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El debate: Todas con pantalones

  • Irene Montero (Unidas Podemos), Ana Pastor (PP), Inés Arrimadas (Ciudadanos), Rocío Monasterio (Vox) y María Jesús Montero (PSOE), anoche en La Sexta. Foto: Jesús G. Feria
    Irene Montero (Unidas Podemos), Ana Pastor (PP), Inés Arrimadas (Ciudadanos), Rocío Monasterio (Vox) y María Jesús Montero (PSOE), anoche en La Sexta. Foto: Jesús G. Feria

Tiempo de lectura 2 min.

08 de noviembre de 2019. 03:52h

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Pilar Ferrer 8/11/2019

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Como cariátides al rescate final de sus compañeros candidatos a la presidencia del gobierno el 10-N. Cinco mujeres en un debate sin precedentes en el que todo fue distinto: en estilo, en contenidos, en rigidez y hasta en el tuteo liderado entre ellas frente a la tensión y ese lejano, distante tratamiento de usted mantenido siempre por los varones. Cinco mujeres, curiosamente todas vestidas con pantalones, como si el feminismo necesitara enfundarse bajo una prenda sibilina masculina que las adorne de una cierta seriedad frente a resquicios todavía latentes de machismo. Sin pelea de barro directa, aunque sin rehusar la discrepancia, en un ritmo sereno, educado y flexible. Un debate, sin duda, mucho más moderno y ágil que el pestiño anquilosado de sus mentores políticos. Y hete aquí a cada cual lo suyo.Ana Pastor y María Jesús Montero, las únicas con experiencia de gobierno, enzarzadas en el balance de sus respectivas gestiones con las cifras económicas de pensiones, paro e impuestos. La podemita Irene Montero, más modosita que nunca, con su cola de caballo y perfil de colegiala, intentó atacar los postulados de Vox y sus privatizaciones hasta «el palo de la selva». Craso error, que también cometió en algún momento la socialista ministra de Hacienda en funciones con la sempiterna retaíla de la xenofobia de la ultraderecha. Con inteligencia, la representante de Vox, Rocío Monasterio, esquivó el guante y no entró al trapo, limitándose a colocar su discurso directo al ciudadano: más ideas y menos sillones. Más gestión y menos pesebre, ante la mirada anhelante de Irene Montero en súplica por la coalición y un sofá en el futuro Ejecutivo.

Inés Arrimadas, en su doble duelo de andaluza y catalana, aguijón que le lanzó la sevillana Montero, clamaba en el desierto para recuperar algo el batacazo electoral que se anuncia para Ciudadanos. Ana Pastor, en su tradicional papel de políticamente correcta. Irene Montero escondió su demagogia bajo un disfraz de niña buena. Y Rocío Monasterio la más astuta, con oídos sordos a la cantinela de la ultraderecha y a lo suyo. Fue la más cercana y crítica con lo que la gente quiere escuchar: menos burocracia y más eficacia. Frente a la crispación de los varones, educación en las féminas. Armas de mujer en guante de seda para arañar hasta el último voto.

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