Cultura

Carlos Hipólito recoge el legado artístico y vital de Gerardo Vera

Cuando escribió sus memorias, el director dictó sentencia: «No hay otro». Solo el actor madrileño podía encarnarle y este, obediente, levanta ahora el monólogo, «Oceanía», en Matadero

Por primera vez en su carrera, Carlos Hipólito acepta un monólogo y se enfrenta a un escenario en solitario
Por primera vez en su carrera, Carlos Hipólito acepta un monólogo y se enfrenta a un escenario en solitario FOTO: Jose Alberto Puertas

Cuenta Carlos Hipólito que por su cabeza, en este momento, rondan dos preocupaciones. La primera es sorprendente si miramos hacia atrás en su CV, indiscutiblemente extenso: nunca había aceptado un monólogo; por lo que el actor reconoce que tiene «sensaciones nuevas». «Estoy descubriendo un mundo en el que me siento muy raro», asegura. Defiende que escuchar su propia voz en su cabeza durante hora y media es demasiado. «Llega un momento en el que dices: “Cállate”».

Porque lo que le gusta a Hipólito es replicar y mirar al compañero sobre las tablas y «por eso no había aceptado hasta ahora un monólogo». Pero esta vez no pudo negarse. Gerardo Vera quiso que fuera así. Y así será. Es esta, precisamente, la segunda cuestión que quita parte del sueño del intérprete: dar vida Vera. El director insistió y no supo decir que no. «Estaba empeñado en que fuera yo. Me llamaba por teléfono, me leía partes del texto y, al final, terminó por enviármelo al completo». «No hay otro», justificaba el interesado sobre su decisión.

Gerardo Vera, fallecido en septiembre de 2020, estaba escribiendo sus memorias y tenía bien claro el hombre que le iba a representar: Carlos Hipólito. «No paraba de repetirme que quería que fuera Carlos. Al principio no entendía el porqué de la obsesión con él. Pero ahora que le he visto trabajar lo entiendo todo. Es un catalizador de la verdad», explica José Luis Arellano, encargado de la dirección de Oceanía (en Naves del Español, Matadero, desde hoy). Un nombre que, como explica el actor, «nos lleva al Vera más joven». A cuando apenas era un niño y «coleccionaba cromos de países exóticos que le compraba su padre. Soñaba con viajar hasta Oceanía por estar al otro extremo del planeta». El otro motivo del título de la pieza prefiere guardarlo «para no hacer “spoilers”».

Sin destripar la trama, el montaje que llega a la Sala Max Aub cuenta la infancia de Vera en los años 50 hasta sus primeros pasos en el cine y en el teatro, incluyendo su primer amor y la difícil relación con su padre. «Es la mirada otoñal de un hombre excepcional que un buen día sintió la necesidad de poner negro sobre blanco la historia de su vida. Cientos de páginas en las que plasmó sin pudor una realidad tamizada por el velo del recuerdo: su infancia privilegiada, la dolorosa ruina de su familia, el nacimiento de su eterno amor por el cine, el descubrimiento del amor, el desgarro del desamor, el compromiso político, el odio al padre, la reconciliación a través de la compasión. Y el germen del teatro, su verdadera pasión que le acompañó hasta sus últimos días», resume José Luis Collado, coautor del texto y mano derecha de Vera.

«Es su lado más desconocido. Muchas cosas que no ha contado nunca –continúa el intérprete–. Compartió sus vivencias, su despertar sexual y lo complicado que fue manejarse como homosexual en la época y en una familia falangista». Y, en el centro aparece él, su padre, figura vertebradora del espectáculo en una relación con su hijo que va de la admiración del niño pequeño, al odio incontrolado de la adolescencia y al acercamiento final.

Oceanía aborda los primeros treinta años del director (contados por el adulto), pero, sin embargo, no es solo la historia de Vera, «sino la de España. Tiene, sin duda, tintes autobiográficos, aunque podría ser un personaje anónimo. Un relato muy de este país: posguerra, miedo a la represión, los bandos, la efervescencia de una nueva vida con la democracia...», comenta Hipólito. «Historias vivas de un país que, como a tantos artistas de su generación, le dolía y al que amaba a partes casi iguales», amplía Arellano antes de sincerarse con su «maestro, amigo y hermano»: «Tomo tu testigo y reúno a muchos de tus seres queridos para contarte, para sentirte y para recuperar la memoria viva de una historia que es la tuya, pero que ya también es la nuestra», cierra.

  • Dónde: Naves del Español (Matadero), Madrid. Cuándo: hasta el 24 de abril. Cuánto: 20 euros.

CÓMO DESTILAR UNA VIDA QUE SE FUE MUY RÁPIDO

El texto que se levanta ahora en Madrid es la representación de la «valentía de un artista enfrentado a sus miedos, a sus temores y a toda su vida», defiende Arellano. Gerardo Vera sintió, en 2019, la necesidad de volcar sus recuerdos de infancia y juventud en un libro de 350 páginas con tintes novelísticos que, «después de meses de trabajo», en boca de Collado, se destilaron en el monólogo que ahora encarna un Carlos Hipólito que se lamenta de «lo rápido que se nos fue. Hablé con él un lunes y el jueves me dieron la noticia de su muerte», lamenta. Aun así, Vera dejó esbozado el Macbeth que se levantó esa misma temporada en el CDN. Fue la última colaboración entre ellos: relación nacida, en 1991, en Una mujer bajo la lluvia, y consolidada en El crédito.