Marca Luis Suárez y Oblak decide

El portero volvió a resultar fundamental para el Atlético en su victoria ante el Celta. Marcó Luis Suárez en el comienzo y Carrasco cerró la victoria en el final

Los partidos del Atlético son un continuo agradecimiento a Jan Oblak. Da igual que Simeone elija una alineación ofensiva o que Luis Suárez acierte a la primera y el equipo rojiblanco comience el partido con ventaja desde muy temprano. Al final, siempre tiene que aparecer Oblak como salvador.

Lo hizo en un mano a mano clarísimo con Santi Mina y en otras muchas ocasiones no tan evidentes. Oblak es la pared contra la que siempre se estrellan los rivales y permite a su equipo vivir con más tranquilidad de lo que su juego le permitiría.

El gol de Suárez a los seis minutos hacía imaginar un partido mucho más apacible para el equipo de Simeone. El Cholo se decidió a juntar desde el comienzo a Diego Costa con Luis Suárez. Y en las bandas estaban Correa y Lemar. Un equipo preparado para mandar en el partido. Pero le cuesta al Atlético ejercer de dominador. Se siente más cómodo esperando, protegiendo a Oblak, el único camino que ha practicado durante años para mantener sus ventajas.

Y Oblak siempre responde. En el mano a mano o en la distancia. A veces no necesita parar, a veces sólo hace falta su presencia para que la portería se le haga pequeña a los rivales. Pero siempre está.

El Celta, de la mano de Iago Aspas, siempre encontraba la manera de llevar el peligro al área del Atlético. Y siempre se encontraba con Oblak.

El Atlético estuvo cerca de ampliar la ventaja en la segunda mitad, pero el gran pase de Diego Costa, que ya había intervenido en el primer gol, fue desperdiciado por Luis Suárez. Fue una doble desgracia para el Atlético, que en la misma jugada perdió la oportunidad de marcar su segundo gol y a Diego Costa. El internacional español se echó la mano al muslo después de dar el pase a Suárez. Se había roto en la carrera y tuvo que salir del campo. Más tarde se iría también y los dos delanteros del comienzo se convirtieron en ninguno para el Atlético.

Costa no fue el único lesionado del equipo rojiblanco. Torreira, que se estrenaba con el «5» que hasta hace unos días pertenecía a Thomas en la espalda, acabó martirizado por los calambres. Eran los últimos minutos del encuentro y Simeone, como es costumbre, ya había agotado los tres cambios y el uruguayo tuvo que quedarse en el césped, aunque no pudiera aportar demasiado. El estreno de Torreira no fue brillante, tampoco se le pide eso, y se perdió en el tono gris del equipo.

Sólo Joao Félix parece capaz de aportar algo de luz en la oscuridad del Atlético. El portugués esperó su momento en la segunda parte y volvió a dar la sensación de que juega a otra cosa, de que su idioma es distinto al del resto de sus compañeros.

Entre él y Carrasco construyeron el segundo del Atlético cuando el Celta estaba apretando para conseguir la igualada. Carrasco igual se esforzaba para recuperar una pelota en su campo que estaba pendiente para empujar a la red el segundo. El belga sólo tuvo que poner la cabeza para mandar a la portería el balón que había escupido el larguero después de un remate de Joao Félix.

Fue una gran jugada del portugués y por fin el Atlético respiraba tranquilo cuando el partido ya estaba en sus instantes finales. El Celta se desesperó buscando un premio que no llegó. El Atlético mantiene la rutina habitual, un partido intrascendente que esta vez cayó de su lado.

Es la ventaja de tener a Luis Suárez para meterlas y a Oblak para pararlas. La eterna historia del Atlético.