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Nell Leyshon: "Las mujeres estamos conformadas por más que la devoción hacia nuestros hijos"

La autora de "El color de la leche" presenta su más reciente novela, "El bosque", en la que explora las distintas caras de la maternidad

  • Nell Leyshon visitó Madrid para presentar su más reciente novela
    Nell Leyshon visitó Madrid para presentar su más reciente novela /

    Cristina Bejarano

Tiempo de lectura 4 min.

22 de mayo de 2019. 14:51h

Comentada
D. Mendoza 22/5/2019

Nell Leyshon se convirtió en un fenómeno de ventas en España con “El color de la leche”. En esa desgarradora novela –y el adjetivo, por más cursi que suene, es exacto-, que el gremio de libreros de Madrid consideró el mejor libro del año, la autora británica narra un año en la vida de Mary, una niña analfabeta en la Inglaterra rural de 1830. Con su más reciente obra, “El bosque”, Leyshon regresa a un entorno natural y elige nuevamente a un niño como protagonista. Pawel, como Mary, adora los libros aunque no sabe leer. Frente a la destrucción de la Segunda Guerra Mundial, el niño y su madre, Zofia, se esconden en un establo en medio de un bosque que es a la vez un refugio literal y metafórico. La autora explica que le interesaba explorar la relación entre una madre y su niño justamente porque deseaba plasmar sus propias experiencias con sus hijos; el resto de la historia bebe también de su vida, en específico, de sus recuerdos de infancia: Pawel es un reflejo, siempre distorsionado por la literatura, de Jan, un amigo de los padres de Leyshon que emigró a Reino Unido desde Polonia después de la guerra y que le regaló a ella un libro ilustrado cuando era pequeña.

El éxito de Leyshon ha sido tal entre el público español que “El bosque” se publicó antes aquí y en Alemania que en su Reino Unido natal. Allí la escritora tiene proyectos de sobra, en especial como dramaturga. Leyshon, de hecho, se dedicó primero al cine, luego al teatro y, más tarde, se estrenó como novelista. Tiene su punto que “El bosque” se publique antes en español que en inglés, pues la autora vivió en Salamanca y en Madrid y aquí tuvo la “epifanía” que la hizo regresar a su país para estudiar literatura y, así, poder dedicarse a escribir.

En la novela, la protagonista, una mujer joven y talentosa que sueña con dedicarse a la música, se enfrenta a sentimientos encontrados respecto a su hijo. Le adora, claro, pero también se sospecha en ella el resentimiento e incluso la decepción. “Quise explorar las dificultades de la maternidad. Cuando eres madre se te considera más responsable del niño que al padre y hay ciertos códigos de conducta que se espera que cumplas. Eso resulta muy complicado, porque se espera que lo dejes todo de lado cuando tienes un niño, como le ocurre a Zofia”, explica la autora y añade que “por otro lado, también me interesaba la riqueza que supone ser madre y la extraordinaria relación entre una madre y su hijo”.

En su opinión, la tendencia a idealizar la maternidad tiene sus raíces en la religión y en la figura de la madonna: “Piensa en la “Pietà” y en la devoción que representa. Y eso está muy bien, pero, ¿y qué pasa con ella? Las mujeres estamos conformadas por mucho más que la devoción que sentimos hacia nuestros hijos”. En el libro Leyshon explora esos otros aspectos, así como el modo en que los “valores” normalmente asociados con la mujer –el cuidado y cariño intrínsecos a la crianza– están también asociados a la naturaleza y pueden existir de la misma manera en los hombres.

Se explora así la eterna lucha entre instinto y civilización. “La guerra despoja a la ciudad de su sofisticación y regresas, de ese modo, al instinto”, asegura la autora. En el libro, el bosque es al mismo tiempo un refugio, una cárcel, un paliativo y una tortura. Según avanzan las estaciones y los personajes entran en contacto con la tierra y los ciclos de la naturaleza, sus demonios internos se aplacan. “Regresar a su lado más instintivo, mientras está en el bosque, es lo que le permite a Zofia curarse y seguir adelante, entre otras cosas, porque tiene que cuidar de otra persona. Así que me interesa mucho explorar dónde se encuentra ese instinto en un ser humano y cómo se mantiene latente dentro de nosotros”, afirma Leyshon.

“El bosque es, por supuesto, una metáfora del subconsciente”, afirma la autora. Y el de Pawel es más bien oscuro: en el bosque, entre los árboles, lo acecha un monstruo de enormes dientes amarillos, y en la ciudad imagina constantemente dramáticos desenlaces para los momentos más cotidianos. Por eso su abuela insiste en que parece un personaje de una novela rusa. Como en “El color de la leche”, en esta novela Leyshon hace alarde de su capacidad para retratar la psique infantil.

Aunque la novela arranca en plena guerra, la autora sigue a sus personajes hasta el siglo XXI y en ese trayecto explora los avances sociales y tecnológicos que en muchos casos desconciertan a Zofia. “Tendemos a pensar estamos avanzando hacia un momento en el que todos vamos a ser más amables, más conscientes y sofisticados, pero no es el caso. Si te fijas en los talibanes, ellos viven según las costumbres del siglo XIV en cuanto a los desarrollos sociales. Y debemos tener mucho cuidado porque en cualquier momento podemos comenzar a desandar el camino”, asegura la autora. Lo explica con un ejemplo: “Piensa en Donald Trump y las prohibiciones de aborto que se acaban de aprobar la semana pasada. Tenemos que tener mucho cuidado y proteger los derechos humanos y nuestra compasión. Es muy fácil retroceder”.

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