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"No a una Legislatura de montaña rusa"

La estrategia de Sánchez pasa por escenificar una investidura fallida y no se descarta repetir. Ante las presiones de ERC y JxCAT, a la espera de la sentencia del «procés», ministros ven el escenario como «una partida de mus»: «A ver quién se levanta primero de la mesa».

  • El presidente en funciones toma notas en su cuaderno durante una sesión en el Congreso en una imagen de archivo
    El presidente en funciones toma notas en su cuaderno durante una sesión en el Congreso en una imagen de archivo

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23 de junio de 2019. 03:35h

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Pilar Ferrer 23/6/2019

Sucedió en un restaurante cercano al Congreso. Un diputado socialista le pregunta a un veterano político catalán: «¿Qué crees nos pedirá Esquerra para la investidura?». La respuesta fue tajante: «Nunca lo sabrás». Ello revela la incertidumbre y los continuos vaivenes del partido independentista, cuya abstención es clave para que Pedro Sánchez salve su investidura. Dirigentes de ERC restan poca importancia a la entrevista mantenida por la portavoz del PSOE, Adriana Lastra, y el republicano Gabriel Rufián, a quien consideran «una simple marioneta», y admiten contactos muy discretos, de mayor calado, con otros interlocutores. Así, los verdaderos emisarios de Oriol Junqueras son el actual vicepresidente económico de La Generalitat, Pere Aragonés, y el conseller de Exteriores, Alfred Bosch, que mantiene buenos contactos en Madrid. Ambos habrían tenido conversaciones privadas con algunos ministros, en especial del área económica, y el propio jefe de gabinete de Moncloa, Iván Redondo. Según estas fuentes, ante sus exigencias, el entorno de Sánchez les hizo llegar un mensaje: «No a una Legislatura de montaña rusa». Alto y claro.

En ERC constatan esa frase como que Sánchez «sigue sin fiarse» del todo de ellos, algo que también admiten en Moncloa y en Ferraz. La secuencia de los hechos les avala, dado que con un coste político muy elevado el presidente del gobierno aceptó la foto de Pedralbes con Quim Torra y Aragonés, el numerito de las flores amarillas y la estrambótica figura del relator en una mesa de diálogo. A cambio de esto, los independentistas reaccionaron con deslealtad, tumbaron el Presupuesto en el Congreso y se cargaron a Miquel Iceta como presidente del Senado. «Nos han dado puñetazos a diario», dice un ministro con peso en el Gobierno, por lo que tampoco ahora los socialistas se atreven a un pronóstico. «Nadie sabe lo que en realidad piensa Oriol Junqueras», aseguran dirigentes del PSOE. Por el momento, Sánchez sigue apelando a la abstención del PP y Ciudadanos, mientras en Moncloa insisten en que el presidente «no hablará nada fuera de la Constitución».

El encuentro entre Adriana Lastra y Gabriel Rufián fue «humo de pajas», según parlamentarios socialistas, más allá de la afirmación del republicano de que no darán «un cheque en blanco» para la investidura. Pero en los contactos privados al más alto nivel, ERC ha mantenido hasta el momento sus exigencias: mesa de diálogo con una declaración política previa escenificado en un «Pedralbes dos», referéndum de autodeterminación –imposible de aceptar por el Gobierno– y un gesto hacia los presos con reforma del Código Penal o indulto después de la sentencia del Supremo. Por ello, y ante el temor de unas nuevas elecciones, los socialistas desconocen si Junqueras podría rebajar sus pretensiones. Algo que dirigentes catalanes ven muy difícil por la posición radical de Puigdemont, ganador en las europeas. «Mientras Puigdemont tire de la cuerda Junqueras seguirá atado», advierten, tras opinar que «ERC no es de fiar y Sánchez los sabe».

La estrategia del presidente, batutada por su influyente estratega Iván Redondo, pasa por escenificar ahora una investidura fallida y, en su caso, nuevas elecciones para forzar el resultado. Sánchez desea también aunar el pacto de investidura con los próximos presupuestos del Estado, escaldado tras la bofetada que le espetó Esquerra en la anterior Legislatura. Aquí el escollo es muy complicado, dado que habrá que contar con Podemos y otros grupos difíciles de conciliar. Por ello, según ha sabido este periódico, algunos ministros y un sector del PSOE serían partidarios de nuevos comicios para no caer en esa Legislatura de «montaña rusa» inestable, sujeta a continuos vaivenes y chantajes de otros partidos. Sin Presupuestos la andadura es muy compleja y una nueva prórroga de los de Rajoy ya ni se contempla. Además, la baza de una convocatoria electoral beneficia, según los expertos, al PSOE y el PP, en detrimento de Cs y Podemos. Pedro Sánchez lo sabe y juega esta carta con tranquilidad.

La inquietud empresarial es enorme y así se vio durante la presencia de Sánchez en el Círculo de Economía en Sitges. El presidente del Gobierno pasó de puntillas por el conflicto catalán y apenas habló del futuro político. En el mismo Foro, el vicepresidente catalán, Pere Aragonés, reclamó una nueva mesa de diálogo, pero entre los asistentes sonó a «incredulidad». Los empresarios tampoco se acaban de fiar de ERC y andan muy preocupados por la última decisión de la Asamblea Nacional de Cataluña para elaborar un buscador como «boicot» a las empresas que no simpaticen con la causa separatista. «Un grado más de fanatismo», dicen muchos de ellos, partidarios de un gobierno estable y moderado de Sánchez con Cs. Precisamente entre los dirigentes del partido naranja empieza a cundir una latente división al respecto. Así, un sector de Cs valora la abstención si la investidura resulta fallida y Sánchez les formula una oferta concreta, con unos Presupuestos equilibrados, una moderada política económica con baja presión fiscal y alejados por completo de los postulados radicales de Podemos. Fuentes de este sector sitúan esta posibilidad sobre los meses de septiembre u octubre, aunque en el entorno de Rivera hoy por hoy la descartan . Lo sucedido en Navarra, permitiendo a EH Bildu sentarse en la Mesa Foral, ha tensado mucho la cuerda y Rivera se enroca en el «no es no» a Sánchez. Sin embargo, algunos empresarios opinan que ahora todos los partidos actúan con mucho «postureo» y que en política lo que hoy es negro mañana puede serlo blanco. Dado que ningún voto se da «gratis total», el presidente del Gobierno, en su opinión, debería formular una propuesta concreta y Cs estudiarla con responsabilidad.

Este escenario incierto lo condiciona todavía más la sentencia del procés. A tenor de las condenas, el presidente de La Generalitat quiere proclamar la Declaración Unilateral de Independencia (DUI) el mismo día en que se haga pública. Todo un gesto desafiante, que acompañará con la convocatoria de elecciones autonómicas en Cataluña. De momento, hasta el veredicto del Supremo, fuentes soberanistas admiten que habrá «una batalla sin cuartel» entre los dos grandes partidos que la pivotan, JxCat y Esquerra Republicana. Los de Puigdemont ya han anunciado que votaran en contra de la investidura y ERC mantiene la incógnita. De momento, Sánchez tiene la sartén por el mango y, en palabras de uno de sus ministros: «estamos en una partida de mus, a ver quién se levanta primero de la mesa».

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