A tu vera, Gerardo

Era un hombre de teatro con múltiples facetas. La cultura pierde un referente

Se va un hombre difícil de abarcar. Uno de esos señores de nuestra escena y nuestro cine que no llegas a alcanzar por mucho que estires los brazos. Ese es (era) don Gerardo Vera. Su obra se nos escapa de las manos. Podemos hablar de «La Celestina» que hizo en el 96 para las salas y nos dejaríamos por el camino, por ejemplo, «El amor brujo» con el que recogió el Goya al mejor vestuario en 1987. Categoría en la que, por cierto, también estaba nominado con «La mitad del cielo». Así era él. «La niña tus ojos» (1998) igualmente le valió otro, el de mejor dirección artística.

Y encima del escenario es inevitable no recordar ese elenco con Juanita Reina, Imperio Argentina, Rocío Jurado, Nati Mistral y María Vidal. A todas ellas las juntó en el 92, en Sevilla, para demostrar en «Azabache» el poderío de la copla española. Para eso nos encomendaron la Expo, para sacar músculo y decir aquí estamos nosotros y nuestro arte más cañí. Y más: parecía un empeño aparentemente imposible de llevar a cabo, pero se le metió en la cabeza y allá que se tiró: llevar obrones (en tamaño) de Dostoievski como «Los hermanos Karamazov» y «El idiota» a las tablas del Centro Dramático Nacional, que dirigió durante siete años. Lo logró sin salir trasquilado.

Podríamos hablar de «Una mujer bajo la lluvia», «Tatuaje», «Segunda piel»... Motivos de peso para defender ese Nacional de Teatro del 88 y la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes de hace dos cursos. Fue entonces cuando ya tuvo que empezar a renunciar a algún proyecto como ese «Rojo» en el que Juan Echanove se metía en la piel de Rothko y que terminó dirigiendo el propio actor. Pero aquello fue solo un amago, aún pudimos disfrutar un poco más de sus maneras.

Ahora, poco más que ese escueto comunicado del Inaem que comunicó anoche la noticia: «Desolados por la pérdida de nuestro admirado Gerardo Vera, un artista completo y un hombre del teatro que destacó en múltiples facetas. El mundo de la cultura pierde a un referente». Amén.