Coronavirus

Un adiós sin despedida: Y los ojos más bonitos se cerraron

«Tuvimos la inmensa suerte de disfrutar de nuestra abuela Consuelo hasta los 93 años, pero la mala fortuna de que el coronavirus se la llevara y no pudiéramos darle un último beso», lamenta Sergio, que es uno de los centenares de familiares que estos días han perdido a un ser querido en soledad

Consuelo, que falleció esta semana infectada de coronavirus, junto a sus nietos Jorge (izda.) y Sergio, durante una celebración familiar
Consuelo, que falleció esta semana infectada de coronavirus, junto a sus nietos Jorge (izda.) y Sergio, durante una celebración familiarlarazon

«Cuando pierdes a un familiar, compartes el dolor con tus seres queridos, te apoyas en ellos, te despides de la persona que ha fallecido, acudes a un velatorio, le das un último adiós, pero la forma en la que se ha ido mi abuela...». Así relata Sergio, su nieto, su sufrimiento y el de los suyos. La despedida, que nunca fue tal, de Consuelo, de «la peque», como la llamaba su marido, fue sin el calor de todos sus seres queridos. Tenía 93 años y estaba sana. Hecha un roble. Había resistido estoica a una guerra (la Civil), los años posteriores marcados por el hambre y la dictadura. Sin embargo, fue este virus que ahora recorre el planeta y se cuela por cada rendija el que acabó con su vida.

Falleció el martes, a las doce y media de la madrugada. Murió al lado de una de sus hijas, con la que vivía, y, por eso, ahora, Sergio quiere hacer su pequeño homenaje a la que fue su segunda madre, la persona a la que tanto quería y a quien no pudo darle un último abrazo. El ejemplo de Consuelo es uno de los centenares a los que en estos días tan negros nos enfrentamos sin poder de creerlo. Y ellos, los ancianos, los abuelos, están en el ojo del huracán. Porque este maldito virus se ceba con los más débiles, y ellos, los que forman parte de nuestra memoria histórica, los que nos han enseñado y dado vida se alejan de nosotros de manera irremediable.

«Tuvimos la inmensa suerte de disfrutar de mi abuela 93 años, pero la mala fortuna de no darle un último beso. Ni un abrazo. Tampoco a mi tía, con la que vivía. No hemos podido juntarnos ninguno de la familia para llorar juntos. Las medidas excepcionales en las que nos encontramos no nos lo han permitido», explica este abogado de 28 años. Él tuvo la iniciativa de enviar una carta de despedida al programa de Carlos Alsina de Onda Cero. El propio locutor la leyó emocionado en antena y Sergio orgulloso de que fuera éste periodista quien hiciera su particular recuerdo a su abuela. «Lo hice porque cuando voy en el coche con mi padre siempre llevamos puesto el programa de Alsina y para nosotros fue muy importante lo que hizo, él es el periodista preferido de mi padre», asegura.

Este joven madrileño confiesa sentirse como en una película, «es todo surrealista», apunta. Han realizado, lo que el denomina «un velatorio en remoto», porque tampoco ha podido acompañar a su padre en la pérdida de su progenitora. Tampoco ha podido compartir tristeza con sus hermanos. Es Ana, su novia, con la que ahora hace cuarentena, con la única que ha podido desahogar su rabia. «Es difícil tratar de continuar con tu vida, no se puede pasar página, todo son recuerdos y la impotencia de no poder hacer nada, encerrado en casa, hace el dolor más grande», añade.

Y precisamente para que ella, «los ojos azules más bonitos de Madrid», siempre esté presente él quiere compartir lo 93 años felices que dedicó a los suyos. «Era una mujer alegre, que tuvo un matrimonio muy feliz con mi abuelo Luis. Él era una persona muy sociable y muy bromista, nos tomaba el pelo a todos. Sin duda, el líder de la familia. Se conocieron de jóvenes en el centro de Madrid, en la calle Sevilla. Mi abuelo tenía una tienda de bombones: ‘‘La bombonera”, y muy cerca trabajaba mi abuela en una cafetería. Ella siempre decía que tuvo mucha suerte con su marido, que era muy bueno y muy cariñoso. Les recuerdo viendo la tele dándose la mano», relata.

Presumida hasta el final

También dice que era una mujer «muy presumida» y que a todos los hijos y nietos («La peque» deja cuatro hijos, nueve nietos y 4 bisnietos) «nos hacía mucha gracia que aún a estas edades se preocupara siempre de estar arreglada. En especial estaba siempre atenta de tener las uñas pintadas y pedía a las nietas e hijas que se las pintasen». También era buena cocinera, todos huelen aún el aroma de sus guisos y el sabor de sus creaciones culinarias, en especial su plato estrella: las croquetas.

«En Navidades siempre estábamos ansiosos de que la abuela llevara su bandeja de croquetas. Nos peleábamos todos por comer una más». Precisamente fue hace tres meses, durante las fiestas navideñas cuando todos se reunieron. «Quién nos iba a decir que aquella sería la última vez que íbamos a estar juntos. Sabíamos que era mayor, pero estaba fenomenal, solo tomaba Sintrom», apunta el joven abogado.

Pero llegó la desgracia. Una de las cuidadoras de Consuelo, que tiene 36 años, llevaba días con neumonía, pero por aquel entonces nadie suponía que pudiera haber contraído el virus ni las autoridades habían alertado de ello. De haberlo sabido ella nunca habría estado en contacto con Consuelo. Es más, según nos relata su nieto, la cuidadora todavía permanece ingresada en un hospital de la capital. La abuela no quiso darlo importancia, «ella siempre tenía una fuerte capacidad des superación y salía de todas. De hecho, cuando murió su marido, mi abuelo, hace cuatro años lloró, mucho, pero rápido se rehizo para que todos la viéramos bien. Ella siempre fue para todos los nietos una lección de vida, pese a todos los bandazos que pudiera dar la vida».

Velatorio remoto

Narra Sergio que ellos dos tenían una relación muy especial, ya que a él le cuidó cuando era pequeño. «Al parecer no quería ir a la guardería, no paraba de llorar y mis padres no tuvieron más remedio que dejarme a su cargo cuando ellos iban a trabajar. Me llevaba al parque, me columpiaba... y últimamente me decía que, pese a que la memoria le fallaba a veces, mi nombre nunca lo olvidaría». Se emociona mientras evoca sus recuerdos y comenta que su padre la ha telefoneado para explicarle que el cuerpo de su abuela aguarda para ser incinerado. «Al parecer están saturados y lo que han dicho es que dentro de unos 15 días nos avisarán para recoger las cenizas. Nosotros las llevaremos cuando podamos al cementerio de La Almudena, para que descanse junto a los restos mortales de mi abuelo, es lo que ella habría querido».

Este madrileño también tiene un mensaje para todas las personas que se encuentran en la misma situación que él: «Creo que en cierto modo, las instituciones nos han dejado de lado y más aún las personas más vulnerables. Es lógico que se atienda a un sistema de prioridades, que los jóvenes son los que deben sobrevivir, pero deberían de haberlo hecho mejor para que no tuviéramos que vernos en la tesitura de elegir», reivindica.

En su interior hay una mezcla de dolor, rabia y tristeza. Y antes de acabar nuestra conversación nos hace llegar una imagen de su abuela junto a su hermano y a él: «Esos ojos nunca los olvidaremos. las guerras siempre se llevan consigo a los más débiles. Saldremos de esta, pero el precio que hemos pagado será demasiado alto», reflexiona. Eso sí, los recuerdos siempre perdurarán.