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Carlos González y Noel Martín: «El deporte nos hace iguales»

Carlos González y Noel Martín / Ciclistas

Carlos perdió la vista por una enfermedad y empezó a montar en bicicleta. Conoció a Noel, ex ciclista profesional y ahora su piloto. Ganaron un Mundial y sueñan con los Juegos de Río. No tienen patrocinador

  • Carlos González y Noel Martín, sobre la pista del velódromo
    Carlos González y Noel Martín, sobre la pista del velódromo

Tiempo de lectura 4 min.

03 de mayo de 2016. 01:29h

Comentada
3/5/2016

Carlos González era un chico que llevaba gafas, como tantos otros, pero su agudeza visual se perdía rápidamente. Sufre una enfermedad genética llamada retinosis pigmentaria que le dejó sin visión. El ciclismo fue su refugio. Noel Martín es su piloto y más. «Es como si fuéramos hermanos. La consanguinidad de la bici», dice Carlos.

–Carlos, ¿sabía que un día dejaría de ver?

–Carlos González: Sufro una enfermedad genética degenerativa, pero nadie sabe cómo va a evolucionar. Hasta que me ha dejado, he disfrutado. Estudié en un colegio normal y durante el tiempo que pude trabajé de programador informático, en algo que me gustaba, y eso es difícil en estos días; y me pagaban bien, cosa que también es difícil.

–¿Cómo descubre el ciclismo?

–C. G.: Desde crío me gustaba. Historias de la vida, estudié con un chaval que hacía ciclismo y tuvo un accidente y perdió un pie. Le vi por televisión en los Juegos de Sidney, y ganó. Me puse en contacto con él para saber qué tenía que hacer y hablé con Félix García Casas, ahora seleccionador de la Federación de Deportes para Ciegos. En 2008 quedamos para que probara, iba con unas zapatillas normales, estaba gordo... Y el gordo se hizo 100 kilómetros al ritmo de los demás, incluso dándoles un poco de cera. Félix pensó que no le llamaría, pero a los dos días le estaba preguntando qué zapatillas y ropa comprar.

–Todavía no empezó con Noel...

–C. G.: Tuve un bache grave en 2010 y Luis Javier Castellano, al que llaman Insu, dijo que me echaba una mano. Él hacía ciclismo amateur y ya no le llenaba. Me enseñó prácticamente todo lo que sé de este deporte. Como no podía salir solo en carretera me llevó un rodillo a casa. Me exigía que me esforzara, no quería ni dinero ni nada. En 2013 él ya andaba con la intención de dejarlo y me presentó a Noel...

–Noel Martín: Desde hacía tiempo me estaba llamando la atención probar con un tándem, sin competir, y años después me puso en contacto con Carlos. Conectamos pronto.

–C. G. : Con quince minutos me bastó para saber que lo quería para mí como piloto. Aunque me tuve que ir a vivir a Valladolid para poder entrenar con él e intentar ir a los Juegos.

–Y no tardaron en llegar buenos resultados...

–N. M.: Ya el primer año que competimos en carretera ganamos el campeonato del mundo, algo que para nada esperábamos.

–Entonces encuentran patrocinador, pero...

–N. M.: En 2015 en teoría lo teniamos, y lo perdimos, pero perder, hemos perdido el nombre y nada más, porque sólo ha pagado una cuarta parte. No cumplieron nada. Ahora estamos sin patrocinador.

–¿Este año hace más falta por los Juegos de Río?

–N. M.: El año pasado, más, porque teníamos que competir fuera para lograr los puntos de carretera, y fuimos primeros en el ranking. Este año hace falta para concentraciones y mantenimiento del tándem. Tenemos una beca, aunque los gastos cotidianos... El tándem se avería más que una bici normal y todas las semanas voy a una tienda en la que nos tratan muy bien.

–C. G.: Competir por tu cuenta es caro. Ya de por sí las inscripciones a nivel internacional son caras, y a nosotros nos las multiplican por dos. A la hora de competir contamos como un ciclista, pero si, por ejemplo, la Copa del Mundo son 75 euros la inscripción por bicicleta, la nuestra cuesta 150, y viajamos dos, comemos dos, dormimos dos...

–¿Discuten mucho?

–C. G.: Es una relación de dos personas y si no discutes, malo. Por muy bien que te lleves, algún día dices que si parece que hoy no quiere entrenar... Tanto uno como otro. Cabrearte es normal. Son muchas horas encima de una misma bicicleta.

–También intentan promover el deporte adaptado...

–N. M.: Hemos creado una entidad de promoción deportiva y vamos a colegios o centros para dar alguna charla, transmitiendo los valores del deporte adaptado, los que transmite Carlos: no poner excusas. Y cómo hemos salido de cosas malas para llegar al objetivo.

–C. G.: Aparte de lo del patrocinador, hemos tenido adversidades deportivas, como en nuestro primer mundial. Porque ganamos la prueba de ruta, pero dos días antes perdimos una plata a 400 metros de la meta por una avería. ¡Levántate de ahí y camina! Queremos transmitir que casi todo se puede superar.

–Carlos, dice que el deporte le hace sentirse como los demás.

–C. G.: El deporte nos hace iguales porque yo cuando salgo en Valladolid con la grupeta, el resto va en su bicicleta individual y yo en mi tándem, pero cuando vienen los repechos o el viento, o todos apretamos el culo o el que no lo hace se queda. Yo necesito otra persona que me guíe, pero hay que dar pedales y sufrir. El esfuerzo es el mismo.

–¿Y en la vida lo ponen fácil para que seamos todos iguales?

–C. G.: A veces en vez de avanzar se retrocede. Te lo cuento con una anécdota que me pasó: quería sacar un billete de tren y voy a pagar a la taquilla con tarjeta. Los datáfonos normalmente tienen teclas, pues aquel día era pantalla táctil y me dijeron que no había más. Suerte que llevaba dinero en efectivo. En muchos sitios sí se preocupan, pero en otros, por ir con la modernidad, nos olvidamos de preparar las cosas para todo el mundo. Y no lo digo sólo en mi caso.

–N. M.: Cosas como los semáforos. Si no tienes contacto con algún deficiente visual no te das ni cuenta de si pitan o no.

–C. G.: Y lo mejor es cuando te los apagan a las nueve de la noche y búscate la vida.

El lector

Cuando se baja de la bici, Carlos González saca un poco de tiempo para leer la Prensa a través de internet: «Como tengo un ordenador adaptado, sí la puedo leer, pero cada vez lo hago menos porque siempre tratan sobre lo mismo y terminas agobiándote».

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