Cultura

Triunfa El Juli en la infartada celebración de Dávila

Buen encierro de El Puerto de San Lorenzo y explosivo Roca Rey, que corta un trofeo

Percance de Dávila Miura, con el primero de la tarde
Percance de Dávila Miura, con el primero de la tarde FOTO: Arjona/Lances de Futuro

Hay décimas de segundo que lo cambian todo. Dávila Miura también las tuvo. Lo supo después. Cuando se dio cuenta de que había vuelto a nacer. Antes atravesó un túnel de oscuridad y nosotros con él. Iba todo tan bien. Era su cuarta reaparición desde que decidió decir adiós a los ruedos. Había brindado a José María Garzón, el empresario de la plaza, y el toro de El Puerto de San Lorenzo fue bueno, por bravo, codicioso y repetidor. Eduardo lo supo y lo disfrutó con la distancia que da haber estado en el retiro. Estaba en esas gozando de la calidad del toro cuando el animal le hizo la zancadilla con los cuartos traseros y se quedó en la cara del toro vendido. El resto ocurrió todo a cámara lenta. Desde ahí, de rodillas el torero, el animal lo arrolló con la fiereza que le daba la casta. La barriga y el pecho eran las coordenadas por las que viajaban los pitonazos y trepaba el miedo por los tendidos para pasar de los gritos a enmudecer. No sé muy cómo pero así ocurrió. El toro dejó a Eduardo desmadejado sobre la arena, se repuso, tenía la taleguilla rota y la cara ensangrentada. Esas décimas de segundo nos recordó que lo bravo no perdona ni en los regresos ni en las vueltas, que la gloria tiene un precio elevadísimo. Miura tiró de coraje y se fue para el toro para rematar la faena. Un pinchazo, una estocada y un trofeo. Fue el preámbulo a la vuelta al ruedo y su paso a la enfermería. Esos segundos que le podían haber cambiado la vida.

En el cuarto, gran toro

Salió de ella justo cuando le tocaba lidiar al cuarto de la tarde. Un esparadrapo blanco le amarraba la cintura como un extenso fajín, justo lo que el toro le amenazó con arrebatarle. Las huellas del animal (y de la tragedia). Fue capaz de deleitarse en las primeras arracadas al torearlas muy despacio. Era una máquina de embestir el de El Puerto, que estaba en esa delgada línea entre la bravura y la mansedumbre. En cualquier momento se podía rajar, pero se quedó ahí para devorar la muleta de Dávila, que extrajo los pellizcos que el oficio y el corazón le permitieron.

El Juli anduvo sobrado con un segundo de La Ventana que saltó al ruedo santanderino como sobrero y que fue bueno, franco y repetidor por ambos pitones, a pesar de que hacía un poco de hilo por el zurdo y solo lo vimos en una tanda. Por la diestra compuso Julián toda la faena ligada y con mucho oficio. La mejor serie fue la última, en la que los muletazos fueron mucho más ralentizados y con la mano más baja, por lo que tuvieron profundidad. Otro relato.

El Juli, con su primero
El Juli, con su primero FOTO: Arjona/lancesdefuturo

A un tris de rajarse el quinto se dejó hacer de principio a fin y Julián hizo con él lo que quiso. A placer. Ralentizando la embestida y jugando con los terrenos del toro en un ejercicio absoluto de conocimiento del animal.

A Andrés Roca Rey le tocó vérselas con un toro de otro calado. Amedrentado, sin querer pasar y sin un resquicio para el lucimiento. El peruano puso de su parte en esa puesta en escena explosiva en el quite y lo quiso hacer después en la muleta, pero aquello era una misión imposible, que acabó con el toro echado sin poder entrarle a matar.

El sexto sí tuvo bondades y movilidad. Roca primero intentó cuajar al toro por la vía del toreo fundamental, pero revolucionó la plaza en el último tramo de faena cuando se pasó al toro por donde le dio la gana con un poder muy espectacular. La espada se cruzó en el camino. Vibrante tarde.

Ficha del festejo:

Santander. Quinta de la Feria de Santiago. Se lidiaron toros de Puerto de San Lorenzo y uno, 5 y 2, bis, de Ventana del Puerto. 1, bravo y bueno; 2, sobrero, bueno; 3, descastado; 4, muy bueno; 5; mansito y bueno; 6º, bueno. Lleno.

Dávila Miura, de verde y oro, pinchazo, estocada, aviso (oreja); pinchazo, estocada (vuelta).

El Juli, de azul marino y oro, estocada trasera y caída (oreja); media (oreja).

Roca Rey, de tabaco y oro, el toro se echa (silencio);dos pinchazos, descabellos (oreja).