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Una escritora llamada Zenobia Camprubí

Un libro recupera dietarios, artículos y traducciones inéditas de la escritora y compañera de Juan Ramón Jiménez.

  • El Nobel Juan Ramón Jiménez junto a Zenobia Camprubí, su esposa
    El Nobel Juan Ramón Jiménez junto a Zenobia Camprubí, su esposa
Barcelona.

Tiempo de lectura 4 min.

02 de noviembre de 2015. 23:07h

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Barcelona. 2/11/2015

Desde hace algún tiempo, la Fundación José Manuel Lara está tratando de recuperar algunas de las páginas inéditas del mundo literario y personal de Juan Ramón Jiménez. Empezó con la publicación de las entrevistas completas al poeta y Premio Nobel, siguiendo con la publicación de los papeles desconocidos de Marga Gil Roësset, la joven escultura que se enamoró del autor de «Platero y yo» y acabó trágicamente con su vida. Ahora es el turno de Zenobia Camprubí, la fie y paciente pareja de Juan Ramón, también ella autora de innegable talento.

«Diario de juventud. Escritos. Traducciones», bajo el cuidado de Emilia Cortés Ibáñez, nos recupera a Zenobia en los años anteriores a su fundamental encuentro con el escritor. También es una buena oportunidad para conocer una voz apasionada de la que hasta ahora se conocían los diarios que escribió durante su exilio. Los dietarios ahora publicados abarcan los años 1905 a 1909, además de 1911, lo que constituye un documento de primer orden para conocer a la adolescente Zenobia, una joven que había nacido en la localidad barcelonesa de Malgrat de Mar en 1887, aunque pronto, en julio de 1904, se trasladó a Estados Unidos, donde vivió hasta marzo de 1909. Es una etapa fundamental en su vida como demuestran las páginas de su autobiografía.

En la primera entrada, fechada el 25 de septiembre de 1905, ya indica sus intenciones: «Este diario no es un registro de mis pensamientos y sentimientos, no es para ordenar lo que hay en sus páginas. Podría seguir los estadios de evolución que ha habido desde mi infancia hasta mi etapa de mujer, que se han mantenido conforme a los deseos de mi madre. Recientemente me ha pedido que haga una entrada diaria en este libro para registrar mis acciones durante el día. Puedo usar un lenguaje telegráfico si lo prefiero porque el objeto de este libro simplemente es hacer que me dé cuenta de las pocas cosas útiles que hago durante el día. Mi único deseo es que mi madre me dé una referencia de qué cosas útiles contar de mi vida».

Los diarios nos permiten seguir su día a día, con anotaciones sencillas de su vida cotidiana, detalles sobre revisión de facturas y cheques, comidas, relaciones humanas, todo ello propio de una persona con una gran dosis para la observación: «No es España, ni América, ni patriotismo, ni memorias, ni resoluciones, ni deseo. No soy sino un deseo: “Oh, irse lejos de este bloque de Azeldema de tristeza”. No puedo llegar a la meta. Es demasiado complicado para mi estado mental, además aquí no hay meta. Es “agua, agua por todas partes y ni una gota para beber” o aceptar las consecuencias».

Artículos para Vogue

La otra gran virtud del libro de la Fundación José Manuel Lara es la de reunir numerosos textos de Zenobia que hasta la fechas estaban dispersos en diferentes publicaciones o permanecían inéditos. Podemos encontrar desde un artículo para la revista «Vogue», pero también sus impresiones sobre la escultora Marga Gil Roësset: «Marga quiero contar tu historia tal y como fue para que en el futuro se cuente como fue en realidad». Unas veces en inglés, otras en español, Zenobia reúne las impresiones sobre su país y sobre aquellos lugares que visitó. Imprescindible es la lectura de «En el tren de Madrid a Barcelona» donde narra la salida que ella y Juan Ramón hicieron de la ciudad en la que habían vivido hasta ese momento. Era el 20 de agosto de 1936 y emprendían el camino sin retorno hacia el exilio: «Este, seguimos al Este hasta que llegamos a tranquilas extensiones de arena blanca y un magnífico mar azul profundo, que está a un tiro de piedra de nuestro vagón. No se ve a nadie, el agua tentadoramente fresca en un día abrasador. ¡Oh, bendita seguridad en la soledad! Dentro, el tren estaba abarrotado de tantos seres humanos como de tragedias individuales».

Tampoco faltan sus impresiones sobre su marido. Es el caso del artículo titulado «Juan Ramón y yo» donde en un primer momento reconoce que «somos tan egoístas que lo más hondo e íntimo de nuestras vidas preferimos guardárnoslo para nosotros solos». El texto, redactado para una revista que le pedía anécdotas de la vida común en tierras americanas. Hay momentos deliciosos en el relato de Zenobia, como cuando visitan la casa argentina en la que vivió el final de sus días Manuel de Falla. Tras pasear por la villa de Altagracia, «comprendemos muy bien lo que atrajo a nuestro amigo en este paisaje; tiene un vago recuerdo de Granada, una Granada más abierta y alegre, menos fuerte y grandiosa». En otro texto, Zenobia retrata lo mejor y lo peor del poeta de Moguer. «El mejor momento de Juan Ramón y el más largo de su vida es cuando está trabajando en su obra, completamente olvidado de sí mismo. Nunca es más feliz que cuando está escribiendo, corrigiendo, perfeccionando...». ¿Y en el polo opuesto? «Sus defectos principales son el no aceptar casi nunca la responsabilidad de su culpa, por muy insignificante que sea y la suspicacia para dolerse de cosas insignificantes. Además es muy egoísta pero a medida que pasan los años, ha hecho un gran esfuerzo por recapacitar cuando se le advierte y procura y logra grandes mejoras».

Sabíamos que Zenobia Camprubí era una gran lectora. La edición preparada por Emilia Cortés Ibáñez ratifica este aspecto con la inclusión de textos en los que Zenobia nos da sus impresiones de diferentes autores, pero también nos surge como traductora al inglés de «Platero y yo».

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