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A Heidi ya no le quedan más padres

El director de cine y guionista de animé japonés Isao Takahata, cofundador del estudio Ghibli, ha fallecido a los 82 años a causa de un cáncer de pulmón

  • Isao Takahata durante la presentación de la película "El cuento de la princesa Kaguya"
    Isao Takahata durante la presentación de la película "El cuento de la princesa Kaguya"

Tiempo de lectura 2 min.

07 de abril de 2018. 03:34h

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Julián Herrero 6/4/2018

Puede que el nombre de Isao Takahata (Ise, 1935) no le despierte nada especial de primeras. Ni siquiera si se dice que era uno de los hombres que estaban al lado –que no detrás– de Hayao Miyazaki en Studio Ghibli. «Algún japonés», poco más se podría sacar de una muestra a pie de calle si se pregunta sobre uno de los líderes de la animación mundial. Así que como lo que funciona aquí es tocar la fibra, hay que llevarse al bueno de Takahata al terreno de aquellos que crecieron delante de la televisión en los 70, 80 y 90 –que no son pocos– y transformar su apellido en «el padre de Heidi y Marco». Entonces, el efecto es inmediato y los ojos se ponen redondos como los de sus personajes para ver qué ha sido de este hombre que ha ido sobreponiéndose generación a generación: los niños que vieron las aventuras de aquella huérfana –el primer anime en llegar a España en 1975– que vivía con su temible abuelo en el monte –en los Alpes suizos concretamente– se convirtieron en los padres que pusieron a sus hijos los 52 capítulos de esa misma preadolescente. Pues bien, las últimas noticias de Takahata no son las mejores y, como informó su estudio, se confirmó el fallecimiento del que también fuera director de las películas «La tumba de las luciérnagas» (2003) y «El cuento de la princesa Kaguya» (2013)
–presente en las nominaciones de los Oscar a Mejor Largometraje de Animación–. Vamos, uno de los más grandes si de anime japonés se habla. La figura se despedía derrotado por un cáncer de pulmón y dejando a «la niña de los Alpes», como se subtitulaba la serie, sin el último padre que le quedaba; a la vez que se incrementaba el trauma paterno de Marco, ese pobre chaval que apenas levantando dos palmos del suelo se recorrió medio mundo –de los Apeninos a los Andes– en busca de una madre agónica y perdida en Argentina. Tuvo suerte Isao Takahata que esta última serie no cayese en un siglo XXI, donde todo lo que salga por la pequeña pantalla debe desprender un halo de perfección suprema, sin la más mínima ofensa. Algo que sí encontraron, o quisieron ver, en Turquía en la inocente Heidi, cuyas enagüas eran demasiado provocativas para el público y sufrieron la censura. Pese a todo, las historias del nipón eran cuentos y leyendas en los que la superación primaba sobre el resto de los elementos. Aunque para evolución –y sirva como curiosidad–, el columpio de la muchacha, ese que aparecía en la intro (el mismo de la imagen): objeto de estudio entre científicos, que llegaron a calcular que la inclinación y los 9 segundos de vuelo correspondían a un gigantesco balancín de 20,25 metros. Suerte que no tenía vértigo su protagonista.

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