Opinión

Nuevos viejos proyectos primordiales

Los morados, que no son tontos, saben que están de capa caída

Rebeca Argudo

Inaugurando año y a punto de cruzar el ecuador de la legislatura –si consiguiese esta completarse-, Unidas Podemos lo hace con bastantes de sus proyectos estrella en la lista de las tareas pendientes. Donde yo tengo «empiezo la dieta» y «me apunto al gimnasio», tienen ellos la Ley de la vivienda, la Ley trans, la de libertad sexual o la de diversidad familiar, con la subida del salario mínimo entre otras propuestas.

Algunos de esos planes prioritarios de la formación morada que se han visto pospuestos, y que ya nos habían vendido como cosa hecha, llegan a este año 2022 listos para prestar batalla y poder, con ellos bajo el brazo, presentarse ante la ciudadanía como imprescindibles en este Gobierno patchwork, insustituibles valedores de todo aquello que tiene que ver con materia social y el verdadero sentir del pueblo. Del que vota bien, entiéndanme.

Necesita Podemos recordar que está ahí con mando en plaza ahora que, una vez aprobados los presupuestos generales del Estado, resulta menos indispensable su presencia y, por lo tanto, menos temibles sus berrinchitos. Es importante, pues, que remarque, al menos de cara a todos sus votantes –si no vas a ganar más, al menos no pierdas los que ya tienes–, que no es insignificante en el marcaje de ruta. Y es que no lo tiene nada fácil: con una marca bajo mínimos, tras la escaldada salida de Pablo Iglesias por el revolcón de Isabel Díaz Ayuso en Madrid; unas Ione Belarra e Irene Montero, como dos Thelma y Louise de Aliexpress, incapaces de remontar el vuelo; con Vox en ascenso en todas las encuestas, acercando la posibilidad real de una mayoría de derechas y una Yolanda Díaz –es que montan un circo y les crecen los enanos– encantada de haberse conocido y dispuesta a fundar una nueva nueva izquierda en la que Podemos no fuese más que uno más de entre todos sus componentes.

No les queda otra, con este panorama, que volver a sacar músculo –intentarlo por lo menos– con todo aquello con lo que ya lo hicieron, reciclando granjería. Es decir, vendernos como nuevos logros aquellos viejos proyectos que ya nos fueron presentados como tantos conseguidos, como puntos marcados.

No olviden que la Ley Trans ya se celebró como cosa hecha para el Orgullo Gay. Que la de Libertad Sexual, estandarte chiripitiflaútico de la ministra de Igualdad y conocida como la de «solo sí es sí», ha visto ahora agotado su periodo de enmiendas. Que la ley de protección y derechos de los animales todavía no ha sido llevada al Consejo de Ministros. Puedo seguir. Prepárense, pues, a volver a celebrar conquistas que ya se habían conseguido y que ya se habían celebrado, porque aún no se habían conseguido, pero ahora ya sí, de verdad, o sea, te lo juro.

Son previsibles, en este escenario, las fricciones entre los socios de este Gobierno de coalición. El PSOE cada vez necesita menos a Unidas Podemos y los morados, que no son tontos, saben que están de capa caída. Lo único que les mantiene juntos, como el matrimonio de conveniencia que son, es el afán por agitar el fantasma de la derecha, como asustaviejas enseñando a domicilio la amenaza de, es un poner, treinta años de infierno madrileño extendido a cada rincón de esta España nuestra. Las encuestas, a Sánchez, le dan vidilla. Pero sabe Podemos, cuando apaga la luz de la mesita de noche y antes de cerrar los ojos deja junto al vaso de agua el Manifiesto Comunista prologado por la Ministra Tinder, que ese que duerme a su lado, ese PSOE tan de Falcon y homilías, le hace ojitos a todas. Que ya no le pone como antes. Así que antes de quedarse dormido se recuerda a sí mismo que nadie ha hecho más por la democracia en este país que Pablo, y que Pablo está con ellos en espíritu, que este país les necesita para luchar contra la ultraderecha y defender al pueblo de la casta. «Sal ahí mañana», se dice, «a demostrar quién eres. Y que no note que has llorado. Que no se imagine que ya sabes que has perdido».