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Esquiar a más de 200 kilómetros por hora

  • Esquiar a más de 200 kilómetros por hora
Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

13 de febrero de 2019. 04:42h

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Francisco Martínez Madrid. 13/2/2019

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Cuando a Jan Farrell se le pregunta, en broma, sobre su nivel de cordura, insiste: «Esto no es un deporte de locos». Él practica speed ski, que básicamente consiste en lanzarse montaña abajo sobre unos esquís para intentar alcanzar la máxima velocidad posible; que formalmente es «el deporte no motorizado más rápido del mundo» (se superan con frecuencia los 200 kilómetros por hora, el récord del mundo es 254,9); y que realmente tiene mucho más trabajo por detrás, dentro de su aparente simpleza inicial. Para empezar, el material, comenzando por unos esquís que miden 2,14 metros y pesan unos 15 kilos; y siguiendo por el casco, que sea lo más aerodinámico posible, en el que apenas se puede ver lo que se tiene delante, incluso a veces se empaña. «Y en la prueba de Finlandia, tuve que bajar casi en apnea, porque si respiraba el visor acababa congelado, a -25 grados», explica Farrell; el traje es de un compuesto parecido al látex, que tarda una hora en ponerse y que va acompañado de unos alerones que ayudan a bajar más rápido y que esta temporada ha intentado mejorar para buscar un poco más el límite. «He trabajado con un ingeniero de Madrid y hemos encontrado una forma nueva de alerones que a alta velocidad deberían suponer un cambio significativo», cuenta este esquiador que nació en Inglaterra, con raíces checas por parte de madre y que vive en España, donde está afincado. Luce las tres banderas cuando compite.

Esquiar a más de 200 kilómetros por hora

Por seguir con la descripción, después de los materiales está el trabajo físico, que es fundamental. «En mi deporte, y puede generalizar a otros deportes, hay todo un mundo por descubrir en la preparación física, y una tecnología que está saliendo, de entrenamiento excéntrico, poleas isoinerciales... Cosas que se inventaron para entrenar en el espacio y que usamos ahora casi a diario», relata Jan. Se trata de pesar mucho, por aquello de la gravedad, pero ser compacto, por la pelea contra el viento, para que no te frene. Junto a su preparador físico, Alejandro Muñoz, ha trabajado este invierno para fortalecer músculos indispensables, porque ligado a todo está la técnica, la posición sobre los esquís, en la que 2 o 3 centímetros de diferencia, más arriba o más abajo, pueden suponer un mundo.

Y, por supuesto, hay que hablar de la mente, decisiva siempre, más en Jan Farrell porque en 2016 sufrió una caída a 216 kilómetros por hora. «Me deslicé durante 350 metros sin poder parar, la sensación era de estar en una sartén con aceite hirviendo. La caída fue ideal y el cuerpo quedó todo en su sitio, sólo con quemaduras de segundo grado, pero a nivel subconsciente se mete ahí algo dentro que me ha costado sacar, si es que lo he sacado, porque vivirá conmigo para siempre», rememora. Tuvo que recurrir a la ayuda del psicólogo deportivo Ricardo de la Vega para superarlo. «He aprendido que el miedo no vas a dejar de tenerlo, pero que si vas al 99 por ciento es más peligroso que si vas al ciento por ciento», explica.

Esquiar a más de 200 kilómetros por hora

Esto da lugar a un cóctel de emociones que comienzan esta misma semana con las pruebas de Finlandia (13 y 14 de febrero), que se desarrollan en un lugar en medio de la nada; para pasar después a Suecia (8-9 de marzo), donde el desnivel es del 52 por ciento; a Vars, en Francia ( del 21 marzo al 4 de abril), donde Jan Farrell sufrió su caída porque ahí también es donde se busca batir el récord del mundo, la pista más rápida; para finalizar en casa, en Andorra (12-13 abril), donde tiene puestas sus mayores esperanzas de triunfo. El año pasado fue quinto en la Copa del Mundo, su mejor resultado. ¿Y qué se siente al ir a esa velocidad? «Piensas poco, no oigo nada y el sentido de la visión está un poco anulado, me atrevería a decir. La adrenalina empieza cuando freno, que es peligroso. La bajada en sí puede ser fácil, pero parar es complicado, sobre todo si no tienes experiencia, porque te relajas. Hemos calculado que a 230 por hora sufres un golpe de 100 kilos de frente al ponerte recto».

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