¿Prohibirán competir a las mujeres trans en todos los deportes?

La decisión de la FINA de restringir su participación en la categoría femenina ha provocado un efecto dominó en el resto de deportes

Lia Thomas, nadadora transgénero
Lia Thomas, nadadora transgénero FOTO: John Bazemore AP

Lia Thomas, probablemente a su pesar (porque casi siempre se ha mantenido en silencio), se ha convertido en un símbolo. Era un nadador entre muchos cuando competía como hombre y ahora que lo hace como mujer, y tras ganar algunas pruebas en Estados Unidos y superar el récord en 500 yardas, es una celebridad y el símbolo sobre el que se discute si las mujeres trans tienen ventajas competitivas cuando participan en pruebas femeninas. Hasta el domingo pasado era un debate público, exacerbado muchas veces, pero no pasaba de ahí.

Pero el domingo, la FINA (Federación Internacional de Natación) tomó una decisión definitiva para las competidoras trans. «Tenemos que proteger los derechos de nuestros atletas para competir, pero también tenemos que proteger la igualdad competitiva en nuestros eventos, especialmente en categoría femenina», aseguró su presidente, Husain Al-Musallam después de que el Congreso de la organización decidiese, con el 71% de las federaciones a favor, limitar el acceso de las mujeres trans a la competición. Según lo aprobado, para que una mujer trans pueda competir en categoría femenina no puede haber pasado la pubertad masculina. Es decir, tendrá que llevar a cabo su cambio antes de los 12 años. Según algunos estudios, el inicio de la pubertad masculina da a las mujeres transexuales una ventaja física duradera e irreversible sobre los atletas que fueron mujeres al nacer. Y añade que el nivel de testosterona para poder competir no podrá superar los de 2,5 nanomoles por litro de sangre.

«Se trata de una política increíblemente discriminatoria que intenta arreglar un problema que no existe», aseguró en el New York Times Alejandra Caraballo, de la Facultad de Derecho de Harvard y experta en cuestiones transgénero, que añadió: «Es el resultado de un pánico moral por culpa de Lia Thomas», continuó, poniendo el dedo en la llaga, en donde ha empezado todo. Para las posturas más inclusivas, lo que hace la FINA es ponerse de lado de quienes, dicen, están haciendo de una anécdota, como es lo de Lia Thomas, un caso general. Pero han sido muchas las nadadoras que han protestado por el caso de Lia Thomas y muchas también las que han aplaudido a la FINA.

Lo que preocupa a quienes consideran injusta la medida es que a partir de ahora el resto de deportes siga la línea de la natación y se vayan cerrando puertas para las mujeres transgénero.

Antes que la FINA, fue el rugby quien consideró que no podían competir en la categoría femenina: «Actualmente no se puede garantizar la seguridad y la equidad para las mujeres que compiten contra las mujeres trans en el rugby de contacto», aseguraba. «La última investigación realizada por especialistas confirma que una reducción de testosterona no conduce a una reducción proporcional de masa muscular, fuerza o potencia. Estos determinantes, importantes para el riesgo de lesiones y el rendimiento, siguen siendo significativamente elevados después de la supresión de testosterona».

El atletismo también se lo está pensando. «Si alguna vez se nos arrincona al punto en que tengamos que decidir entre la justicia y la inclusión, yo siempre me inclinaré del lado de la justicia», aseguró Sebastian Coe, presidente de la IAAF, que rige el atletismo.

Fue el COI el que decidió que cada deporte podría elegir sus propias normas respecto a contra quién deberían competir las mujeres trans. Por eso ahora todos miran al fútbol, el deporte global y cuya decisión será determinante: «Actualmente estamos revisando el reglamento de elegibilidad de género», dicen en la FIFA.