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Nativel Preciado: "Los genios son siempre atractivos, es inevitable"

La escritora relata en su nueva novela, «El Nobel y la corista», la historia de cuatro mujeres reivindicativas que buscan su camino.

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Madrid.

Tiempo de lectura 5 min.

25 de mayo de 2019. 23:50h

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Marta Robles Madrid. 25/5/2019

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En los años 90, Nativel Preciado leyó una biografía sobre Mileva Maric, la primera mujer de Albert Einstein, y se quedó muy impactada. Era una mujer extraordinaria. Una brillante matemática que, sin embargo, lo dejó todo por el Nobel. A cambio obtuvo una vida tortuosa, repleta de infidelidades y desconsideración. «Einstein solo se amaba a sí mismo y a la ciencia», dice Nativel. A partir de esa reflexión y fascinada también, como las mujeres de sus novelas, por un genio de trastienda tan inesperada, la escritora decide recorrer su historia y el colorido de una época en «El Nobel y la corista» (Espasa), una sorprendente novela que relata la vida de cuatro mujeres reivindicativas que buscan su camino.

–Está claro que Einstein existió, pero ¿existió la corista?

–Mis invenciones siempre son muy reales. La visita de Einstein a España, a donde acudió invitado a dar conferencias por un precio desorbitado en la época, estaba muy reseñada, estudiada y documentada. Se sabe casi todo de esa visita. Además, él tomaba notas de todo e incluso describía a los personajes. De Alfonso XIII decía que era simpático, de Ramón y Cajal que era un viejecito encantador... Y hay una entrada en su diario en la que menciona «esta tarde tomo el té con una aristocrática señorita». Nadie sabe quién es ni nada de ella, salvo que iba a la casa de los marqueses de Villavieja, amigos de Alfonso XIII.

–Precisamente una fiesta en casa de esos marqueses es donde usted sitúa a los protagonistas de la trama...

–Sí, ahí aparecen todos. Esa parte está muy documentada y es donde hago que se encuentre mi personaje, Margot Denís, que es una corista de la época, una bailarina de revista o de varietés, con el Nobel.

–Esa época, los años 20, está muy documentada en la novela, ¿cuál es su encanto?¿El espejismo de la libertad?

–A mí me fascinan los años 20 donde, por lo menos, una vanguardia de las mujeres era muy libre o tenía mucha intención de liberarse. Fue el tiempo de los cortes de pelo a lo garçon, de las faldas por encima de la rodilla, cuando fumaban con boquillas de nácar, bailaban charlestón, iban solas por la calle y conducían coches de carreras. Fue una auténtica revolución, la fugaz liberación de la Belle Époque.

–¿Su corista se mira en el espejo de otra real de aquel tiempo?

–De alguna manera, sí. Margot Denís es una muy avanzada para su tiempo que cayó en la revista por los azares del destino y que está inspirada en Julia Fons, una vedette real de la época, que fue amante de Alfonso XII. Solo que mi personaje es rubio, de origen francés, pertenece a la burguesía media –su padre es un ingeniero que vino a trabajar a las minas españolas y murió– y es un personaje a través del que trato de contar cómo era la vida de las mujeres más avanzadas que trataban de liberarse.

–Mujeres liberadas y abandonadas. Margot sufre el primer abandono masculino de la saga, ¿no?

–Así es. La primera frase de la novela dice: «Me llamo Margot Denís. Todas las mujeres de mi familia llevamos el apellido Denís porque los hombres han desertado de nuestras vidas». Quería contar así la historia de las Denís, porque su saga representa a tantas otras de mujeres que han tenido que criar solas a sus hijos, vivir solas y enfrentarse a un mundo muy complejo, solas. Muchas mujeres de la época se quedaban o abandonadas o realmente los hombres desertaban de sus vidas. Ellos se ocupaban de sus asuntos pero no de su mujer ni de sus hijos.

–Además de retratar a esas mujeres y de detallar esa época tan colorista ha desenmascarado a un Nobel gracias a un ingenioso enigma inventado...

–La novela comienza con el hallazgo de Jimena cuando va a desalojar la casa de Margot Denís, la corista, que es su abuela, y se encuentra con la sorpresa increíble de unos cuadernos biográficos, de unas postales, que parecen estar firmadas por Alfonso XIII y Einstein. A partir de ese momento Jimena descubre que su abuela tuvo una vida de la que ella no tenía ni idea y le pide a su hija, Vera, que es otra mujer muy contemporánea y actual, que le ayude a averiguar cómo fue aquella mujer tan sorprendente. En esa investigación hay muchas intrigas y sorpresas y está muy documentada respecto a los descendientes de Einstein que quedan, que son cinco bisnietos. Uno de ellos, Paul Einstein, es a quien intentarán acceder para tratar de obtener su ADN.

–Pese a descubrir la cara oculta del Nobel, a ambas no les disgustaría ser descendientes suyas pero sí de Alfonso XIII. ¿Por qué?

–Pues porque Alfonso XIII no queda muy bien parado. Ahí no he tenido que hacer mucha labor de investigación porque hay multitud de biografías, libros, documentos, testimonios... Cualquiera que entre en internet puede ver las películas pornográficas que hizo Alfonso XIII... Se sabe que era bastante frívolo, además de mujeriego. Lo único que le interesaba eran los coches, las mujeres y la caza. Lo demás lo tenía bastante abandonado y eso marca también una época importante en España, porque inmediatamente después de la llegada de Einstein es cuando llega la dictadura de Primo de Rivera apoyada por Alfonso XIII. Y ahí acaban todas las veleidades y las libertades, aparece la censura y la vida cambia notablemente.

–Las miserias del Alfonso XIII le roban su posible encanto, pero, ¿a los genios se les perdonan las suyas?

–Los genios son siempre atractivos, es inevitable. Más allá de la teoría de la relatividad y de otros muchos y complicados hallazgos científicos, a mí lo que más me interesaba del personaje era su visión del mundo, la idea sobre la paz, la ecología, la religión cósmica. Siempre me pareció fascinante y siempre tuve una inmensa curiosidad por saber por qué esos genios de talento descomunal luego se comportan de manera tan mezquina y burda con su entorno, y por qué, pese a todo, poseen un magnetismo irresistible con las mujeres. Hace años la madre de Paloma Picasso, François Gilot, tras escribir un libro sobre su vida con el pintor contó que cuando la perseguía –ella tenía 20 años y Picasso 60- le advirtieron que era un hombre que no le convenía y que debía apartarse de él. «Sabía que no le daba buena vida a las mujeres pero, pese a todo, no quise perdérmelo», dijo.

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