Depresión posparto, la más silenciosa de las depresiones

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Tiempo de lectura 8 min.

17 de diciembre de 2017. 15:34h

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Gema Lendoiro 19/12/2017

Hace poco la novia de Cristiano Ronaldo salía en la portada y páginas interiores de la revista Hola posando feliz y contenta con su recién nacida. En las fotos se veía cómo una madre joven (22 años) lucía perfecta en unos vaqueros ajustados hablando de una maternidad feliz y carente de problemas. Pero ella no es la única. Las revistas del corazón son especialistas en mostrar unas maternidades plenas, felices, llenas de belleza, mujeres maquilladas, sin barriga, sin resto de nada de lo que durante nueve meses se gestó. Y, desgraciadamente, muchas mujeres, poco o nada informadas, llegan al mundo de la maternidad creyendo que eso es así.

Sin embargo no siempre es así. Hay muchas situaciones que hacen que la idílica vida que hemos esperado durante 40 semanas no se parezca en nada a la realidad. Esto pasa sobre todo en primerizas pero también puede suceder con el segundo o tercer día ya que ningún hijo es igual

Hay muchos factores que pueden desencadenar la llamada depresión postparto que es absolutamente real y tiene, lógicamente, sus grados.

Depresión posparto, la más silenciosa de las depresiones

Para empezar, las hormonas haciendo de las suyas, que en realidad es su trabajo y tiene todo su sentido. La subida de oxitocina que se experimenta las primeras 48-72 horas siguientes al parto y que tiene como finalidad que el enamoramiento entre madre y bebé sea mutuo, tiene a continuación una bajada que suele coincidir con la vuelta a casa donde ya se empieza de verdad a ejercer de madre. Si esa madre carece de ayuda, de apoyos emocionales, se ve sola, lo más probable es que se desborde, se derrumbe. No hablamos ya si se mira en el espejo y comprueba que ella sí sigue teniendo una gran barriga (algunas no) a diferencia de las famosas que salen en las revistas.

Esa madre, además, tendrá muy poco tiempo para su arreglo personal ya que un bebé recién nacido, especialmente si es alimentado a pecho y a demanda, deja poco margen para poder tomarse las cosas con calma y las mujeres, la mayoría de las veces, optan por hacer una cama, pone runa lavadora, cocinar algo...en lugar de darse una buena ducha y peinarse con calma porque a la mínima el bebé vuelve a llorar y a reclamar los brazos.

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Todo eso, que al leerlo puede parecer estresante y fuera de control...es justamente lo bueno y lo necesario para los dos. Es real todo esto. Lo irreal es ver a una mujer después de una semana de haber dado a luz haciendo su vida anterior como si nada extraordinario hubiera pasado.

Tal y como lo explica Ibone Olza, psiquiatra infantil: “El bebé humano es el mamífero más dependiente de su madre al nacimiento, y por eso algunos expertos hablan de“extero-gestación” para referirse al primer año de vida del bebé en el que sigue siendo dependiente de la madre. En esos primeros meses de vida el cuerpo de la madre sigue siendo el entorno natural para el bebé: necesita tomar el pecho, pasar la mayor parte del tiempo en brazos y sobre todo sentirse muy querido y no estar solo. Las hormonas favorecen esta sintonía entre madre y bebé. Así se entiende que el cuerpo de la madre va a seguir durante muchos meses después del parto al servicio del bebé: es normal que la madre siga utilizando la ropa del embarazo tres meses después del parto o que no recupere su peso previo hasta seis meses después, que sienta que no soporta oír llorar a su bebé y que necesite cogerlo en brazos a la mínima. ¡Es un síntoma de buen apego!

La falta de sueño es otra de las circunstancias que más afecta a la hora del estado de ánimo. Esto es comprensible para todos ya que es una de las circunstancias más desgastantes para cualquier ser humano. Quizá por ello la naturaleza ha establecido que los hijos se tengan en determinadas edades cuando todavía se aguantan mejor las noches en vela.

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Pero ¿qué es exactamente una depresión post parto y cómo se detecta? Porque no es lo mismo pasar una mala racha de varias semanas donde a veces la madre rompe a llorar que una depresión postparto que, en los casos más severos puede llevar al suicidio de la madre o a que ésta le haga daño al bebé. No hay que tomarse a la ligera los síntomas y hay que estar muy pendientes de ellos.

