La vagina de Charlie Hebdó

Esta portada me parece, hoy en día, no solo oportuna sino valiente y totalmente necesaria. Y me alegra especialmente que se haga desde un medio tan abiertamente de izquierdas.

  • Esta portada me parece, hoy en día, no solo oportuna sino valiente y totalmente necesaria. Y me alegra especialmente que se haga desde un medio tan abiertamente de izquierdas.
    Esta portada me parece, hoy en día, no solo oportuna sino valiente y totalmente necesaria. Y me alegra especialmente que se haga desde un medio tan abiertamente de izquierdas.
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Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

18 de junio de 2019. 12:57h

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Rebeca Argudo Madrid. 15/6/2019

Aunque entiendo perfectamente que a alguien pueda no gustarle la portada del último número de la revista Charlie Hebdo, no consigo entender que, a estas alturas de la película, pueda sorprender o escandalizar a cualquiera. ¿Acaso nos acabamos de caer todos de un guindo y desconocemos la trayectoria de la publicación?

Inciso para despistados: con motivo de la turra que nos están dando con el mundial de fútbol femenino en nombre de la igualdad (enhorabuena, lo habéis conseguido. Ahora le tengo la misma manía al fútbol femenino que al masculino), la revista satírica francesa, manifiestamente de izquierdas, ha publicado en su portada una ilustración que representa una vagina con un balón de fútbol en lugar de clítoris, acompañado de la leyenda “Nos lo vamos a comer un mes”. Hasta aquí los hechos.

Se trata, desde luego, de una portada totalmente irreverente. Más todavía en estos tiempos que corren, en los que cualquier pequeña disidencia con lo que la línea marcada por el feminismo más radical impone es tachado, rápidamente, de misógino y machista. Es por eso que esta portada me parece, hoy en día, no solo oportuna sino valiente y totalmente necesaria. Y me alegra especialmente que se haga desde un medio tan abiertamente de izquierdas.

Me hace gracia, pero porque yo me entretengo con cualquier cosa, que se haya montado cierto revuelo en redes por este asunto. Me sorprende, en primer lugar, por el recorrido profesional de la publicación. A ver, no nos engañemos, estos tipos se atrevieron en 2006 a publicar en sus páginas las caricaturas que aparecieron en el diario danés Jyllands-Posten, cuyos autores recibieron amenazas de muerte, después de que su publicación en Francia costara el puesto al director de Libération. Estos tipos sacaron un número con una caricatura de Mahoma con un cartel en las manos que ponía “Tout est pardonné” unos días después de que extremistas de Al Qaeda irrumpieran en la redacción matando a varios de sus compañeros, incluido el director. Como comprenderán, ofendidos del mundo, no son gente que se autocensure a la primera de cambio.

Me sorprende, en segundo lugar, porque nadie obliga a nadie a consumir absolutamente todo lo que se publica. La libertad de expresión de unos no implica, necesariamente, una obligatoriedad de atención activa por parte del resto de la población. Es decir, que podéis no leerlo. Podéis no escucharlo, podéis no comentarlo. Podéis dedicar vuestro tiempo a otra cosa que no os ofenda, que no os indigne. Es como elegir comer sandía o no hacerlo. No es necesario que devores absolutamente todo lo que ofrecen en la mesa del buffet libre.

A mí esta portada no me parece misógina, ni machista, como he leído en alguna parte. Me parece provocadora, me parece descarada, me parece insolente... Pero es que son características que suelo apreciar (y celebrar) en la vida en general y en el humor en particular. Porque no olvidemos que Charlie Hebdo es una revista satírica. Y el humor, a veces, debe ser todas esas cosas: provocador, descarado, insolente. Porque el humor, a veces, es una herramienta para la disidencia.

Publicar en una portada una vulva no es cosificar a la mujer. Sobre todo no lo es, apelo al contexto, cuando quien lo hace ha dibujado y publicado en portada de la misma publicación un montón de penes. Y nadie se ha escandalizado. ¿Por qué lo hacemos ahora? A ver si el problema va a estar en el órgano reproductor femenino, que todavía nos molesta mucho más a la vista que uno masculino. Lanzo la hipótesis, pero seguro que no es eso. No puede ser porque las más indignadas han sido las más feministas, las que tienen intactos todos los puntos de su carné de Feminismo Bien. Así que no puede ser que tenga que ver con eso pues su perspectiva de género, supongo yo, les llevaría a celebrar que se publique, por fin y con total normalidad, una vagina en portada. En nombre de la igualdad. Ya era hora, jopetas. (Aviso: las últimas líneas están redactadas con el modo ironía activado. Me consta que hay un señor en Mallorca con serios problemas para despegarse de la literalidad y no quiero darle el sábado).

Resumiendo: que yo creo que los de Charlie Hebdo se han salido con la suya. Nos han provocado y hemos entrado al trapo como pardillos. La publicidad les ha salido gratis porque, gracias a tanto ofendido e indignado, a tanto golpecito en el pecho, grito en el cielo, golpe de tacón, han logrado que todos veamos ese primer plano de una rotunda vagina con un clítoris-balón. Han hecho ellos solitos más publicidad a un soporífero mundial de fútbol femenino que toda la maquinaria publicitaria al servicio del feminismo de cuarta ola junta. Han logrado que yo esté hablando de fútbol en mi columnita en lugar de hablar de toboganes, que es lo que a mí me gusta.

Hay que reconocer, eso sí, que en caso de celebrarse una competición de ofendidos profesionales, las feministas histéricas no tendrían nada que hacer frente a los extremistas de Al Qaeda. Mientras ellas se conforman con liarla en twitter y enseñar las peras en protestas; los otros, cuando se ofenden, entran en la redacción y se cargan a media plantilla. Al Qaeda 1 – Esquizofeministas 0.

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