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Bruselas quiere un Fondo Monetario Europeo

La CE reconoce que hay que cerrar las fisuras económicas entre países

  • Luis de Guindos conversa con el comisario europeo de Asuntos Económicos y Financieros, Pierre Moscovici
    Luis de Guindos conversa con el comisario europeo de Asuntos Económicos y Financieros, Pierre Moscovici
Bruselas.

Tiempo de lectura 4 min.

01 de junio de 2017. 00:30h

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Bruselas. 31/5/2017

«El euro es más que una moneda. Para una continente tan largamente dividido, los billetes y monedas de euro son tangibles y cada día recuerdan la libertad, conveniencia y oportunidades que ofrece la Unión Europea». Con estas palabras comienza el denominado Libro Blanco para profundizar en la unión monetaria y económica. Una introducción que apela a la génesis de la moneda única no como un proyecto exclusivamente económico sino también y, esencialmente, político. «Mantener el estatus quo simplemente no es una opción», aseguró el Comisario de Asuntos Económicos y Monetarios, Pierre Moscovici, al hacer público el documento que traza una senda a corto y largo plazo con aquellos retos que debe afrontar el euro si quiere asegurarse su propia supervivencia. Entre las medidas más factibles a corto plazo, la creación de un presupuesto específico para la zona euro que pueda auxiliar a los países en apuros o un nuevo super ministro de Finanzas. Dentro de los planes que la Comisión Europea propone a largo plazo están un Tesoro europeo, un Fondo Monetario Europeo y la emisión de eurobonos.

Ninguna de estas propuestas suena nueva en Bruselas. Lo que quizás ha cambiado es el momento. En vísperas de la previsible revalidación de Merkel como canciller alemana en septiembre, tras la elección de Macron como presidente de la República y el abandono de Reino Unido del club, Bruselas cree que es hora de abordar los debates pospuestos una y otra vez y pide «determinación política, liderazgo y coraje» con un tono de arenga antes de la batalla poco usual en los anodinos textos comunitarios.

Para abrir boca, el documento recuerda aquellos capítulos de la unión bancaria que no han sido completados. Entre ellos, que el fondo de resolución encargado de las quiebras controladas de los bancos cuente con un cortafuegos lo suficientemente creíble ante otra debacle financiera o un fondo europeo de garantía de depósitos europeo para los ahorradores cuya legislación sigue siendo negociada por los países europeos y la Eurocámara.

Más allá de 2019, Bruselas propone con pies de plomo una primera versión tamizada de eurobonos de baja intensidad en la que no haya una garantía común de los activos. Para contentar a Berlín, que se ha opuesto con fiereza a cualquier paso en este sentido, propone cambiar el estatus que ahora mismo reciben los bonos de deuda considerados como un activo libre de riesgo. Una característica que ha posibilitado que las entidades financieras europeas, sobre todo de los países periféricos, hayan acumulado estos títulos en detrimento de la concesión de créditos. El texto reconoce que una reforma de este tipo podría «potencialmente impactar en la estabilidad de la zona euro en su conjunto» pero se aventura a una reforma gradual que podría incentivar cambios en el perfil de riesgo de los bonos de los Estados.

Dentro de un presupuesto ad-hoc para la zona euro, Bruselas propone de manera eufemística un «mecanismo de estabilización» que de ninguna manera constituya una artimaña para que los países europeos dejen de controlar sus finanzas públicas o realizar las reformas pertinentes. Este mecanismo podría financiar inversiones públicas esenciales de un país que está atravesando un mal momento o , en una de sus acepciones más polémicas, sufragar las prestaciones por desempleo ante ciertas circunstancias.

Dentro de los proyectos de mayor envergadura, la UE confía en que entre los años 2020 a 2025 la zona euro pueda dotarse de un Tesoro propio y un Fondo Monetario Europeo cuyo embrión sería el actual fondo de rescate permanente. La Comisión también propone un super ministro de Finanzas europeo que a su vez pudiera ser el presidente del Eurogrupo, cargo que ahora no cuenta con recursos propios. Francia pretende que este cargo sea desempeñado por el Comisario de Asuntos Económicos y Monetarios pero el documento presentado ayer no otorga más detalles. «Es el momento de poner el pragmatismo antes del dogma. Priorizar la construcción de puentes sobre la desconfianza individual», termina el texto con unas palabras que quizás hayan comenzado a dar un dolor de cabeza a Merkel o convencerle a ponerse manos a la obra a partir del otoño.

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