Tal y como explica la doctora Olza: “La depresión probablemente es la enfermedad materna más frecuente en el postparto. Se estima que afecta a un 13% de las mujeres. Conlleva un importante sufrimiento personal y familiar y afecto directamente al desarrollo emocional del lactante. El hecho de que una madre amamante a su bebé se considera por algunos profesionales como un obstáculo al tratamiento de la depresión, hasta el punto de que llegan a recomendar la supresión de la lactancia con el fin de poder administrar tratamiento psicofarmacológico por temor a que el paso del fármaco a la leche pueda dañar al bebé. Esta postura no se basa en la evidencia científica. Los beneficios de la lactancia materna son tan amplios y superiores a los de la lactancia artificial que la lactancia materna debería ser considerada como un instrumento terapéutico más en el tratamiento de la depresión, en vez de cómo un obstáculo”. Es por tanto totalmente desaconsejable si está dando el pecho y sufre depresión, que lo deje puesto que el problema podría agravarse.

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También el tener un bebé irritable puede favorecer el cuadro. Los estudios han señalado que las sociedades donde las puérperas reciben mayor apoyo y ayuda por parte de la familia y la comunidad presentan una menor prevalencia de depresión postparto.

La madre deprimida no tiene ganas ni energía para relacionarse activamente con su bebé ni con los demás. Se siente aislada e incomprendida, a la vez que temerosa de expresar su sufrimiento. Puede pasar la mayor parte del día con preocupaciones obsesivas, sentimientos de fracaso, incompetencia e incluso deseos de muerte. Las madres deprimidas no logran dormir ni siquiera cuando sus bebés están dormidos.

Otro síntoma característico de la depresión postparto, sostiene Olza, “son las preocupaciones obsesivas por la salud del bebé, que pueden motivar consultas reiterativas al pediatra”. Algunos autores hablan de “depresión sonriente” para describir la apariencia normal de algunas madres deprimidas, que se muestran satisfechas de cara al exterior temerosas de verbalizar sus pensamientos y de ser percibidas como “malas madres”.

La relación de pareja también se ve afectada. En un estudio retrospectivo la mayoría de las madres deprimidas (83%) señalaron que la depresión precedió al destete de sus bebés. La depresión suele provocar la terminación de la lactancia, en buena parte debido a la inseguridad materna y a las dudas sobre su capacidad para alimentar al bebé. Se desconoce por otra parte si el destete produce un empeoramiento del estado de ánimo aunque algunos estudios han observado que el destete temprano (antes de las seis semanas) se asociaba con un mayor riesgo de padecer depresión postparto.

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Causas:

-Tener mal regulada la tiroides y padecer anemia. Conviene controlar ambos valores

-Parto traumático. No todos los partos dejan un sabor agridculce. Muchas mujeres comienzan a elaborar su duelo, la experiencia del mismo pasadas un par de semanas después cuando a esto se le junta estar desbordadas a todos los niveles.

-Falta de sueño y agotamiento.

-Poca o nula ayuda del padre. Cuando una mujer con depresión tiene al lado a un hombre pasivo que no entiende a su pareja y que no actúa preguntando, haciendo cosas por ella, siendo cariñoso etc...la situación se agrava todavía más porque la mujer se siente incomprendida por quién ella considera su mayor apoyo.

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Prevención:

-Después del parto lo ideal es que la madre y el bebé no se separen y hagan piel con piel al menos durante 48 horas. Esto también incluye dormir con el bebé siempre y cuando se den las condiciones apropiadas, es decir que la madre esté bien y no bajo los efectos de alguna medicación que altere su nivel de alerta.

-Pocas visitas o ninguna. Y, desde luego, evitar en todo lo posible que el bebé esté de brazos en brazos. El lugar más adecuado es con la mamá. Se establecen unos vínculos de apego que evitan en gran medida esa futura posible depresión.

-Lo ideal es la lactancia materna pero si no se puede (o no se quiere) es muy bueno dar el biberón bien pegadito al bebé como si se diera el pecho.

-No pretender que la vida vuelva a ser como antes. Las cosas llevan su tiempo. Y un bebé requiere de mucho tiempo, por eso se inventaron las bajas por maternidad.

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