Fútbol

Un icono a la altura del Che Guevara

Maradona fue feliz en el campo y víctima de su éxito fuera de él. Su trascendencia va más allá de lo futbolístico

Maradona
Maradona y otros líderes mundialesAgenciasLa Razón

Los mitos no cumplen años, son eternos. Aunque, como Maradona, se mueran casi recién cumplidos los 60 años. El 30 de octubre de 1960 Dalma Salvadora Franco –la «Tota» para Diego– creía que había dado a luz a un niño, pero acababa de alumbrar a una leyenda. El mejor jugador de la historia para los argentinos. Aunque él siempre admiró a Di Stéfano. «Fue superior a todos, incluso a mí», dice de Alfredo. La FIFA también le reconoció como el mejor jugador del siglo XX.

Algo anunciaba cuando aún no había cumplido los once años y debutó en el descanso de un partido de Argentinos Juniors contra Independiente haciendo malabares con la pelota para entretener al público. Al poco tiempo ya llamaban más la atención sus actuaciones en el descanso que las de los jugadores del primer equipo.

Maradona es muchos Maradonas a la vez, pero todos se resumen en el partido de cuartos de final del Mundial de México’86 contra Inglaterra. Marcó dos goles que quedaron para la historia, dos goles con nombre propio. El del «Barrilete cósmico» que narró Víctor Hugo Morales, que en Argentina pasó a la historia simplemente como el gol de Maradona a los ingleses, y el de la «Mano de Dios». Uno lo marcó Diego y otro D10s. Uno es posiblemente el mejor gol de la historia de los mundiales. El otro es hijo de la trampa, del instinto de supervivencia que nunca perdió.

Un gol que tuvo antecedentes. Recuerda Maradona un partido con el Nápoles contra el Udinese de Zico. El Nápoles perdía 2-1, hubo un disparo al larguero y el rechace lo remató Diego con la mano para empatar. El árbitro dio gol y Maradona corrió a celebrarlo con Zico detrás de él. «Diego, por favor, dile que fue con la mano. Si no, eres deshonesto», le reclamó el brasileño. Maradona le tendió la mano y le respondió: «Deshonesto Diego Armando Maradona. Encantado». «Los años de potrero se los voy a regalar a Zico en un gol», se reía el «10» recordándolo en televisión.

Ese instinto de supervivencia adquirido en el barrio nunca lo abandonó. «¿Qué fue lo peor de su infancia?», le preguntaban hace unos meses en la televisión argentina. «El hambre», fue su respuesta. Nunca se olvidó de las necesidades pasadas, que hicieron de él alguien más generoso. En una gira por China con Boca Juniors estaba dando un paseo con Ricardo Gareca y al ahora seleccionador peruano le llamó la atención un Rolex carísimo que no se atrevió a comprar. Su cumpleños era unos días después y ése fue el regalo de Diego. Algo parecido repitió tiempo después con Monchi, compañero suyo en el Sevilla. El director deportivo del club sevillista llevaba entonces un reloj de imitación. Maradona lo subió a su casa y le regaló un Cartier. «Para que no tengas que llevar un reloj falso».

Maradona ha sido feliz en el campo de fútbol. «La única casa que no puede dejar de tener Maradona es la cancha», dice César Luis Menotti. «Diego, más que un jugador de fútbol es un artista que jugó al fútbol», asegura Fernando Signorini, su preparador físico durante gran parte de su carrera. «Maradona es el único deportista en el mundo que tiene esta capacidad de convocatoria brutal», añade en una entrevista en diagonales.com.

La pasión que genera se refleja en anécdotas como aquel día que fue a Mar del Plata y le robaron las dos matrículas del coche. «No eran chorros [ladrones]. Sólo querían tener algo del Diego», cuenta. Por cosas así dice Signorini: «Es imposible ser Maradona». Su trascendencia va más allá del fútbol. Es un icono tan grande como su admirado Che Guevara, al que lleva tatuado.

Diego pagó en su vida personal el éxito sobre un campo de fútbol. Todos querían ser sus amigos. De noche y de día. Y por ahí empezó su caída, sus problemas con las drogas. «Los jugadores tienen que prepararse y no sólo futbolísticamente. Deben disciplinarse para entrenarse y armarse culturalmente para defender su origen, su historia y preservarse como seres humanos», dice Menotti en el libro «Fútbol sin trampa». A Maradona no le dio tiempo a protegerse.

Era un niño y ya cargaba con las responsabilidades que eludían los adultos sobre el césped. Y así continuó durante toda su carrera. «Teníamos al mejor del mundo y todos teníamos ganas de aprovecharnos de eso». Así describe Ruggeri en un especial de Movistar sobre Diego su experiencia en el Mundial’86. «Dénsela a Maradona», les decía Bilardo. «¿Para qué la quieren ustedes en los pies?». Se la dieron y ganaron el Mundial.