Cultura

Álvaro de Luna: “Me formé en Londres porque en España era muy complicado”

Lanza “Levantaremos al sol”, su ópera prima, un álbum con 10 canciones “que hablan de mí en primera persona”, explica el artista

Álvaro de Luna
Álvaro de Luna FOTO: warner

Sevilla le vio crecer, en Londres encontró la fórmula y ahora España es testigo de su talento. Álvaro de Luna es ese ingenio joven, directo y natural que se necesitaba en nuestra música. Su voz rasgada resuena desde que en 2017, con su banda Sinsinati, alcanzaron el éxito con “Indios y vaqueros”. Pero el trabajo viene de mucho antes, pues si algo inspira Álvaro de Luna es que se trata de un artista luchador, que a sus 28 años disfruta priorizando su cabeza. Ahora, tras una larga espera por la pandemia y la convicción de querer hacer las cosas bien, lanza su ópera prima: “Levantaremos al sol”. Está feliz, “nervioso pero muy contento”, confiesa. Más que vértigo, lo que siente al ver su álbum ya en la calle “es alivio, como cuando vas a un examen y te lo quitas de encima sabiendo que has estudiado”.

¿Cuál ha sido el objetivo final de este proyecto?

Sentirme libre con lo que hago y que la gente siga teniendo ganas de escuchar música Con eso me doy por pagado. Todo lo que venga de extra bien recibido será.

¿Es fácil sentirse libre en su carrera?

Depende de ti como artista. Siempre he tenido muy claro lo que quería hacer, y en mi caso me he sentido muy libre. Por eso no he querido encasillarme en ningún sonido. El disco es bastante variopinto, por si el día de mañana me apetece hacer un disco puramente de rock pueda hacerlo sin que se vea raro.

¿En qué estilo se siente más cómodo?

Según lo que me va pidiendo cada canción. Yo compongo los temas, los maqueto en casa y cuando ya estoy en el estudio con mi productor vemos qué nos piden. Porque “Nos perderemos en Marte” era una canción súper cañera y después de un tiempo escuchándola la replanteé entera. Me pedía que fuera mucho más sentida.

¿De qué nos habla en el disco?

Son 10 canciones que hablan de mí en primera persona. Hablo sobre el amor, sobre una relación que he tenido, cómo empieza hasta su momento final. Con estas canciones se empatiza, porque son cosas que nos pasan a todos.

¿Se siente vulnerable al contar sus historias?

Al principio me pasaba. Intentaba, cuando estaba en Sinsinati, hablar de cosas sin hacerlo en primera persona. Pero ahora me libera. Me gusta abrirme con la gente, porque al final soy humano, soy uno más. Paso por las mismas situaciones que cualquiera.

Al ser su público en la mayoría joven, ¿se siente portavoz de su generación?

No lo tengo en cuenta a la hora de componer. En otras entrevistas he hablado de determinados géneros que hablan de temas de una manera que a mí no me parece ni correcta ni sensata, sabiendo que tienes un público muy grande y muy joven que te escucha. Pero yo ahí no entro. En mis canciones no hablo de nada que yo piense que vaya a afectar de manera negativa a la gente. Pero si tienes a gente muy joven escuchándote sí debes tener cuidado.

¿A qué tema le gustaría cantarle si eso influyera de manera positiva?

A la salud mental. En el segundo disco, que ya lo tengo escrito y ahora empiezo a trabajar en él, hay bastantes temas que hablan de eso, porque es un tema que ahora se está empezando a normalizar, pero antes era un poco tabú. El hecho de ir al psicólogo era algo socialmente negativo. Pero no tienes que ir al gimnasio a entrenar solamente porque estás con sobrepeso o te encuentras mal contigo mismo, sino simplemente por mantenerte en forma. Hablo de ello porque hay mucha gente que sufre, que lo pasa mal, y es porque este tema no está a la orden del día.

Se suele indicar como punto de inflexión de su carrera 2017, con el “boom” de “Indios y vaqueros” con Sinsinati, pero el trabajo debe venir de antes.

Sí, llevo cantando muchísimos años. En ese momento se me puso en el mapa, se me puso cara, se me ubicó. Pero antes yo me fui a Londres a formarme porque en España veía que era muy complicado hacerse un hueco. Y estar allí me abrió mucho la cabeza, porque me sentí más seguro y descubrí lo que quería hacer con mi música y cómo quería enfocarla. Llevo 11 años pelando patatas, como dice mi madre, con la guitarra de palo y empezando en lugares pequeños con poca gente.

Álvaro de Luna
Álvaro de Luna FOTO: Warner

¿Cuál cree que es el punto de inflexión de su carrera?

Londres. Porque nadie me conocía. Yo lo pasaba francamente mal cantando, me ponía muy nervioso. Y ahí me solté mucho, me lo empecé a tomar más en serio. Luego estuve trabajando en Sevilla, pero lo dejé todo y me vine a Madrid con mi guitarra, a jugármela.

¿Qué ofrece el extranjero que no lo haga España?

Aquí es mucho más complicado. Cuando empecé, en Sevilla no había tanta cultura de música en directo, y en Londres era algo habitual, muy normal. Me apetecía hacer algo fuera. No me atrevía a experimentar y estando allí sí me atreví a jugar, a hacer lo que me pedía el cuerpo en cada momento. Ahora veo cada vez más música en directo en Sevilla cuando voy, pero eso hace 10 años era muy complicado.

Pero en Madrid, al ser capital, siempre ha habido más oferta cultural.

Sí, de hecho fue una de las primeras opciones. Pero quería probar desde cero, empezar en un sitio y ver qué pasaba cuando encima no se me entendía. Fue ese el reto.

Defíname su momento artístico y vital actualmente.

Me encuentro súper feliz. Este año ha sido complicado, porque yo llevo con el proyecto en solitario muy poco tiempo y ha pasado todo tan rápido que cuesta digerirlo. Ahora estoy muy pleno, porque estoy aprendiendo a disfrutar de cada momento, que era algo que no hacía antes. Ahora me paro a disfrutarlo todo, me detengo. Hay que seguir luchando, y tener las referencias de dónde vienes y todo lo que ha costado es algo que te hace mantener los pies en la tierra.

¿Echa de menos el trabajo en grupo de Sinsinati?

Ahora mismo la verdad es que no. Tengo un equipo ahora también bastante grande, y Sinsinati es mi familia. Echo mucho en falta los buenos momentos, los ratos en la furgoneta, cómo empezó todo... Pero estoy tan contento con cómo estoy haciendo las cosas que tampoco lo echo tanto de menos.