Juanma Moreno, el cambio tranquilo

El presidente de la Junta de Andalucía heredó de Arenas una organización «sevillista» que le ponía piedras en el camino

Juan Manuel Moreno Bonilla, presidente de la Junta de Andalucía
Juan Manuel Moreno Bonilla, presidente de la Junta de AndalucíaPlatónLa Razón

Tiene encima todas las miradas políticas sobre su calendario electoral. Pero Juan Manuel Moreno Bonilla, presidente de la Junta de Andalucía, analiza con serenidad y calculado tacto el horizonte. Sabe bien que existen algunas claves decisivas: en el plano internacional y en el nacional. En el primero, las elecciones en Alemania en septiembre que configuran un nuevo Gobierno en Europa absolutamente clave para el reparto de los fondos europeos. En el segundo, los dos grandes cónclaves en otoño de los principales partidos: el Congreso Federal del PSOE y la Convención Nacional del PP. En medio de todo ello, nadie que visite estos días Andalucía puede dejar de asombrarse por una vitalidad y prosperidad económica sin precedentes. Juanma Moreno, un hombre sensato y prudente, ha protagonizado un cambio histórico sin ruidos, sin estridencias. Un cambio tranquilo para cerrar cuarenta años de socialismo y, donde antes hubo corrupción, ERES y subvenciones turbias, hoy existe una excelente gestión económica y una sólida confianza empresarial. Es la suya una tarea casi inimaginable, es el líder del cambio tranquilo y estable.

Juanma Moreno Bonilla observa con esa serenidad todas las presiones para un adelanto electoral, algunas muy fuertes desde su propio partido, basadas sobre todo en las encuestas que le auguran un resultado muy favorable. «Las encuestas las carga el diablo», dijo un día un experto demóscopo que patinó por los suelos en sus pronósticos. Sin caer en el triunfalismo, en el entorno del presidente andaluz no se plantean, hoy por hoy, un adelanto electoral, reclamado sobre todo por Vox, partido sabedor de que cuanto más tiempo pase sus expectativas pueden aminorarse. El escenario de los actuales socios del PP en Andalucía es muy claro: Ciudadanos está en barbecho, porque el vicepresidente de la Junta, Juan Marín, ya no goza de la confianza de Inés Arrimadas, que apuesta por la consejera de Igualdad, Rocío Ruiz. En Vox, las expectativas electorales no son del todo buenas, por lo que se plantean la bajada andaluza de Macarena Olona. En el PSOE, el nuevo líder y alcalde de Sevilla, Juan Espadas, inicia su andadura de cero sin presencia y escaño en el Parlamento andaluz. Y en las huestes de Podemos, con la facción de Adelante Andalucía de Teresa Rodríguez, la batalla es de campeonato. No hay mucho que temer, de momento.

Con este panorama, Moreno Bonilla quiere culminar una gran estabilidad ligada a la gobernabilidad. Las cifras económicas, el auge del turismo este verano y la gestión de la pandemia, aconsejan no anticipar elecciones, prorrogar los presupuestos actuales si Vox persiste en su boicoteo y, como mucho, plantear un horizonte electoral allá por el mes de mayo o junio próximos. «Eso ya no es un adelanto, sino un cuadro electoral correcto», dicen en el entorno del presidente andaluz. El hombre tranquilo que cuando llegó al Gobierno de la Junta, por vez primera en la historia frente al cortijo socialista, pronunció aquella frase: «El doble pacto es una prueba de fuego». En todo este tiempo, Moreno ha sido un maestro en tejer sabios equilibrios entre su acuerdo de gobierno con Ciudadanos y la alianza con Vox. «Este Gobierno sí cumplirá». Fue lo primero que dijo Juan Manuel Moreno Bonilla al inicio de su primer Consejo de Gobierno en la emblemática ciudad malagueña de Antequera. Aquí, hace más de 40 años, la preautonomía andaluza se estrenaba con un hombre de la transición, Plácido Fernández Viagas, y el actual presidente de la Junta quiso destacar este gesto de recuerdo.

En clave interna, Moreno Bonilla ha conseguido un Ejecutivo equilibrado, con una muy buena gestión económica, liderada por dos consejeros de peso: Elías Bendodo, de Presidencia, y el de Hacienda, Juan Bravo. Auditar las finanzas y la maraña de empresas públicas dejadas por los socialistas, levantar las alfombras de la corrupción que dieron lugar al escándalo de los ERE y promover una auténtica regeneración democrática han sido los principales objetivos de Moreno Bonilla, quien preside por vez primera en la historia un Gobierno andaluz no socialista. Toda una proeza.

A Juan Manuel Moreno Bonilla, un hombre muy calmado, le valoran haber aguantado muchos palos en su vida política. Desde aquel día en que Mariano Rajoy le soltó la frase, «Juanma, tú los has querido», que le consagró como líder del PP en Andalucía, ha soportado lo suyo. Heredó de Javier Arenas una organización «sevillista» que le ponía piedras en el camino sin dar un duro por él. Ahora, es el flamante presidente de la Junta y los aduladores emergen. El palacio de San Telmo se ha abierto a un político que se define «liberal con mucho tinte social». Casado, padre de tres hijos, en un mitin en Torremolinos le cantó a su mujer, la granadina Manuela Villena, algunas emblemáticas canciones como «Cuando brille el sol», del grupo La Guardia. Pese a su apariencia tranquila, en su entorno destacan que no le temblará el pulso para combatir cualquier presión sobre su gestión, asentada en unas cifras económicas y de estabilidad como no se recuerdan en Andalucía.

Juanma Moreno es hijo y nieto de jornaleros del Guadalhorce que emigraron a Barcelona, dónde él nació junto a sus dos hermanas. Ya muy niño la familia regresó a Málaga dónde estudió y llegó a cantar en algunos grupos locales de rock. Su carrera política comenzó en el ayuntamiento de Málaga y allí conoció a Celia Villalobos, quien le ayudó hasta entrar en Nuevas Generaciones del PP, ser diputado en el Congreso y Secretario de Estado en el Ministerio de Sanidad con Ana Mato. Su candidatura a la presidencia de la junta de Andalucía y su llegada al poder marcaron todo un hito en la historia política del PP al arrebatarle el Gobierno autonómico al PSOE de Susana Díaz. De cabeza fría y templada, Juan Manuel Moreno Bonilla es de los que observa con catalejo de miras: «Primero nuestra tierra, pero sin prisas». Es una frase que le gusta mucho decir, y tal vez, advertir.