Contar parados y trampas en el solitario

El ministro Escrivá ha intentado sacar pecho con el aumento de afiliados a la Seguridad Social en noviembre, pero él mejor que nadie sabe que muchos de ellos son trabajadores ahora en ERTE y muy probablemente en paro en el futuro

El ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá
El ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá FOTO: Europa Press Europa Press

José Luis Escrivá, ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, fue el fichaje del asesor y luego ministro de Rajoy, Álvaro Nadal, elegido para presidir la Airef (Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal), que tantos dolores de cabeza dio a Cristóbal Montoro. Escrivá soñó con gobernar el Banco de España tras Luis Linde y no hubiera rechazado un puesto en el Consejo de Ministros del PP. Cuando percibió que la etapa Rajoy llegaba a su final volvió a acercarse al PSOE, que es en cuyo entorno donde quizá esté más cómodo, aunque su historia –hasta que fue ministro– lo colocaba más cerca del socialismo de Felipe González que del de Pedro Sánchez. A pesar de todo, con fama de economista ortodoxo, lleva la aureola de figurar entre los ministros más consistentes del ahora inquilino de la Moncloa.

Escrivá, desde el entusiasmo de la poltrona ministerial, ha querido sacar pecho y pintar el panorama casi de rosa con el aumento de 31.600 cotizantes a la Seguridad Social en noviembre. Más prudente fue la ministra de trabajo, Yolanda Díaz, mucho más radical, que sin embargo eludió lanzar las campanas al vuelo. Los datos de empleo y Seguridad Social, analizados a fondo –incluye la desestacionalización–, son de los peores desde 2012, cuando se produjo el rescate financiero a las extintas Cajas de Ahorros. La realidad es que a finales de noviembre de 2020 hay 1,2 millones de empleos menos que el año anterior y, en el último mes, se habrían perdido más de 50.000. Desalentador.

Escrivá sabe todo esto, porque es un experto en estos temas, pero prefiere hacerse trampas en el solitario, confiado sin duda en que Pablo Iglesias, por ejemplo, cerrará filas a su lado, porque aceptar la verdad supone admitir un cierto fracaso. Ya lo advirtió Jean François Revel, «la mentira es la primera de todas las fuerzas que dirigen el mundo», mientras que Rudyard Kypling pensaba que «la verdad no suele gustar a las multitudes», esas que Sánchez espera que Iglesias –pase lo que pase– mantenga fuera de las calles mientras el líder de Unidas Podemos siga en el Consejo de Ministros.

La trampa de los datos del paro y la afiliación a la Seguridad Social es tan grosera que repele a la inteligencia. La bajada del paro y el aumento del número de cotizantes se explica porque también han aumentado en 81.800 los trabajadores en ERTE, que ya suman 758.700 en esa situación. Son parados encubiertos, camino de ser desempleados reales. Esta misma semana, un informe del BBVA Research, Fedea y Fundación Rafael del Pino, elaborado por los expertos José E. Boscá, Rafael Doménech, Javier Ferri, José R. García y Camilo Ulloa, apuntaba que «plantean bastantes incertidumbres sobre la capacidad de las empresas para reabsorber a los trabajadores en paro». El mismo estudio también constataba que cada vez hay más trabajadores que compiten «por menos puestos de trabajo», según indica la llamada «Curva de Beveridge», que relaciona los puestos de trabajo vacantes y el desempleo, y en el caso español se aprecia «un aumento del desajuste en el mercado de trabajo y una menor eficiencia en el emparejamiento de desempleados y vacantes».

José Luis Escrivá conoce y entiende todo esto, algo que sería muy aventurado afirmar de la mayor parte de los miembros del Gobierno, con la incógnita del doctor en Economía y Empresa que lo preside. Por eso, una visión positiva de los datos de empleo y afiliación a la Seguridad Social puede ser lo más conveniente políticamente para el Gobierno, pero si no se adoptan medidas, conducirá otra vez a cuotas de paro todavía más inasumibles, que a medio plazo tampoco se podrán paliar con el recurso de más subsidios al mejor estilo populista.

La pandemia ha sido la puntilla, pero antes de que apareciera el bicho, la economía española ya ofrecía signos preocupantes. Nada menos que el 30% de las empresas españolas tenía una «rentabilidad negativa» en 2019, según los datos de la Central de Balances del Banco de España que gobierna Pablo Hernández de Cos, presentados casi al mismo tiempo que se hicieran públicos los de paro y afiliación a la Seguridad Social. Algo no funcionaba como debía en la economía y en el tejido empresarial español y la pandemia, rebrotes incluidos, ha agravado dramáticmente la situación. Ignorarlo es hacer trampas en el solitario.

Presupuestos listos antes de final de año para evitar prórrogas

Cristina Herrero, presidenta de la AIREF (Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal), sugiere retrasar la edad real de jubilación para aliviar las cuentas de la Seguridad Social, que en septiembre gastó 9.911 millones en el pago de las pensiones. Una fórmula similar propone el Banco de España y, aunque no es la solución definitiva, aliviaría bastante las cuentas de la SS y sería la menos dolosa para los pensionistas actuales y también futuros.

Inquietud sobre la economía del gigante chino y su mercado de bonos

Hace un par de semanas, un fondo de inversión chino, Huaxin, suspendió las devoluciones a los partícipes que lo solicitaban. Pasó bastante inadvertido, pero fue una señal de alerta. Ahora, los expertos, como el analista Juan Ignacio Crespo, han detectado preocupación por los «defaults» –impagos, quiebras– en el mercado de bonos chino, que tiene un volumen de emisiones en circulación por un valor equivalente de 15 billones de dólares. Desde principios de año, hasta nueve grandes empresas, como el grupo Huachen, han suspendido pagos. El lunes pasado quebró el Baoshang Bank y, por si acaso, las autoridades inyectaron «inesperadamente» 30.000 millones de dólares en el sistema, una cifra que para China no sería significativa, pero que ha hecho sonar algunas alarmas, aunque sean preventivas.