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Un espectáculo multimedia

Crítica de ópera / «Quartett»

Obra de Lucca Francesconi. Intérpretes: Robin Adams y Allison Cook. Director musical: Peter Rundel. Director de escena: Àlex Ollé. Gran Teatro del Liceo. Barcelona 22-II-2017.

Tiempo de lectura 2 min.

27 de febrero de 2017. 00:43h

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27/2/2017

El compositor Luca Francesconi ha creado una ópera potente que llega al público. Desde el estreno de «Quartett» en 2011 en la Scala de Milán, la ópera se ha seguido programando por el mundo, no sólo en esta extraordinaria producción de Àlex Ollé (La Fura dels Baus). En «Quartett», el compositor es también el autor del libreto, que ha querido que fuese en inglés para crear una distancia usando una lengua neutra y fría, ya que el argumento es violento y los diálogos de alto voltaje al surgir de la obra teatral de Heiner Muller, basada en la «Las amistades peligrosas», de Choderlos de Laclos. Una trama llena de dolor y sangre que está presentada con una música de Francesconi que conscientemente trata de ser sorprendente, agresiva e incluso perturbadora pero que llega al espectador. A pesar de la modernidad de la instrumentación con música en directo que es manipulada ofreciendo ecos, amplificaciones, distorsiones, junto a música pregrabada del estreno absoluto con la Orquesta y Coro de la Scala de Milán o creada electrónicamente, el resultado es realmente diferente pero funciona llegando con bastante fuerza, en ocasiones a través de los altavoces instalados por toda la sala. La parte vocal ya es otra cosa y quizá está un escalón por debajo de la música a pesar de que gracias a los diálogos y a la fuerza de la trama la ópera se consume con interés. Los dos impresionantes personajes protagonistas, la Marquesa de Merteuil y el Vizconde de Valmont, son bastante complejos, ya que se desdoblan a su vez en su contrario y en otros protagonistas en un excelente juego teatral. Los dos cantantes eran los mismos que en el estreno milanés, destacando muy especialmente la elegante y sensual Marquesa de la mezzosoprano Allison Cook, perfecta a nivel actoral y canoro con un destacado registro grave y bella y amplia emisión vocal, así como el destacado del impulsivo barítono Robin Adams, quien hubo de cantar en falsete durante los pasajes en que hacía de Marquesa. Una obra importante por ella misma, de compleja clasificación, que alcanzó un mayor impacto por la espectacular producción de Àlex Ollé basada principalmente en un increíble cubículo suspendido en medio del escenario, representando el aislamiento emocional de los personajes, y unas proyecciones gigantes que ocupaban casi todo el escenario que le dan una dimensión espectacular al aspecto visual e interior de la trama. Una importante éxito de una ópera contemporánea ante un público poco habitual y que no llenaba el Liceo.

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