Vuelve la guerra: Ferraz acusa a Page y Vara de trabajar para el PP

El entorno de Sánchez acusa a Page y a Vara de hacer el juego al PP. El líder de Castilla-La Mancha: «Lo de Bildu no tiene un pase»

El apoyo explícito de EH Bildu a los Presupuestos Generales del Estado ha causado un auténtico terremoto en el PSOE. Las placas tectónicas del socialismo, escenificadas en sus diferentes sensibilidades han vuelto a chocar a cuenta de la idoneidad de los socios de los que el Gobierno se ha cogido de la mano para transitar la legislatura. Existe un profundo malestar que lo recorre todo. En Moncloa con Pablo Iglesias, tal como publicaba ayer este diario, por la escenificación pública e «innecesaria» de una alianza con los abertzales que les ha otorgado todo el foco mediático, cuando ni siquiera sus votos son decisivos. Entienden, en el sector socialista del Gabinete, que el vicepresidente ha concedido deliberadamente a Bildu una relevancia que no les corresponde en la negociación, para su cruzada de arrinconar a Ciudadanos, y con ello ha generado como daño colateral que se vuelva a cuestionar el papel de los abertzales, ahora que se estaba normalizando su presencia en democracia.

La polémica no es nueva. En el seno del PSOE se reproduce con cierta asiduidad cada vez que los independentistas –ya sean vascos o catalanes– reclaman su cuota de poder sobre el Gobierno, haciendo valer sus apoyos imprescindibles. Ocurrió en diciembre de 2015 cuando los barones territoriales impusieron a un Sánchez sin legitimidad dentro de su partido que no pudiera intentar una mayoría alternativa a la de Mariano Rajoy con las formaciones que no defendían la unidad de España. Pero este Partido Socialista ya no es el de hace cinco años, cuando Sánchez recuperó las riendas de la formación en 2017 se blindó de tal manera que barrió la contestación interna y llegó a La Moncloa, vía moción de censura con ERC y Bildu, sin oposición. No obstante, tanto entonces como en la investidura tras las elecciones del 10-N, el contacto con los abertzales incomoda en el PSOE y se ha dejado que sea Podemos quien allane esa vía.

Al malestar de Moncloa con Iglesias se suma también el que tienen con los autodenominados barones socialistas. Las críticas públicas que presidentes autonómicos han vertido sobre el apoyo de los abertzales han tensionado las relaciones una vez más. Guillermo Fernández Vara fue el primero en elevar la voz, deslizando que esta situación le producía náuseas y ayer fueron otros líderes como Emiliano García-Page o Susana Díaz los que también cuestionaron la decisión. En concreto, el presidente de Castilla-La Mancha consideró que «lo de Bildu no tiene un pase» y acusó a Pablo Iglesias de hacerles «comulgar con ruedas de molino» y asumir un «peaje muy doloroso». Las palabras de Page asegurando que ve con preocupación como Podemos «nos marca la agenda y nos está llevando una esquina del tablero político que está muy fuera del sitio habitual de las grandes mayorías del PSOE» se asimilan con las que pronunció horas después el líder del PP, Pablo Casado, señalando que es Iglesias quien maneja los hilos del Ejecutivo.

El enfado del Gobierno viene por esta vía, pues consideran que los dirigentes socialistas le están haciendo un flaco favor al Ejecutivo y que con estas críticas a quien le hacen el juego es al PP. Entienden que estos pronunciamientos van contra la estrategia trazada por Moncloa en la que se resta importancia a los aliados y se hace hincapié en los contenidos. «Lo que importa es el para qué y no con quién», aseguran insistentemente. En el PSOE reivindican que el objetivo prioritario es que los Presupuestos salgan adelante y creen que, con estos posicionamientos, sus propios dirigentes se alinean con la estrategia de desestabilización de la oposición. En Ferraz se muestran, además, muy dolidos con el tono utilizado por sus compañeros y ponen el foco especialmente en Fernández Vara, que ostenta el cargo de presidente del Consejo de Política Federal del partido, y que generalmente ha mostrado una actitud más conciliadora en estas cuestiones que otros líderes como Page o Lambán, aunque comparta con ellos el fondo.

«Hay alternativa»

De hecho, el presidente de Aragón fue el primero en abrir la espita, aunque en este caso sobre el apoyo de ERC, a quienes consideró unos «aliados inquietantes», mientras que Ciudadanos son unos socios «más tranquilizadores». Y he aquí el hecho diferencial respecto a otras situaciones en las que se recurrió al apoyo de los separatistas. En anteriores ocasiones, el PSOE argumentó que abrazarse a los independentistas había sido casi una obligación, porque a ello le habían forzado el PP y Ciudadanos por sus reiteradas negativas a facilitar un Gobierno que no dependiera de estas formaciones. Ahora, sin embargo, la formación de Inés Arrimadas está dispuesta a prestar sus votos al Ejecutivo para aprobar las cuentas y lo que se critica es que, teniendo esta vía abierta, se opte deliberadamente por la de los partidos que quieren atentar contra la unidad nacional. «Ahora hay alternativa», se lamentan.

De hecho, en Moncloa no tienen previsto romper las negociaciones con Ciudadanos, a pesar del movimiento de Iglesias para intentar excluirles de la ecuación. La maniobra coordinada con ERC y Bildu para crear un bloque sólido de investidura que les garantice a todos la imprescindibilidad en los próximos años ha sido demasiado burda y Ciudadanos tampoco está dispuesto a ceder su lugar en la mesa de negociación.

La «mano tendida» de Arrimada sigue ahí y el Gobierno no está considerando soltarla, al menos de momento, en previsión de la inminente convocatoria de las elecciones catalanas en las que tanto Ciudadanos, como Esquerra, como En Comú se juegan su futuro inmediato en Cataluña. Y, entre tanto, Sánchez se hace fuerte, porque «cuando uno tiene vocación, se vencen todas las dificultades, y con ellas, te creces», dijo en un acto en Pamplona