España

Giro a la derecha de largo recorrido
Moncloa y el PSOE se empeñaron en hacer del Gobierno, de la Comunidad y de la ciudad el objeto de una campaña de insultos
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En las primeras elecciones en las que se juzgaba seriamente la catastrófica gestión de la pandemia por la coalición sancho-podemita, los resultados son inapelables. La derrota (dan ganas de escribirlo con mayúscula, como el «Desastre») es de orden histórico. Sólo se salvan, en un gesto de suprema ironía, los camaradas depurados por Pablo Iglesias, que además no han participado en el Gobierno central. La derrota de los progresistas lleva aparejada una gran victoria de la derecha.

En parte, esta victoria ha sido fruto de la inopia de Moncloa y del PSOE, al empeñarse en hacer del Gobierno, de la Comunidad y de la ciudad –es decir de los madrileños– el objeto de una campaña de insultos y desprecios. Los madrileños –todos– les estaban esperando desde antes de que Isabel Díaz Ayuso convocara las elecciones: ha sido el momento adecuado para expresarlo como los madrileños querían hacerlo.

De ahí la participación, letal para el progresismo. En Madrid, la polarización siempre ha beneficiado a la derecha, y la derecha, en este punto, se ha limitado a sentarse a ver cómo los social podemitas se empeñaban en una táctica autodestructiva.

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Aun así, había que manejar con sensatez esta oleada. Y la derecha lo ha hecho con habilidad. Para empezar, no se han producido escaramuzas, menos aún grandes enfrentamientos, entre PP y Vox. Cada partido ha jugado en un terreno, y ha conseguido que en vez de restar, la derecha sume. Es toda una lección para lo que viene, que los dos habrán de tener en cuenta.

Por otro lado, Vox ha resistido a las consecuencias de su propio éxito. Y es que el éxito de Díaz Ayuso, que la presidenta se ha ganado en muy buena medida por su audaz y valiente actitud ante la pandemia y la crisis económica, también se debe, en buena medida, a haber sabido incorporar una parte importante de la propuesta de Vox.

Desde el llamamiento épico a la resistencia contra el comunismo, al tono de matices libertarios de las propuestas económicas, pasando sobre todo por el enfrentamiento directo con el sancho-podemismo, Díaz Ayuso ha comprendido que se necesita algo más que el tono tecnocrático para vencer al progresismo.

Y sobre todo, que es imprescindible elaborar un discurso propio, ajeno a los clichés y a las ocurrencias de la izquierda que han dominado la vida cultural española en los últimos cuarenta años. Entre Cristina Cifuentes y Díaz Ayuso, media Vox. Habiendo dejado atrás la sumisión al discurso de la izquierda, Díaz Ayuso se ha instalado en la confrontación y la movilización de los suyos con una actitud propia. Ha desaparecido el miedo a movilizar a la izquierda que durante décadas ha paralizado a la derecha. Y lo que se ha movilizado es un nuevo voto, joven, que utiliza las urnas para afirmarse y echar del poder a quienes los detestan.

Aun así, otro dato interesante es que Vox ha conseguido no dejarse absorber por una campaña tan arrolladora y una popularidad tan extraordinaria como la conseguida por Díaz Ayuso. El electorado de Vox ha permanecido fiel a sus preferencias de hace dos años y no se ha dejado seducir por un PP que, por su parte, ha cambiado mucho, mientras Vox permanecía donde estaba.

Esto impide, en buena medida, que los datos de Madrid se puedan trasladar fácilmente a otras autonomías o a unas elecciones nacionales. A menos –salvo Galicia, que funciona como una Comunidad Autónoma al margen de las demás, al estilo de Cataluña y el País Vasco– que en esas otras partes de España aparezcan opciones o candidatos similares a lo que Díaz Ayuso representa. Quizás esta sea la auténtica dimensión nacional de las elecciones en la derecha.

Para el futuro de la derecha, por tanto, se pueden augurar cambios importantes, y fructíferos, si se saben sacar las consecuencias de lo que ha ocurrido en Madrid. No es fácil de trasplantar la irritación de los madrileños ante un Gobierno que ha hecho lo indecible posible para humillarlos.

En cambio, no es demasiado arriesgado suponer que la elaboración de un discurso y una actitud propios puedan llegar a producir situaciones como aquella a la que estas elecciones han dado lugar en Madrid. Además, hundida la regeneración por la izquierda, todo el deseo de cambio –de libertad, de respeto, de autonomía, de dignidad– se concentra en la derecha, que tendrá que responder a esta demanda con criterio y sin miedo al choque dialéctico e ideológico. En este sentido, la resistencia de Vox en Madrid sugiere unos buenos resultados en el resto de España. Los del PP, animados por estas elecciones, no tienen por qué ser peores.

En el fondo, el éxito cosechado por el PP y Vox a través del nuevo PP señala un camino de colaboración en profundidad y de largo recorrido. Habrá que encontrar fórmulas originales que permitan rentabilizar esa colaboración sin, por ahora, perder la singularidad de cada formación.