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El maltrato sin violencia, sin gritos, sin insultos, el más invisible de los maltratos

En ocasiones hasta la propia víctima tarda en descubir por qué está tan mal

  • El maltrato sin violencia, sin gritos, sin insultos, el más invisible de los maltratos

Tiempo de lectura 8 min.

07 de febrero de 2018. 14:46h

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Gema Lendoiro Madrid. 9/2/2018

Olga Carmona es psicóloga clínica en Psicología Ceibe y trata en consulta a muchas mujeres, algunas de las cuales han sufrido o sufren maltrato. “Existe un tipo de maltrato psicológico que está más allá del conocido por la mayoría de las personas. Menos obvio, más sutil, indetectable apenas por la víctima. Difícil de definir, de objetivar, pero increíblemente tóxico y corrosivo que va destruyendo como la gota de agua que horada la piedra. Un maltrato del que no se habla y que destila un veneno que la víctima agradece incluso, porque presume ser amor”.

Tuve una vez en consulta una mujer que, después de mucho trabajo, consiguió quitarse la venda de los ojos y también, de paso, abandonó los psicofármacos que la tenían anestesiada viviendo en una relación tóxica, volviéndola cada vez más insegura, vulnerable y dependiente de su maltratador -explica. En su trabajo terapéutico, ella escribió su realidad a fin de volverla más clara y más verdad. Finalmente decidió que fuera pública para que su experiencia y su dolor pudiera al menos ser de utilidad a otras personas en una situación similar.

Este es su valiente y generoso testimonio:

¿Cómo explicar que has sufrido maltrato sin violencia? Sin violencia aparente. Un maltrato de una violencia brutal sin violencia...¿Es posible que un ser querido, muy querido... te haga sentir inútil, incapaz, estúpida, fea, gorda, inculta, sin criterio? Obviamente síi, se llama maltrato. Ahora imagina que todo ocurre sin un insulto, sin un grito, sin una discusión, sin un puñetazo en la mesa, en una simple conversación aparentemente inocente, desde el amor, desde su amor... desde su sutil adoctrinamiento.

¿Es posible que alguien te pregunte si te sientes controlada y tu respuesta sea un no rotundo, cuando está sufriendo un control férreo? No es un control en lo evidente, en lo que solemos escuchar o leer en los medios, no es un control sobre cómo vistes, con quién vas o con quién hablas en la vida real o en redes sociales...en este caso eso sería demasiado fácil... Se trata de un control más profundo, se trata de que te impongan lo que piensas, qué música te gusta, qué lees, estudias, qué comes, si tienes buena o mala salud... ¿Y sabes qué? No importa lo que pienses, qué música te gusta, qué lees, qué estudias, qué comes... nunca, nunca estás a la altura de sus expectativas... Pero no te preocupes, no te vas a dar ni cuenta, todo ello se te ha impuesto con infinito amor, cariño y tiempo...

Mi cuerpo estaba en constante estado de alerta, incluso cuando dormía... pero ¿por qué? ¿Qué peligro intuye mi mente que no me deja descansar...? Veo a alguien acercarse desde la distancia, sé que se dirige a mí para decirme algo, y, sin embargo, cuando llega a mi altura y me habla, mi cuerpo se estremece con una pequeña sacudida incontrolada y por un segundo pierdo el aliento... Que boba y asustadiza, ¿verdad?, eso pensé... así que mi cuerpo va un paso más allá y convulsiona e hiperventila... y lo hace varias veces al día, a veces con tanta frecuencia que termino exhausta. Después de millones de pruebas neurológicas sin ningún hallazgo, resulta que tengo ansiedad...

El maltrato sin violencia, sin gritos, sin insultos, el más invisible de los maltratos

¡Ansiedad!, ¿Yo? Imposible; Tengo una buena vida, soy feliz... Tengo un buen trabajo, la mejor de las familias, con sus luces y sus sombras, pero sin duda más luces que sombras y no la cambiaría por nada, y mi marido... es generoso, atento, me cuida, se preocupa por mí, me da mi espacio... ¿Qué más puedo pedir?... ¿Y entonces?, ¿Cómo puedo tener una ansiedad tal que me hace convulsionar?, ¿Cómo pueden estar tan desconectados mi cuerpo y mi mente?...

Pues resulta que no están desconectados, mi cuerpo y mi mente están en perfecta armonía. Yo todavía no soy consciente de ello, pero mi cuerpo convulsiona porque mi mente está desesperada y ya no sabe cómo enviarme señales para que reaccione...

Estaba muy enamorada, y de repente un día caigo en la cuenta de que mi amor desaparece por momentos y no puedo hacer nada por evitarlo... Me siento como Michael J. Fox cuando desaparece de las fotos en Regreso al Futuro... Siento que desaparezco de mis fotos de momentos que yo creía felices.

