La Armada quiere modernizar sus cazaminas y busca robots inteligentes para las misiones más peligrosas

La Escuadrilla de Medidas Contraminas, con base en Cartagena, opera seis buques, algunos en servicio hace ya dos décadas

Visita del rey Felipe VI a la Escuadrilla de Cazaminas
Visita del rey Felipe VI a la Escuadrilla de Cazaminas FOTO: Armada

Si hablamos de buques de la Armada rápidamente vienen a la mente las fragatas llenas de cañones, submarinos furtivos o portaaviones cargados de aviones, pero no son los únicos. Uno de los barcos que suele pasar desapercibido es el cazaminas. No son tan conocidos como los grandes buques de combate, pero juegan un papel fundamental en la guerra naval, tanto, que siempre son los primeros en entrar en escena. Parecen insignificantes, son pequeños barcos y ni siquiera son de metal, sino de materiales compuestos, lo que es una novedad porque hasta hace no mucho eran de madera, pero aun así, o precisamente por eso, pues esos materiales se usan porque no son magnéticos, se enfrentan a uno de los mayores peligros en el campo de batalla naval, las minas. Su misión es clave: abrir camino al resto. Y la Armada quiere modernizarlos.

Uno de los lemas que esgrimen sus tripulaciones dejan muy claro todo esto. Es el mítico “donde va la flota nosotros ya estuvimos”, que habla de su carácter como punta de lanza. La actualización de los cazaminas es un tema que ya se había planteado en la Armada, pero la guerra de Ucrania, el conflicto al que todas las Fuerzas Armadas del mundo miran para saber en qué momento están la tecnología o la estrategia y hacia dónde camina todo, lo ha puesto de nuevo sobre el tapete.

Hechos como las minas aparecidas a la deriva en el mar Negro lanzadas por los ucranianos para frenar a los rusos han puesto la vista en estos buques dejan claro que son armas a la orden del día. Las minas se han demostrado muy eficaces, una sola de estas armas puede cerrar la bocana de un puerto o los canales comerciales durante días y encima son baratas, al menos más que otras armas navales como los torpedos y los misiles.

Para evitar este tipo de situaciones y asegurar la navegación, la Armada española tiene una flota de seis cazaminas, todos con nombres de ríos (Segura, Sella, Tambre, Turia, Duero y Tajo), que entraron en servicio entre 1999 y 2005. Construidos en los antiguos astilleros de Bazán -hoy Navantia-, están integrados en la Escuadrilla de Medidas Contraminas (MCM) con base en el Arsenal de Cartagena. Los cazaminas tienen unas características muy peculiares que los hacen diferentes al resto de embarcaciones de la flota. La principal diferencia quizás está en el casco. Con una eslora de 54 metros, son buques de fibra vidrio (plástico reforzado con vidrio, PRFV), diseñados para resistir explosiones submarinas, mientras que el resto están construidos en acero. Este material evita la atracción de las minas magnéticas que hay en el mercado.

Cazaminas Tambre
Cazaminas Tambre FOTO: Armada

A bordo, estos buques cuentan con robots autónomos para la identificación de minas. La propia Armada destaca que son embarcaciones muy silenciosas con una propulsión muy particular que hace posible navegar a baja velocidad para la detección y girar sobre su propio eje para salir rápidamente de la escena, algo que buques más grandes no pueden hacer.

Aunque se trata de barcos todavía en buen estado, lo cierto es que la tecnología de hoy no tiene nada que ver con la de hace dos décadas y algunos de sus equipos están ya obsoletos, explica el comandante de la Fuerza de Medidas contra Minas, capitán de navío Francisco Javier Ruiz y Ruiz de Cortázar. Por ello, la Armada ya ha redactado un documento que incluye todas las mejoras necesarias para que estos barcos pueden continuar operativos por lo menos otros 15 años más. La idea es efectuar, cuanto antes mejor, una modernización de media vida para hacer ese lavado de cara que necesitan los barcos. El programa está ahora mismo en ‘stand by’, es decir, la Armada tiene claro qué necesita sustituir y ya ha dado el primer paso pero queda lo más difícil, encontrar el dinero para pagarlo. El proyecto está pendiente de aprobación por parte del Ministerio de Defensa y después habrá que hablar del presupuesto.

Uno de los sistemas que hay que renovar es el sonar, el corazón de este buque, un dispositivo que escucha todo lo que hay bajo el mar y detecta cualquier amenaza. Mientras llega la financiación, ya está en marcha en plan para actualizar el conocido como Sistema Integrado de Control de Plataforma, que viene a ser una consola que coordina todos los equipos del barco, y también se ha mejorado el robot submarino Pluto Plus operado por control remoto. En concreto, se ha hecho una actualización e instalado nuevas luces, además de una cámara más moderna.

Robots submarinos con inteligencia artificial

A la vez, la Armada pretende alejar del peligro a su personal. Hoy en muchas ocasiones son buzos especializados los que todavía hacen al final, podríamos decir, el trabajo ‘sucio’ de reconocimiento de la zona donde hay minas e identifican los objetos sospechosos. Esto en un futuro no muy lejano ya no será necesario. La solución pasa otra vez por la tecnología. La idea es comprar robots submarinos autónomos de última generación, dotados con inteligencia artificial que les permita por si solos identificar de forma fiable qué es lo que han encontrado y automáticamente clasificarlo. Esto permitirá sacar al barco y a la tripulación de la zona minada. Solo entraría el robot. También se piensa en la adquisición de embarcaciones de superficie autónomas y, como no, en drones.

Robot autónomo en un cazaminas de la Armada
Robot autónomo en un cazaminas de la Armada FOTO: Armada

La Fuerza de medidas contra minas (FMCM) no está ni mucho menos de brazos cruzados. Ya mantiene contactos con algunas empresas, destaca el capitán de navío. Por ejemplo, en el ejercicio Spanish Minex, las principales maniobras del año, celebradas recientemente en aguas de Baleares, participó el dron Airfox de la gallega Marine Instruments en misiones de búsqueda de minas a la deriva. En el apartado de los robots submarinos, ya se trabaja en un documento que reunirá los requisitos de este tipo de sistemas, tras explorar algunas de las soluciones que existen en el mercado y lo que están haciendo en este campo marinas de países aliados.

Reparación del cazaminas Turia

Al principio hablamos de que la Armada tiene seis cazaminas, pero realmente solo cinco están en servicio. El Turia (M-34), cuarto buque de la serie, encalló en las proximidades de la Manga del Mar (Murcia) en agosto de 2019 y fue remolcado hasta el Arsenal de Cartagena en una compleja maniobra de rescate. Un año después, el Gobierno aprobó 25 millones de euros para la reparación del casco de la embarcación. Actualmente, Navantia y empresas especializadas en PRFV trabajan para devolver cuanto antes al agua a la embarcación. La solución aprobada contempla, explica Ruiz, unir fibra de vidrio de hace 20 años con fibra nueva, algo que no se había hecho hasta ahora. La previsión es que el buque esté de nuevo en el agua en septiembre de 2023.