Un año sin Eleazar: “La familia quedó rota pero se está haciendo Justicia”

El joven, con un 75% de discapacidad, fue a ver a la Selección Española en el estadio del Gijón pero murió tras ser reducido por los vigilantes de seguridad

8 de septiembre de 2019. Hace justo un año. La Selección Española de Fútbol celebra un encuentro amistoso con la Selección de las Islas Feroe en el campo de El Molinón de Gijón (Asturias). El coronavirus aún no ha llegado a nuestro país y los estadios de fútbol están a reventar. En los asientos 8, 15 y 16 de la Tribuna oeste del “templo” del Sporting de Gijón se encuentran Eleazar García, su primo y su padre, que tratan de inmortalizar cada detalle haciendo vídeos con el móvil. Ramos calienta apenas a unos metros de distancia y el partido está a punto de comenzar: al fin veían a la Selección en casa. Habían estado guardando esas entradas como oro en paño y Eleazar, el más niño de todos, estaba pletórico. Pero la idílica jornada acabó en tragedia.

En un momento dado del partido Eleazar, un chico de 30 años con una discapacidad reconocida del 75%, salió del estadio y ya no volvería a entrar. En cuanto notaron su ausencia, sus familiares dieron la alerta a un agente de seguridad que vigilaba las gradas, describiendo las características del chico (metro noventa, polo fucsia y una discapacidad apreciable) pero probablemente el mensaje no fue difundido por los canales correctos. O, si se difundió, desde luego no llegó a quienes iba dirigido. Porque los propios compañeros de seguridad estaban teniendo problemas en los tornos justo con el chico desaparecido. Se produjeron entonces una serie de hechos que están siendo investigados por la titular del Juzgado de Instrucción número 2 de Gijón. Eleazar trató de entrar al estadio, se lo impidieron y, entre los agentes de Prosegur primero y los de la Policía Local después, le redujeron y esposaron en medio de un clima de violencia, según testigos presenciales, que observaron cómo al chaval “le cogían del cuelo y le daban patadas en las piernas”.

El sofoco de Eleazar ante el trato violento derivaría en una parada cardiorrespiratoria en el centro de salud al que fue conducido más tarde. Su padre y su primo aún le buscaban en las inmediaciones de El Molinón pero los responsables de seguridad del centro ya tenían constancia de este hecho. Cuando sus familiares llegaron al ambulatorio Eleazar ya estaba muerto. Un año después de todo, la familia solo habla de Justicia.

“Afán de silenciarlo”

“Por si tragedia en sí misma no fuera suficiente, nos ha sorprendido a lo largo de estos meses darnos cuenta de que había un afán por silenciarlo”, explica su tío Diego a LA RAZÓN, que considera que ha sido todo “muy ruin”. Al parecer, da la casualidad de que el lugar donde ocurrieron los hechos violentos se trataba de un ángulo muerto y las cámaras de videovigilancia del estadio no grabaron nada. Para los García, familia humilde de vendedores ambulantes asturianos y de etnia gitana, si el perfil del fallecido hubiera sido otro “el caso probablemente habría tenido otra repercusión”.

Sin disculpas

Y es que, un año después de los hechos, los familiares de Eleazar siguen esperando al menos una muestra de cariño, un mensaje por parte de la Federación, el Sporting de Gijón, el Ayuntamiento... “Nadie ha pedido disculpas”, recalca Diego, que insiste en que “somos gitanos pero no vamos a tomarnos la Justicia por nuestra mano. Creemos en el perdón y en la Justicia. Y aún no hemos visto ninguno de los dos”. Pero lejos de querer vengar la injusta muerte de Eleazar y a pesar del desprecio posterior que han notado por parte de instituciones y entidades, la familia admite que no ve intencionalidad en causar ningún mal al chico. “Su muerte les habrá pesado, seguramente, pero se han cometido unos hechos execrables y las personas que han sido responsables tienen que pagar por ello. Es así”. “No vamos contra ningún gremio, como se ha dicho. Ni contra los vigilantes de seguridad ni contra los policías, pero si alguien ha tenido responsabilidad en la muerte de Eleazar, debe pagar por ello. Aquí todos somos iguales ante la Ley”. Diego asegura que sí ha sentido racismo: “no al cometer el crimen pero sí después” e insiste en su confianza en el procedimiento que se está llevando a cabo en el juzgado de instrucción de la ciudad asturiana. Su representación letrada corre a cargo del despacho jurídico de Marcos Gracía Montes, a quien la familia de la víctima quiere agradecer “no solo su profesionalidad sino también su calidad como persona”. También se han sentido muy apoyados a lo largo de este año por gente como Juan José Cortés (padre de la niña Mariluz Cortés), Ismael Cortés (diputado de Podemos por Tarragona) y la Iglesia Evangélica de Filadelfia y especialmente a la dirección del Consejo de Ancianos. “Han sido meses muy duros y ellos han estado ahí”, confiesa Diego. Pronto, se hará justicia para Eleazar y la familia podrá cerrar una parte de este doloroso proceso.