Las conversaciones con mi pareja cada vez me agotan más. No son discusiones, pero siempre tengo la sensación de tener que demostrar algo, de necesitar su aprobación para sentirme una persona capaz... desde los temas más cotidianos, a los que pudieran ser un poco más trascendentales. Todo resulta ser una negociación en la que yo, ya he perdido de antemano, porque él, la persona más racional del mundo, siempre tiene una frase llena de razón que sentencia, y me deja sin argumentos... A veces, me encuentro en una espiral y termino contradiciéndome a mí misma, y por supuesto, ahí termina la conversación...” ¿Ves mi vida?, es que no sabes ni lo que quieres decir”, “Mi amor, ¿te das cuenta de que no sabes ni tu propia opinión sobre el asunto?”. Estoy absolutamente desconcertada, y tiene razón, ya no sé ni lo que quiero decir, y por supuesto su opinión es la buena, está bien argumentada, está claro que me equivocaba, me alegro de que esté aquí y haga que me dé cuenta...

Insultos velados. De repente dice algo que me abre un agujero en el estómago, me siento atacada, pero lo ha dicho de una forma tan sutil que me deja sin herramientas para defenderme... ¿Defenderme de qué si lo que ha dicho es hasta gracioso...? Y, sin embargo, se me ha abierto un agujero en el estómago y un escalofrío de rabia contenida recorre mi cuerpo.

Juzgada 24 horas al día, aunque no estemos juntos... Si hago horas extras, es porque tengo que aprender a gestionar mi tiempo. Ya no participo en redes sociales, soy totalmente libre de hacerlo, pero antes o después va a juzgar lo que publico. Cuando estamos juntos, me siento constantemente vigilada, me siento secuestrada... Pero todo en nombre del amor, desde las palabras más amables...desde su amor. Él sabe lo que es mejor para mí; a qué hora me tengo que ir a la cama para no estar cansada al día siguiente, está pendiente de si tomo o no mi medicación para la ansiedad, él sabe si me encuentro realmente mal o si exagero, sabe cuándo he comido suficiente, si me apetece postre o si quiero otra copa de vino, sabe que me conviene salir a dar un paseo, que me dé el aire... cómo puedo estar en casa todo el domingo.

A veces, muy pocas veces, pierde la paciencia conmigo me habla o me mira mal, pero a la media hora viene, me besa, me pide perdón y me dice lo importante que soy para él... soy su vida...Me quiere... Llora cuando me dan ataques, y sé que es un llanto sincero, pero me come la culpa por estar enferma. Se frustra cuando no puedo salir porque la medicación me deja zombi, y mi culpa crece. Lo está pasando muy mal por mí, sufre por mí, y créeme, yo lo sé. No quiero que se me mal interprete, tiene todo el derecho a sentirse mal, triste y frustrado por mi enfermedad, nadie quiere ver así a la persona que ama... Pero a mí se me vuelve a abrir un agujero en el estómago, algo no funciona en la fórmula, la pescadilla que se muerde la cola; yo enfermo y me encuentro mal, él sufre por verme así, yo me siento culpable por ello y me encuentro peor...

Y mi amor cada vez es más pequeño... y sus ataques cada vez son más claros para mi... pero sigo sin herramientas para enfrentarlos o para defenderme, he aprendido que siempre pierdo y además ha dejado de importarme... cada vez más apática, más triste, ya no quiero enfrentarlos, ya no quiero defenderme, ya no quiero hablar...

Repaso lo que he escrito y pienso... ¿porqué te has separado realmente? Y no lo sé, no tengo ninguna razón y tengo millones. Siento que no soy capaz de transmitir como ha dolido, cuánto me ha dañado...Pero la realidad es que la persona que he elegido y que me ha elegido para compartir la vida, no es tan generosa, ni tan atenta, ni me deja mi espacio... Resulta que su amor es paternal, controlador, frío, indiferente... Resulta que, durante todos estos años, he sufrido maltrato... Hoy sé que nunca volveré con él, pero todavía le echo de menos, todavía duele saber que no funcionó, todavía sufro dependencia...

Sé que me voy a recuperar, me estoy recuperando, aunque no es fácil. También sé que me van a quedar secuelas, nada va a ser como antes de él... Alguien me dijo, “es como un papel que arrugas con tus manos, luego intentas estirarlo y estirarlo, y pones libros encima durante días para que vuelva a su estado original, pero ese papel nunca volverá a ser el mismo... Y cada día doy gracias a Dios, al destino, a los astros... porque mi cuerpo convulsionó, porque mi mente encontró el camino para darme una bofetada de realidad. Porque fue tan sutil, y con “tanto amor”, que nunca me hubiera dado cuenta, que hubiera seguido con el piloto automático, porque yo era feliz... Esto existe, es real, es maltrato, es violencia sin violencia... “

Relato real de una paciente en la consulta de Olga Carmona, psicóloga.

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