Jon Rahm, el clon de Seve

El español volvió a dejar al mundo del golf con la boca abierta tras el putt que le dio la victoria en el BMW Challenger

Cuando Severiano Ballesteros ganó su primer «major», el British de 1979, Jon Rahm no era todavía ni un proyecto de persona. Tampoco cuando ganó el quinto y último, en 1988. Y cuando el genio cántabro lideró al equipo europeo en la Ryder Cup de 1997 como capitán, en España, Jon apenas tenía tres años. Aquella edición se celebró en Sotogrande y en la grada estaban Edorta y Ángela, los padres del golfista de Barrika, que transmitieron a su hijo esa pasión por el deporte de los palos que Ballesteros contagió a los jugadores para superar a Estados Unidos. «Si juego al golf es por Seve», ha dicho Rahm muchas veces. Nunca pudo verlo jugar en directo, pero sí se ha pasado horas admirando sus vídeos en Internet. Le inspiró desde la «distancia», y cada vez que Jon la lía, se recuerda la figura del cántabro.

Y Jon, que cada vez la está liando más, está orgulloso de que así sea, de la comparación, aunque él quiera hacer su propio camino, su historia. La madrugada del domingo al lunes en España lo volvió a hacer. Ante un escenario de máxima tensión, se inventó lo que parecía imposible, un golpe con todo lo necesario: la precisión, la inteligencia y la genialidad que tiene Rahm y que tenía Seve. El español se jugaba el BMW Championship en el desempate contra el número uno del mundo, el estadounidense Dustin Johnson. Él es el dos después de haber estado varias semanas en la cima, el primer español que lo logra después de, claro, Seve. El hoyo 18 era el primero en el que se podía decidir al ganador. Un par cuartro. Tercer golpe de Rahm, estaba como a 20 metros de la meta, situada después de una bajada. Tocaba medir todo: la velocidad, la caída, la dirección... Y Rahm trazó su plan e hizo magia. La bola que salió en una dirección y fue girando, tomando la curva, como si la estuviera dirigiendo alguien con un mando a distancia. «Honestamente, esperaba que volviera a ser un putt decente para el par y tener así la oportunidad de continuar con los playoffs», admitió después Jon. Y la bola que cogió la bajada. «Se veía muy bien en el camino y cuando faltaban 10 pies (unos tres metros), seguía muy bien», prosiguió. Y tan bien: entró con suavidad en el agujero. «No me lo podía creer», finalizó.

Hasta en la celebración se pareció Jon Rahm a Ballesteros, al sacar los puños como hacía el de Pedreña tras sus genialidades. También tuvo algo de Larry Bird, porque el español fue caminando mientras la bola iba en dirección a la gloria. Le faltó levantar el dedo antes de que entrara. No lo hizo. Se paró y sólo con el objetivo logrado, estalló. Johnson no pudo igualar ese birdie y el torneo ya tenía dueño.