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Sólo el mejor Djokovic puede con Nadal

El serbio vence al número uno en un quinto set taquicárdico en la reanudación de la semifinal y peleará por ganar Wimbledon con Anderson

  • Novak Djokovic y Rafael Nadal se felicitan tras el final del partido que ha ganado el serbio. (Andrew Couldridge, Pool via AP)
    Novak Djokovic y Rafael Nadal se felicitan tras el final del partido que ha ganado el serbio. (Andrew Couldridge, Pool via AP)
Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

15 de julio de 2018. 01:10h

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Francisco Martínez Madrid. 14/7/2018

Partido no apto para corazones débiles. A un lado, Djokovic, el gran Djokovic, renacido por fin, con la mirada «asesina» otra vez, no el jugador tímido y desmotivado que se ha visto los dos últimos años; al otro, Rafa Nadal, el número uno, «el mejor jugador del mundo», según palabras de su rival, en una de las versiones más agresivas y fiables que se le ha visto en Wimbledon, dispuesto a ganar en la catedral de nuevo ocho años después. Dos colosos. Dos raquetas que echan humo. Un espectáculo. Pero el triunfo sólo puede caer de un lado, no hay empate posible, y en un quinto set taquicárdico, con opciones para los dos tenistas, Nole aprovecha el resquicio para colarse en la final de Wimbledon (6-4, 3-6, 7-6 [11/9], 3-6 y 10-8) y confirmar que, superando al gran oponente, su terapia ha terminado y ha regresado para quedarse. «Es duro poner en palabras todo lo que he pasado en los últimos 15 meses para llegar aquí», confirma el hombre que hoy (15:00, M+D) buscará ante el surafricano Anderson su décimo tercer título de «Grand Slam». El último fue Roland Garros en 2016. Bravo por él y bravo también por Nadal, que perdió como sólo lo hacen los campeones.

Catorce horas después de que la semifinal se aplazara el viernes porque la normativa no permite jugar más allá de las once de la noche (doce en España), los tenistas volvieron a la pista. Entre la tensión del día anterior, la adrenalina y la visita a los fisios para relajar músculos, durmieron poco. El duelo era bajo techo, porque el viernes se había empezado en esas condiciones. Pese a que no llovía, la puesta de sol estaba cerca cuando empezaron y, para ahorrar tiempo, taparon la central. A Nadal no le gustó. No lo ve lógico. «Es un torneo al aire libre», dice. Jugar así desde el comienzo suponía que salvo que hoy se pusieran de acuerdo para cambiar, tendrían que continuar igual. Djokovic quería seguir con el techo, que, en teoría, le favorece. Y así se jugó, pese a que a las
13:00 de Londres (14:00 en España) lucía el sol. Mandaba Djokovic dos sets a uno el día anterior y las emociones empezaron rápido. Servía Nadal y el primer juego duró quince minutos. Pronto comenzaron las hostilidades y las dos primeras pelotas de «break» salvadas por el español. Esa actividad inicial le vino bien al español para entrar en calor. Desde ahí, arrasó (3-0), pero el partido era una montaña rusa y en un descuido se llegó al 3-3. Pero Rafa sentía mejor la bola y era más valiente: tiraba con todo y subía a la red en cuanto podía. Plasmó su superioridad llevándose el cuarto parcial y forzando la manga definitiva. La exhibición que había empezado el viernes continuaba. Alcanzar un quinto set fue una especie de justicia poética. En él, hasta el 4-4 no hubo novedades. Ahí tuvo el serbio la primera pelota de «break», rescatada por Rafa con un buen saque. Se descentró Nole, y al siguiente juego fue él quien tuvo que salvar dos pelotas de ruptura. El servicio le libró de una buena, y también su revés (5-5). Aunque para revés, el que ha mostrado Nadal durante todo el torneo. Siempre será recordado por su derecha con efecto, pero de unos años a esta parte cómo aprieta con el tiro a dos manos. Impresionante.

Los dos jugadores estuvieron en el alambre a partir de ahí. Tuvieron sus opciones. ¿Quién las aprovecharía? Con 5-6 a favor, Djokovic tuvo un 0-30, a dos puntos de la victoria. Nadal no tembló. Con 6-7 fue un 15-30, pero de nuevo el español contestó de manera tremenda al servicio. ¿Quién dijo miedo? Entonces llegó el momento de Nadal, la gran oportunidad. Un despiste de Djokovic, unos errores, y 15-40 para el español. Dos opciones de ponerse por delante para Rafa resueltas rápido por su rival, y una tercera... ¡Ay! El punto se llegó a poner en juego, el número uno se defendió primero y mandó después, dominaba, una pelota se le quedó corta a su oponente, era el momento de ir a por el «break», de atacar, Rafa lo hizo y Nole se sacó un «passing» cruzado para respirar de alivio. «Para mí los puntos de rotura los jugué bien. No siento que me haya equivocado», confesó Nadal. Le costó cuatro ventajas al serbio sacar ese juego (7-8), para al siguiente tener la primera pelota de partido, que Nadal salvó con una dejada. Más valiente, imposible. A seguir. Djokovic sacó bien: 8-9. Y entonces Nadal no pudo más, un par de fallos y un resbalón le pusieron 0-40. Demasiado. Ganó Djokovic, pero el tenis recuperó una de sus grandes rivalidades históricas. Habrá más capítulos. En el de esta semifinal, la igualdad no pudo ser mayor: ambos terminaron con los mismos tiros ganadores (73) y errores no forzados (42).

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