Reportaje

Cuando Albert Einstein visitó Toledo

Se cumplen cien años de la visita del autor de la teoría de la relatividad a la Ciudad Imperial, junto a Cossío y Ortega

Albert Einstein en Toledo, en la Casa Museo de el Greco con la iglesia de San Cristóbal al fondo.
Albert Einstein en Toledo, en la Casa Museo de el Greco con la iglesia de San Cristóbal al fondo.Fundación Ortega Marañón

Toledo es capa de civilizaciones, ciudad sobre ciudad, peñascosa pesadumbre, como la definió Cervantes. Pero es, sobre todo, imán telúrico de fuerza sobrenatural que atrae a sus murallas a todos quienes vengan o visiten España. Si algún lugar puede dar cuenta de lo que es este país y de quienes pasaron por aquí, sin duda, es Toledo. Y no ahora, sino desde hace ya varios siglos, quizá desde que la corte se marchara hacia mediados del siglo XVI. Desde entonces, Toledo ha quedado recluida en su historia y maravilla, que han ido observando intelectuales de toda talla, condición y procedencia universal. No es que no haya evolucionado, pero es la ciudad con más personalidad española, acendrada entre la piedra y con salida sólo por las estrellas.

Albert Einstein fue uno de los grandes visitantes que tuvo Toledo hace ahora justo un siglo. Fue la jornada del 6 de marzo de 1923 cuando arribó en la Ciudad Imperial, aprovechando el viaje que realizó a nuestro país y que lo llevó a ciudades como Barcelona, Zaragoza y Madrid. En ese periplo, lo acompañaron personalidades de la talla de José Ortega y Gasset y Manuel Bartolomé Cossío, quienes junto a otros miembros de la familia y amigos de Einstein, constituyeron una notable comitiva que no pasó inadvertida en la ciudad.

El director de la Real Fundación de Toledo, Eduardo Sánchez Butragueño, acaba de publicar un artículo en el último número de la revista que edita la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo, institución de la que también es miembro. En ese pormenorizado repaso por el periplo de Einstein en la ciudad, Butragueño relata cómo la visita estuvo preparada para un martes, 6 de marzo de 1923, tratando de pasar lo más inadvertida posible.

«Viaje a Toledo camuflado con muchas mentiras», reconoce el propio científico en sus diarios. Y es que quería sobre todo disfrutar con tranquilidad de su periplo. Einstein ya era una figura reconocida de sobra tras su Teoría General de la Relatividad y se encontraba de viaje por España. Se sabía que quería visitar Toledo, pero para evitar multitudes, se optó por no anunciar oficialmente la estancia.

Sin embargo, el alemán fue reconocido en Zocodover donde la chavalería jugaba y se arremolinaba en torno suyo. Einstein, acompañado de Ortega y Cossío, pudo disfrutar las maravillas del Puente de Alcántara, el Museo del Greco, la Catedral y las sinagogas. Su condición judía hizo que encaminara sus pasos con especial interés hacia el barrio en el que se levantan dos de los templos principales del judaísmo en Europa, el Tránsito y Santa María la Blanca.

Einstein pudo admirar la belleza de la ciudad, sus murallas, el río y la obra genial del pintor cretense. Tuvo como guía a quien probablemente ha sido uno de los grandes estudiosos del Greco en la historia, Bartolomé de Cossío. Quedó admirado del Entierro del Conde de Orgaz, ubicado en la parroquia de Santo Tomé y ante el que permaneció obnubilado. El propio Ortega recoge en sus escritos y en un artículo posterior publicado en La Nación de Buenos Aires la visita del científico alemán a la ciudad. El filósofo español mantenía muy buena relación con Einstein y conocía su pensamiento desde el inicio, dada la vinculación que Ortega tenía con la cultura alemana. Esa amistad perduró en el tiempo, aunque posteriormente debido a causas políticas como la Guerra Civil española, se enfriara por el apoyo expreso dado por Einstein a la República en 1937. Ortega ya se había significado claramente contra un régimen que contribuyó a traer, pero del que pronto quedó desencantado.Para Sánchez Butragueño, la visita de Einstein “es una prueba más de la identidad de una ciudad como Toledo y la poderosa atracción que genera a quienes visita”. En esta ciudad han aparecido reyes, presidentes, ministros y embajadores, cayendo todos ellos subyugados con la inmensidad que guarda la muralla, la piedra, el cielo.

Contemplar hoy aquellas viejas fotografías de hace un siglo por el paseante contemporáneo es una prueba fehaciente del hechizo que esta ciudad ejerció y se perpetuó a lo largo del tiempo. Sin ir más lejos, esta misma semana visitaba Toledo Patricia Weisz Friedman, hija de Violeta Friedman, una de las grandes activistas de los derechos humanos, cuya familia fue presa en Auschwitz. Toledo fue capital de Sefarad y su atracción hacia el mundo judío es enorme. Einstein también la vio y se fue emocionado.