¿Moderación o tibieza? (II)

En estos tiempos se estila referirse a la moderación política como una virtud en sí misma, vinculada a la praxis de los partidos denominados «centristas»; pero es necesario aclarar su concepto para distinguirla de la mera carencia de convicciones sólidas.

Ya Aristóteles en su Tratado sobre la Metafísica la define como «la ciencia de los hombres libres». Es la sabiduría para evitar los excesos pero, al igual que la ética o las virtudes morales de la prudencia y la justicia, no admite estadio intermedio con sus antagonistas. Éste se daría, por ejemplo, entre el frío y el calor, por pertenecer ambos al género de la temperatura; pero no entre el bien y el mal, la verdad y la falsedad, que pertenecen a géneros del ser diferentes.

La ética y la virtud moral nos impulsan a asumir riesgos, buscar la excelencia, ser creativos…; en una palabra, a salir de nuestra área de comodidad para hacer lo correcto y no lo que piensa la gente, y no caer en la tibieza, que no moderación. A los tibios les habla el Libro del Apocalipsis: «Ojalá fueras frío o caliente, pero como eres tibio, te vomitaré de mi boca».

Esta tajante sentencia se podría aplicar a algunas posiciones políticas «ni de izquierdas ni de derechas». Su «centrismo» oculta una absoluta tibieza, que no es sino mediocridad revestida de aparente moderación. Y los ciudadanos lo perciben y emigran hacia latitudes políticas calientes o frías.