia». El catedrático se remonta a aquel fatídico 15 de abril: «Ver quemarse la aguja fue un auténtico shock, como si al derrumbarse se nos clavara en el corazón a todos. El pasado se deshacía en un instante delante de nuestros ojos. Nuestra rica cultura de dos siglos se hacía cenizas», recuerda. De ahí la puesta en marcha de un proyecto para reconstruir Notre Dame como estaba, pero «teniendo en cuenta la enorme cavidad, el agujero inmenso que se ha abierto y que deja entrar un caudal de luz y que se podía utilizar. La pregunta, entonces, fue ¿por qué no rehacer el edificio dejando esa huella, el hueco abierto?». Se trataba así de sacra partido a ese lucernario y el espacio adyacente con materiales equivalentes.

La escalera española al cielo de Notre Dame

Levantar la aguja

Josep Maria Adell señala que la aguja que ya no existe tenía su belleza pero que «no se acaba de ver, pues es baja con respecto a la proporción de las grandes torres frontales del edificio. Comenzamos entonces a pensar, le dimos vueltas y nació la idea de elevarla para que se pudiera ver más». La aguja, según el profesor, quedaba oculta al mirar el edificio desde la fachada principal, casi opacada por las dos torres que la flanquean, de 70 metros cada una de ellas. La idea es elevar 25 metros la aguja con respecto al que era su apoyo original. Y sobre la bóveda que se derrumbó por el incendio construir un lucernario: «A la gente que accede a un monumento lo que le gusta es poder ver y tocar, hacerse una fotografía para decir que ha estado. Aprovechando este hecho, el hueco abierto, y con la intención de mejorar la luminosidad del templo (como logró el fuego al derrumbar la bóveda del crucero), parece lógico reconstruir la cubierta exactamente igual a como era, pero abriendo un lucernario sobre el crucero, dejando al aire sus arcos diagonales a modo de referente histórico del incendio. ¿Cómo se podría subir hasta lo más alto? «La solución sería similar a la doble rampa de hélice que poseen los Museos Vaticanos, ése es el ejemplo que hemos seguido. Los visitantes podrían ascender y descender sin molestarse. Elevarlo 25 metros no es ni más ni menos que lo que pide la propia estructura, es su altura natural. De esta manera se podrían contemplar las figuras de los apóstoles, por ejemplo, que no sufrieron daños porque habían sido evacuadas días antes para su limpieza». Adell se remonta para elevar la catedral hacia el firmamento a un hecho concreto: «La razón mística de la escalera de Jacob, que soñó una vez que le conduciría de la tierra hacia el cielo. Todo ascenso supone un esfuerzo y ese mismo esfuerzo se ve al fin recompensado con la llegada al cielo. Ascender es trascender», remata. Una vez en lo más alto, las vistas sobre la capital del Sena serían únicas. «Cuenta el Génesis que Jacob, uno de los patriarcas de la Biblia, se detuvo para pasar la noche cuando iba de Berseb a a Jarán junto a la Ciudad de la Luz y vio que allí había una escalinata apoyada en la tierra y cuyo extremo superior llegaba hasta el cielo, por la que subían y bajaban los ángeles», se lee en el Génesis.

En el siglo XXI

El equipo ha partido de la idea de respeto por la obra, pero de un trabajo del siglo XXI: «No nos extrañemos ni tengamos miedo de que un bien se pueda restaurar teniendo en cuenta los nuevos materiales de que disponemos. No podemos ir para atrás. Nosotros hemos tratado de rehacer lo antiguo, lo que ya estaba, darle un uso moderno y, por encima de todo, revitalizarlo». Los materiales de los que habla Adell están capitaneados por la fibra de vidrio y/o carbono con tratamiento ignífugo y que no supone ninguna alteración medioambiental.

Una pregunta lleva a otra: ¿es un proyecto factible? «Por economía, desde luego. No se trata de un problema de dinero, sino que el gran inconveniente es de naturaleza histórico-artística. Creo que sí se podría hacer, pero dependería de la sociedad francesa y de la acogida que tuviera». No quiere hablar de presupuesto, aunque sí de tiempo de construcción: «No más de dos años, ya que la mitad de las piezas se prefabricarían. El problema, repito, no es la construcción, sino que aceptaran la construcción. De esta manera, el edificio saltaría a la modernidad y no perdería en ningún caso su función religiosa. El culto y el acceso de turistas no se interferirían para nada». Y añade que saldría ganando tanto visualmente como en cuanto a luminosidad, «aunque, no nos engañemos, porque el proyecto acabará por hacerlo un francés», sentencia. El suyo, por de pronto, ya está inscrito en el Registro de la Propiedad Intelectual de la Comunidad de Madrid desde el pasado 20 de junio y lo ha hecho llegar, a través de la embajada de España en París, al arquitecto Phillippe Villenueve, arquitecto jefe de los Monumentos Históricos de Francia.

En octubre se celebrará un encuentro internacional en París en el que se abordará precisamente el tema de la restauración de Notre Dame: «Ahí nos encontraremos con Villeneuve y le explicaremos con detalle nuestro proyecto, de que es necesario respetar pero también ser acorde a los tiempos que vivimos».

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