Primer aniversario de Podemos sin Iglesias: de las calles a La Moncloa... ¿Y ahora qué?

El partido celebra hoy su octavo cumpleaños, el primero desde la dimisión de Iglesias. Los expertos advierten del desgaste de la marca y de la dificultad de recuperar su caladero de votos de 2015

ASAMBLEA DE "PODEMOS" CON LA ELECCION DE PABLO IGLESIAS COMO SECRETARIO GENERAL.
@ JESUS G. FERIA.
15-11-2014.
ASAMBLEA DE "PODEMOS" CON LA ELECCION DE PABLO IGLESIAS COMO SECRETARIO GENERAL. @ JESUS G. FERIA. 15-11-2014. FOTO: Jesus G Feria La Razón

De la revolución de las sonrisas, los aplausos y las consignas de “sí se puede” que se concentraron en el Teatro del Barrio del 17 de enero de 2014 a entrar en Moncloa con cinco ministros fraguando con el PSOE el primer gobierno de coalición desde la segunda República. La historia de Podemos comenzó a escribirse hace ocho años, aupados por el paraguas del 15-M. Si preguntas a sus protagonistas, o sus contrincantes políticos, responden “solo ocho años...y parece toda una vida”.

Hoy, la mirada es distinta, el partido, impulsado por la desafección política que entonces los llevó a irrumpir en el Parlamento Europeo, o a despuntar en 2015 en las elecciones generales con 69 diputados, camina hacia un punto de inflexión, volver a tocar ese 20% de 2015 o convertirse en una marca residual. El partido se ha enfrentado a pasos acelerados a múltiples ciclos electorales, algo que, según reconocen desde la cúpula morada, “siempre ha acabado desgastándonos” al tener que contar con la maquinaria electoral siempre a punto. Un hecho que les ha alejado, en muchas ocasiones de los territorios, donde la formación no goza de arquitecturas fuertes.

Las encuestas demoscópicas no acompañan al partido minoritario en Moncloa, que desde las últimas elecciones generales ha perdido hasta tres puntos, según la última encuesta de diciembre de NC Report para LA RAZÓN. Unos datos que, unidos a la decadencia electoral del partido desde 2015 a 2019- pasando del 20,6% de los votos al 12,9%- hace que los expertos consultados por LA RAZÓN adviertan de los riesgos de desgaste del partido. Relacionan este hecho con su acelerada época de “eclosión”. Pedro Marfil, profesor en la Universidad Camilo José Cela y miembro directivo de ACOP, explica que los morados “supieron conectar con una parte de la sociedad muy desencantada” con la política. “Hay que reconocerles el mérito de que supieron hacer una muy buena lectura del clima y la preocupación social que había en ese momento”, reafirma. El consultor del Centro Internacional de Gestión y Marketing Político de la Universidad Camilo José Cela, Eduardo González Vega, subraya los logros de Podemos desde su nacimiento –acabar con el bipartidismo y ser actor principal en Moncloa- y cree que la incertidumbre en la que se sume Podemos se debe a que es un partido “sin tradición, ni aparato fuerte, ni despliegue territorial”, claves para el experto para lograr un proyecto duradero.

En estos ocho años, los expertos señalan los que podrían ser los errores que han viciado al partido que llegó para regenerar la política. “Podemos nació para dar respuesta a la crisis. Tuvo el éxito de contar con una sociedad insegura, convencieron con las proclamas de un populismo rancio”, dice Juan Carlos Jiménez Redondo, profesor de Sociología de la Universidad CEU San Pablo, que cree que estas posiciones al llegar al Gobierno “no han funcionado”. “No han cumplido las expectativas porque en el Gobierno no valen propuestas populistas”. Para Vega se ha producido el “efecto gaseoso”, a medida que el proyecto ha ido creciendo. Sobre todo, cuando el “story telling” -lo que se promete- no coincide con el “story doing” -lo que finalmente se ejecuta. “El chalet de Galapagar, los sueldos de los dirigentes, sus procesos judiciales”, son cuestiones que han hecho que “la sociedad se desencante y que el partido pierda apoyo”, explica.

Las cartas jugadas por sus principales dirigentes se aferran ahora a un proyecto de reconversión con el fin de volver a ser ese “instrumento” ciudadano que seduzca a una mayoría suficiente para que, de cara al próximo ciclo electoral en 2024, les consolide en Moncloa. Y es que Podemos celebra hoy su aniversario, muy lejos de adquirir todavía la mayoría de edad, por primera vez sin Pablo Iglesias como líder principal. Su salida del Gobierno y del partido tras el batacazo electoral en el 4-M, situó a los morados en un punto de inflexión. La necesidad de renovación, alejarse del liderazgo hiperpersonalista del ex vicepresidente y de dejar atrás la imagen de partido populista fueron los primeros objetivos del nuevo partido que encabezó la ministra de Derechos Sociales, Ione Belarra, junto a una dirección coral, arropada por la ministra de Igualdad, Irene Montero. Para Vega, “el personalismo de Iglesias siempre ha estado por encima” y ahora, el partido ve como la figura de Belarra “no cuaja como líder” y de ahí el sentimiento de “incertidumbre” a la espera de la decisión de Yolanda Díaz, sobre si su proyecto acabará o no en el nacimiento de un nuevo proyecto político.

En la formación son conscientes de que el liderazgo ejercido por la dirigente navarra no termina de despegar, nueve meses después de su proclamación como líder de Podemos. Es por ello que fían su futuro a la figura de la vicepresidenta segunda del Gobierno, Yolanda Díaz, que se erige como única líder capaz de recomponer el espacio atomizado a su izquierda, en estado de carencia tras las sucesivas luchas de poder que derivan de la era liderada por Iglesias en Podemos. Hasta ahora, ni el cambio de liderazgo en Podemos, ni la promesa de la dirigente gallega de trabajar en “un proyecto de país” ha facilitado al partido mejores pronósticos electorales. Desde la salida de Iglesias, según los datos demoscópicos, los morados continúan con un mínimo 9,9 por ciento en intención de voto.

El reto, ahora, es la supervivencia ya no de la marca, sino del proyecto que ha cerrado filas con la dirigente gallega como única vía de futuro. Los expertos ven más incertidumbres que realidades sobre la nueva plataforma de Díaz. Marfil advierte de que se enfrenta a una coyuntura distinta y recomienda “concretar” con celeridad este horizonte para que el partido se ponga a punto para las próximas elecciones generales. Recuerda, además, de la necesidad de un liderazgo del que, advierte, “no tiene visos ni de acercarse a las cuotas de voto y de simpatía obtenidas por Iglesias. Cree que son “difíciles de repetir” porque “ni la coyuntura, ni la oferta de partidos es la misma”. Se pregunta si Díaz logrará “convencer a una parte moderada, a la izquierda acomodada en el PSOE”. “¿Va a conseguir movilizar al votante más jacobino de Podemos?”, cuestiona. El futuro que augura Jiménez Redondo no es muy alentador. “Podemos está volviendo a esa vieja Izquierda Unida, va camino de la diseminación de su voto”. Sobre su votante tipo cree que el elector de clase media es más fácil de convencer para los morados. “Porque sus medidas no les perjudicarán”. Por tanto, reflexiona el experto, “o se alimenta de las clases medias-bajas que pueden ensanchar su base electoral o quedará reducido al 7-8% que tenía IU”.