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Casado se libera de tutelas para reformar el PP

La nueva dirección se siente con manos libres para activar tras las andaluzas un proceso de cambio.

  • Casado vota ayer en Helsinki al representante del PP europeo para liderar las listas de cara a las elecciones europeas de mayo
    Casado vota ayer en Helsinki al representante del PP europeo para liderar las listas de cara a las elecciones europeas de mayo

Tiempo de lectura 4 min.

09 de noviembre de 2018. 03:52h

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C. Morodo .  9/11/2018

La nueva dirección del PP ve en la retirada de María Dolores de Cospedal el camino abierto para que Pablo Casado afronte libre de «tutelas» un amplio proceso de reforma y renovación del partido desde el punto de vista programático y también de los equipos. La crisis abierta en el PP por las grabaciones de las conversaciones de la ex secretaria general y el ex comisario José Villarejo hundió al partido en el pesimismo por sus consecuencias electorales e internas, pero una vez que se retira el último símbolo del «marianismo», la ex ministra Cospedal, el alivio empieza a dar cuerpo a la consigna de que Casado tiene manos libres para activar tras las elecciones andaluzas un proceso de cambio tranquilo pero sin injerencias de «ningún pasado».

La estrategia del nuevo PP va dirigida a intentar que dentro del partido y ante la opinión pública cuaje el mensaje de que Casado es un líder autónomo frente al «marianismo» y también frente al «aznarismo. Una etiqueta que se le ha colgado en estos primeros meses y que la nueva dirección empieza a considerar que es contraproducente. El líder del PP evitará la imagen de confrontación tanto con Rajoy como con Aznar, y no va a descuidar la relación personal que le une al ex presidente Aznar. Pero en Génova entienden que los vínculos personales no deben afectar a la política y que la oportunidad electoral de Casado está condicionada al hecho de que consiga hacerse con una imagen de autonomía total frente al pasado del partido. Cospedal era una hipoteca para esta estrategia porque la cuota de representación que había conseguido dentro de la nueva dirección, en puestos tan relevantes como la portavocía en el Congreso, llevaba a que se pudiera pensar que detrás de cada decisión estaba la influencia de quien fuera la «numero dos» de la organización política en tiempos de Rajoy. Cospedal no tiene apoyos orgánicos, y sus afines, aunque se conjuraron inicialmente para respaldar su resistencia a dar un paso al lado, ahora que ella ya no está en política tampoco tienen margen para obstaculizar los planes de renovación. Su primer examen son las candidaturas autonómicas y municipales, que por mucho que Génova pretenda aguantarlas tendrá encima una presión prácticamente irresistible tras las elecciones andaluzas para que resuelva de una vez la incógnita. La pérdida de poder que el PP sufrió en las autonómicas y municipales de 2015, y que desde entonces hasta ahora la maquinaria del partido no haya reaccionado para soldar sus debilidades, ha dejado una herencia bastante «terrible» en comunidades que hasta ahora eran baza segura para el PP. Valencia es un buen ejemplo de ello. El nuevo PP asume que tiene que tirar «con los bueyes» que se ha encontrado, pero confía en que una ruptura «no traumática» con la etapa anterior le abra vías de espacio para crecer electoralmente. En el nuevo PP, pero también en las organizaciones territoriales, hay coincidencia en el análisis de que necesitan mantener una imagen de unidad y de cohesión, pero también, al mismo tiempo, «vender» el mensaje de que han abierto una nueva etapa que no tiene nada que ver con las anteriores. Aznar impuso en el PP la tradición de un hiperliderazgo, convirtiendo al PP en un partido de fuerte carácter presidencialista. Casado «tiene que encontrarse en ese papel», y para ello entienden que lo más necesario es que corrijan la imagen de que restos del «marianismo» o incluso el «aznarismo» condicionan su política y su discurso.

Al margen lo que digan las crónicas políticas, atendiendo a los mensajes que trasladan dirigentes provinciales y municipales, Casado no va a reducir su presencia pública, al contrario. Ayer volvió a insistir en su mensaje regenerador al advertir de que en la dirección van a ser «absolutamente inflexibles» con cualquier «irregularidad o ausencia de honestidad», «sea quien sea» el que incurra en ese comportamiento, y «lo haya hecho como lo haya hecho». Cospedal renunció el miércoles a su escaño en un comunicado en el que subrayó que tomaba esa decisión para «liberar al PP de cualquier ataque», aunque también lanzaba un reproche a sus compañeros al señalar que «un partido que no es capaz de defender a los suyos cuando están siendo injustamente atacados no puede esperar que los ciudadanos confíen en él». El «número tres», Javier Maroto, respondió a estas palabras advirtiendo de que «no valen ni medias tintas ni medias palabras ni mirar para otro lado» ante actitudes reprochables, y así lo piensa la dirección. «Y entonces sí y solo sí, se gana la confianza».

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