El PSOE frena a Iglesias y convoca al PP in extremis para las conclusiones de la Comisión de Reconstrucción

El Gobierno ningunea la petición del lunes de Casado de negociar el texto para apoyarlo

Moncloa se comporta como si quisiera que el PP votara hoy en contra del decreto de «nueva normalidad». Los partidos siguen sometiendo las invocaciones de los agentes sociales al consenso frente a la crisis económica a la táctica estrictamente partidista. En un juego de apariencias y postureo que sólo tiene como fin enmascarar el pulso real por ver quién deja peor al contrario ante la opinión pública, cuando en realidad no hay ningún compromiso con una política de Estado que supere la confrontación izquierda-derecha.

Así está quedando en evidencia con la tramitación parlamentaria del decreto de «nueva normalidad», que hoy se aprueba. Con el prólogo del fuego dialéctico que una vez más intercambiaron ayer el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el líder de la oposición, Pablo Casado, por la tarde desde Génova informaban de que seguían a la espera de que el Gobierno, Sanidad, atendiese la llamada de la ex ministra Ana Pastor para negociar el «sí» del PP al decreto. El Gobierno no necesita los votos, y en el juego político les puede interesar más que el PP se coloque al lado de ERC en la votación que un apoyo que desmonte su argumentario de que los populares están utilizando la crisis sanitaria y ahora económica para intentar «derrumbar al Gobierno».

A las nueve de la noche, apurando los plazos, se confirmaba una reunión entre las dos partes: Ana Pastor y Guillermo Mariscal, por el lado del PP; y por el lado socialista, el secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, José Antonio Montilla, los diputados Rafael Simancas y Adriana Lastra, y Félix Bolaños, secretario general de Presidencia. La reunión sirvió para que se intercambiaran las conclusiones de los dos grupos sobre la comisión de reconstrucción, y se emplazaron a seguir hablando en los próximos días. La salida más fácil es un acuerdo de mínimos. Destaca que en la delegación del PP siga estando fuera la portavoz en el Congreso, Cayetana Álvarez de Toledo.

El diálogo no está funcionando como debería, aunque las dos partes hagan invocaciones al mismo en público. Casado lleva días ofreciendo su «sí» al decreto de nueva normalidad, a cambio simplemente de que el Gobierno les haga un mínimo gesto de reconocimiento y se siente a hablar con ellos de tú a tú, como ha hecho con Ciudadanos, con 10 escaños. El PP es el líder de la oposición por escaños y votos. Este gesto no se ha producido. Ayer en la comisión de Sanidad, el ministro, Salvador Illa, remitió expresamente al PP al diálogo que ya está en marcha en el ámbito autonómico y entre los grupos parlamentarios en la comisión de reconstrucción, que cierra ya sus conclusiones. Éste será otro termómetro de la voluntad de acuerdo entre Gobierno y PP. A la pregunta directa de dónde y cuándo se sentaban a negociar, ésa fue la respuesta de Illa, lo que dejó la impresión de que no iban a hacer movimiento alguno. La sorpresa fue la citada reunión a última hora.

Este escenario coloca a Casado ante la situación de tener que tomar una decisión sobre el sentido del voto más por razones de forma que de fondo. El «no» al decreto sería probablemente caer en la trampa que les está planteando Moncloa, pero, al mismo tiempo, un voto afirmativo es tanto como asumir que el Gobierno ningunea sus escaños y su representación parlamentaria. Darles lo que han criticado a Cs, el apoyo gratis, o prácticamente gratis. El PP quería vincular la negociación de este decreto de nueva normalidad a la extensión de los ERTEs hasta diciembre, y también a compromisos en el ámbito sanitario que les permitieran colgarse la medalla de mejorar un decreto que reconocen que es «muy flojo». «El texto pactado con Cs sólo se limita a regular la distancia, las mascarillas y poco más», decían de él estos días de atrás.

Casado ha comprometido su «sí» a cambio de una negociación que al menos hasta la hora del cierre de esta edición no se había producido en los términos que él quería. Anoche Génova seguía diciendo que el voto no estaba decidido, pero tampoco tiene tanto margen para desdecirse del apoyo que ha ofrecido. Hay quienes planteaban que la mejor solución era ignorar los desplantes del Gobierno y evitar el «no» con ERC. En cualquier caso, el PP pedirá que el decreto se tramite como proyecto de ley para poder introducir enmiendas. Tiene que agarrarse a esta salida.

En el debate del Ingreso Mínimo Vital, desde el poder territorial popular se extendió la queja de que en la negociación nacional no se hubiera atendido su exigencia de tener control sobre el mismo, como hacen País Vasco y Navarra. Después de que Génova sí diera la batalla en contra del estado de alarma, pese a que este poder territorial no se había opuesto en las videoconferencias con el presidente del Gobierno a su continuidad porque les facilitaba la gestión del confinamiento.