Exteriores prepara el viaje a Rabat para sellar la paz

Marruecos acoge con satisfacción la «cabeza» de Laya y habrá más gestos

El nuevo ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, José Manuel Albares
El nuevo ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, José Manuel AlbaresJavier LizonEFE

El paquete de auto rectificaciones del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, incluye también Marruecos. En esta nueva etapa se abre camino la tesis de aquellos que en los momentos más duros de la última oleada de migrantes llegados a Ceuta susurraban a Moncloa advertencias sobre «la inconveniencia del enfrentamiento con Rabat», incluso aunque utilizara a su población como escudos humanos para protestar contra la acogida en España, por motivos humanitarios, del líder del Polisario, Brahim Ghali, gravemente enfermo por Covid.

A través de la interlocución indirecta con las autoridades marroquíes, que se ha manteniendo abierta utilizando canales socialistas, a Moncloa le consta que en Rabat están muy contentos con la «cabeza» de la que hasta ahora era ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya. Fuentes solventes aseguraron ayer a este periódico que «con pocos gestos más que se hagan, se recompondrán fácilmente las relaciones». En medios gubernamentales apuestan incluso por un viaje cercano del nuevo ministro de Exteriores, José Manuel Albares, a Rabat.

Las expectativas son altas y en la puesta en escena de este relevo la diplomacia española ha cuidado hasta el mínimo detalle de esa presentación, en bandeja de plata, del cese de Laya. Así se pudo comprobar el lunes en el discurso de toma de posesión de su cargo del nuevo ministro Albares, en el que abundó en los guiños hacia Marruecos. «Hay que reforzar las relaciones con Marruecos, gran amigo y vecino del Sur».

Laya era para Rabat un pago indiscutible por parte del Gobierno español, después de que ella hubiera apostado, en contra del criterio de otros ministros, a favor de la acogida en España de Brahim Ghali. En los momentos más duros de la crisis el presidente del Gobierno respaldó a su ministra, aunque, al mismo tiempo, tuvo que reaccionar con contundencia en la movilización de las Fuerzas de Seguridad del Estado para proteger la frontera española y atender el grave problema humanitario que colapsó la ciudad autónoma.

El alcance de las consecuencias no lo midieron bien. Aunque el problema de fondo esté ligado a la cuestión saharaui, desde el ámbito diplomático se hizo llegar a Sánchez que la gestión estaba siendo un grave error, que le iba a exigir entregar a su ministra como primer paso para intentar recomponer las relaciones. Su relevo ha sido visto como una señal de apaciguamiento, y abre la puerta a esta recomposición de relaciones que Moncloa quiere sellar con un rápido viaje del ministro de Asuntos Exteriores para entrevistarse con su homólogo alauí.

El presidente del Gobierno también tiene una visita pendiente a Marruecos que se ha aplazado en varias ocasiones, después de que en 2018 rompiera con la tradición de que el primer viaje oficial de una nueva Presidencia fuese a ese país. La diplomacia ya valoró entonces aquel gesto de «error descomunal».

En este Gobierno de la rectificación Sánchez admite implícitamente que se equivocó al ajustar la postura en la política exterior con respecto a Marruecos al pacto de Gobierno entre el PSOE y Unidas Podemos. Otro cambio radical de esta Legislatura ha sido la postura de España con respecto al Sahara, coincidiendo con un fortalecimiento de Marruecos después de las últimas políticas de Donal Trump.

Esta revisión es sólo una puntada dentro del plan más global de enmienda que Sánchez cree que necesita ejecutar para sobreponerse al ataque de pánico por el desgaste que le echan encima las encuestas. En realidad, los cesados, empezando por la ya hoy ex ministra de Asuntos Exteriores, no fueron más que ejecutores de sus instrucciones. Pero en el borde del precipicio al líder no le queda más salida que la de asaltar su Gobierno para después proceder al asalto del PSOE.

El primer examen de esta nueva reinvención del «sanchismo» serán las próximas elecciones autonómicas andaluzas, donde el PSOE tiene mucho que trabajar para dar la vuelta a las encuestas que aseguran desde hace meses que el PP será el partido más votado.

Un nuevo mal resultado electoral del PSOE sólo serviría para confirmar la expectativa de un cambio de ciclo en España que puede llevar al PP a Moncloa, con el apoyo imprescindible de Vox, al menos según lo que dicen hasta ahora todos los sondeos.