Maldición: deudas tengas y las pagues

La deuda es y será el gran problema de la economía española. La historia constata que no se paga sino que se enjuaga con aumento del crecimiento económico. El problema es que el PIB español tendría que subir un 90%. Ilusorio

Gita Gopinath (Calcuta, 1971), indio-estadounidense y economista jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI) que dirige Kristalina Georgieva (Sofía, 1953), advierte, para quien quiera escucharla, que «España debe reducir la deuda a los niveles precrisis a medio plazo». «Tengas pleitos y los ganes», apunta una popular maldición gitana, que apela a los costes enormes –económicos, pero también de otro tipo– de un largo contencioso judicial aunque al final resulte favorable. «El precio del imperio –español– fue la ruina de Castilla», explicó Ramón Carande en su histórico «Carlos V y los banqueros», en donde también desmonta muchos mitos sobre esplendores pasado.

La deuda pública española alcanzará el 123% del PIB, según el último informe –todavía calentito– del FMI que, además, suele equivocarse con frecuencia en sus previsiones, quizá porque interioriza la máxima de que los economistas suelen ser imbatibles en sus vaticinios del pasado.

Ese porcentaje representa, ahora mismo, la inimaginable cantidad de unos 1,4 billones, con «b» de barbaridad, de euros que, además, habrá que pagar algún día, como admite incluso el gabacho Thomas Piketty, idolatrado por la izquierda radical, millonario por sus éxitos de ventas, y que quizá coquetea con ser el Karl Marx del siglo XXI, aunque se le atraganten discusiones con economistas, no ya liberales, sino socialdemócratas como José Carlos Díez, en su última visita –de promoción de sus libros– a España.

Nadia Calviño lo sabe y pone todo su empeño en evitarlo, pero España, de la mano de Sánchez, a lomos de Iglesias para que no se desboque el caballo, camina hacia una trampa de deuda. Los economistas Juan Carlos Conesa Roca (Stony Brook University), Gonzalo Fernández de Córdoba (Universidad de Málaga y ESCP) y Timothy Jerome Kehoe (University of Minnesota) lo explican en un informe de Fedea sobre la COVID del pasado jueves, 15 de octubre, el mismo día que España envió un borrador de cuentas a la Unión Europea: «Quienquiera –escriben los expertos– que haya seguido un poco las cuentas públicas de distintos países sabe que en la práctica la deuda no se repaga nunca.

La deuda pública se mantiene bajo control porque el PIB crece más rápido que la deuda, de manera que la capacidad de pago crece por encima de la acumulación de deuda. Por lo tanto, dos elementos de política ayudan a mantener la deuda bajo control: la reducción de los déficits estructurales y la promoción del crecimiento económico».

Ellos no lo explicitan, pero las cuentas son simples. Con un PIB de unos 1,2 billones de euros, según los datos del Banco de España que gobierna Pablo Hernández de Cos, muy similares a los que maneja la Hacienda de la volcánica ministra y portavoz María Jesús Montero, sería necesario que la economía creciera un 17% para que la deuda se redujera al 100% del PIB. Para que llegara al 60%, que es el criterio europeo –ahora en suspenso, pero que volverá a estar en vigor, aunque sea con alguna relajación–, sería necesario que el PIB creciera un ilusorio ¡90%! y pasara de 1,2 a 2,3 billones de euros. El 60% de 2,3 billones, si Pitágoras no miente, son casi 1,4 billones, es decir, el cercano 123% de PIB de deuda pública española.

Todo es mareante, pero eso no impide que sea realidad y que no haya que contemplar la magnitud del desafío al que se enfrente, en tiempos de pandemia, la economía española, algo que quizá se escapa a la pareja de baile formada por Adriana Lastra y Pablo Echenique –científico pero que elude cálculos económicos– ocupada, por encargo de Sánchez e Iglesias, por alterar a Casado y Arrimadas y de dar munición a Abascal con su proposición en el Parlamento para cambiar la Ley del Poder Judicial y dinamitar lo que quede –ahora suficiente– de la separación de poderes.

Es una iniciativa que pretende desarbolar a la menguante oposición, pero que enciende alertas europeas que pueden retrasar el maná que esperan en la Moncloa y en Unidas Podemos. Angela Merkel ya envió una alerta a Sánchez que, aunque sea a medio/largo plazo, se enfrenta a una versión de la maldición gitana, porque puedes tener deudas, pero pagarlas te puede arruinar. Y el largo plazo es largo hasta que llega, también para Sánchez, pero siempre llega.

La economía de Baleares, la más afectada por la COVID-19

La economía de Baleares, la Comunidad que preside Francina Armengol, volcada en el turismo, será la que más sufra las consecuencias económicas de la COVID-19, según coinciden todos los estudios y previsiones. Un informe de Ángel de la Fuente para Fedea estima que el PIB de Baleares caerá en 2020 entre un 27,3 y un 30,8%, casi diez puntos más que el canario, frente a una media nacional que oscila entre el 10,6 y el 12% antes de la aparición de la segunda ola de virus.

Los piratas informáticos se ceban ahora con las compañías de seguros

Algunas de las principales empresas españolas del sector de seguros han sido objeto de tremendos ataques informáticos en los últimos meses, que han puesto al límite sus respectivas redes. Primero, casi al final de la oleada primaveral de la COVID-19, los piratas de la red atacaron los sistemas de Mapfre con tal intensidad que la compañía tardó semanas en recuperar la normalidad y todavía sufre las secuelas. Más tarde, al borde del final del verano más atípico quizá de la historia moderna, Adeslas sufrió el embate de los «hackers», del que todavía está pendiente de resolver de forma definitiva, como han podido comprobar sus asegurados. Las dos compañías, no obstante, han podido mantener los servicios de asistencia a sus clientes, pero ahora tendrán que valorar el impacto económico de esos ataques.