Opinión

Telecomunicaciones

La reconversión de las «telecos» y por qué necesitamos mercados laborales flexibles

Las empresas europeas de telecomunicaciones han anunciado recortes de plantilla que afectan a alrededor de 80.000 personas

Fachada de la sede de la multinacional española Telefónica, situada en la Ronda de la Comunicación, en el denominado Distrito Telefónica, a 22 de Julio de 2022, en el barrio de Las Tablas, Madrid, (España)Telefónica se ha convertido en el primer operador de telecomunicaciones del mundo en obtener la validación de sus objetivos medioambientales de cero emisiones netas por parte de la iniciativa Science Based Targets (SBTi). 22 JULIO 2022; Ricardo Rubio / Europa Press 22/07/2022
Fachada de la sede de la multinacional española Telefónica, situada en la Ronda de la Comunicación, en el denominado Distrito Telefónica, a 22 de Julio de 2022, en el barrio de Las Tablas, Madrid, (España)Telefónica se ha convertido en el primer operador de telecomunicaciones del mundo en obtener la validación de sus objetivos medioambientales de cero emisiones netas por parte de la iniciativa Science Based Targets (SBTi).22 JULIO 2022;Ricardo Rubio / Europa Press22/07/2022Ricardo RubioEuropa Press

 Telefónica ha planteado un ERE que afectará a aproximadamente un tercio de su plantilla: 5.124 trabajadores. Y aunque a algunos pueda resultarles tentador responsabilizar al gobierno PSOE-Sumar de semejante recorte, lo cierto es que se trata de un fenómeno que tiene raíces mucho más profundas y que desborda las fronteras españolas. Y es que el modelo de negocio de las «teleco», las grandes compañías tradicionales de telecomunicaciones , está muy seriamente tocado con la digitalización, la progresiva comoditización de los datos y la creciente competencia sectorial.

Las «teleco» no han sabido reconvertirse para, en medio de este nuevo escenario tecnológico, mantener sus pingües ganancias de antaño (tampoco queda claro que hubiese alguna forma de hacerlo). Y todo apunta a que el futuro será peor que el presente. Baste constatar, por ejemplo, que el valor bursátil de Telefónica hace quince años era cuatro veces superior al actual; o que las «telecos» europeas han anunciado recortes de plantilla que afectan a alrededor de 80.000 personas.

El ajuste es general e inevitable a menos que esas compañías sean capaces de volver a generar suficiente valor como para justificar el mantenimiento de cifras de empleados tan desproporcionadas. Todo lo cual debería recordarnos por qué necesitamos mercados laborales flexibles que, como mucho, protejan al trabajador pero nunca al puesto de trabajo. Incluso empresas que fueron completamente predominantes hace décadas, necesitan iniciar ahora su travesía por el desierto de la reconversión.

Si impidiéramos ese cambio en sus plantillas –o, peor todavía, si subsidiáramos indefinidamente la preservación de esas plantillas–, solo bloquearíamos la búsqueda de nuevas propuestas de valor que resulten más útiles para los ciudadanos (búsqueda que no necesariamente se tiene por qué producir dentro de esas empresas, sino acaso en otras partes de la economía que serán las que terminen reabsorbiendo a buena parte de los trabajadores despedidos). Una economía dinámica es una economía cambiante y una regulación que impida, o encarezca enormemente, el cambio solo conduce a una economía esclerotizada.