Paloma Cuevas, el primer cumpleaños de su nueva vida

La empresaria, que ayer cumplió 48 años, y su ex marido Enrique Ponce han llegado al acuerdo de que alejar a las niñas del foco mediático es la mejor opción para su educación

Paloma Cuevas cumplió ayer 48 años. Un aniversario muy diferente a los anteriores, ya que por primera vez no ha sido Enrique Ponce quien le ha organizado la fiesta. Sí que recibió sus felicitaciones y hasta puede que le enviara un ramo de flores. A pesar de lo que ha sucedido en su convivencia mantienen una buena relación.

La cumpleañera ha tenido un detalle con sus padres al dedicarle en su Instagram un cariñoso recordatorio de su nacimiento «gracias por darme la vida, ayer, hoy y siempre. ¡Os adoro!, escribía. Y quizá una de las felicitaciones más sorprendentes ha sido la de Julio Iglesias y Miranda Rijnsburger, con los que mantiene una buenísima relación. El artista y su mujer le han ofrecido su casa de Punta Cana en el caso de que finalmente decida que sus hijas estudien en Estados Unidos, como se adelantó en el programa “La Hora de la 1”.

Como han confirmado Ponce y Cuevas, su separación ha sido amistosa y con un divorcio de mutuo acuerdo. Todos los veranos hay noticias que convierten a los protagonistas en tema recurrente ante cualquier reunión de más de dos personas. Esta vez han sido ellos. En julio saltaba la información en la revista «Semana» de su separación tras veinticuatro años de matrimonio y tres más de novios. Una ruptura que en sus inicios se valoraba como un cese de convivencia. Ya había desde antes ciertos rumores sobre desavenencias en la pareja.

Paloma no llevaba bien las ausencias taurinas y menos aún las giras por Latinoamérica, pero nunca le había pedido que se cortara la coleta. Era una especie de pacto no escrito en el que figuraba que poco a poco la agenda taurina iría disminuyendo para pasar más tiempo en familia. Era lo que Paloma había vivido en casa. Su padre, Victoriano Valencia, torero, ganadero y abogado, dejó la profesión cuando nacieron los hijos y siempre ha estado vinculado al mundo del toro. Se convirtió en apoderado de Ponce cuando Paloma le dijo una tarde en la plaza de Las Ventas, sin conocer personalmente al que sería su marido que ayudase «a ese chiquillo». Ponce tenía 19 años y Paloma, 17.

Volvieron a coincidir en Colombia unas Navidades en las que Victoriano Valencia viajaba con su pupilo y se llevó a toda la familia para celebrar esas fechas juntos. Ese viaje fue definitivo para los dos jóvenes, que se hicieron novios poco después. Ponce le pidió permiso a Victoriano, que solo le dijo que «para tontear hay otras chicas». La respuesta del torero fue clara: «Quiero que sea la madre de mis hijos». Y como lo dijo lo hizo, pero tuvo que esperar a que Paloma finalizara sus estudios en Boston.Cuentan que Enrique le pidió que no se fuera, que estudiara en Córdoba o en Madrid, pero su novia lo tenía claro y más aún su padre, que siempre le aconsejó que tuviera sus propias herramientas laborales y su independencia económica.

Terminó sus dos carreras (Económicas y Administración de Empresas) y volvió a España. El siguiente paso fue casarse para toda la vida. Pero una cosa es lo que uno dispone y otra lo que decide el destino. Se convirtieron en el referente de pareja estable durante más de dos décadas hasta que este último año comenzaron ciertos comentarios y supuestas alegrías con nombre de mujer que recibían al torero en su giras por Colombia y México. Los rumores dejaron de serlo cuando compartían cenas con amigos que aseguraban que la crisis que pasaron el invierno de 2019 estaba más que superada. En febrero de 2020 acudían a la llamada de Antonio Banderas, que estrenaba en Málaga su musical «A Chorus Line».

Una vez que finalizó el espectáculo, anfitrión e invitados se fueron a celebrarlo al Pimpi. Enrique Ponce cantó con Banderas y le regaló a su mujer una canción de amor. Después llegó el estado de alarma y los Ponce Cuevas se confinaron en La Cetrina, la finca de Jaén que compró el torero cuando comenzó a ganar dinero. Él quería un Mercedes y Juan Ruiz, su descubridor, apoderado y casi segundo padre, le respondió que «el campo primero y el coche después». El hijo de Ruiz es ahora el hombre de confianza una vez que el padre se retiró de la primera línea de acción.

Ruiz y el resto de la cuadrilla fueron los guardianes del secreto de Ponce cuando Ana Soria había irrumpido en la vida del torero viajando con él a México. En este tramo de la historia sentimental las fechas bailan según qué protagonista la referencie. Ponce llegó a decir que hacía dos años y medio que su matrimonio no funcionaba. Un dato que no encajaba con la convivencia en La Cetrina hasta que finalizó el confinamiento. Y Ana Soria aseguraba en LA RAZÓN que llevaba ocho meses de amor con el torero.

Sus condiciones

Quizá lo que más ha sorprendido ha sido la exposición pública y extrema del torero, que convirtió su separación matrimonial en una especie de serial por capítulos que parecía no tener fin. La razón de este cambio en la personalidad de Ponce tiene nombre de mujer: Ana Soria. Una joven que no estaba dispuesta a ser la chica alegre de un torero y que puso condiciones del estilo «o lo dices o lo dejamos».

Para Paloma, que ha estado arropada por sus padres y las amigas fieles que mantiene desde el colegio de Córdoba, esta exposición ha sido quizá lo peor. «Más que por ella por las hijas», explican. Una decisión que ha tomado consensuada con Enrique Ponce ha sido que las niñas estudien fuera de España. El cambio académico se haría en el mes de enero, cursando el segundo trimestre en un colegio de Suiza o de Estados Unidos. Una manera de alejarlas del foco mediático y de perfeccionar los idiomas. Lo más probable es que la elección final sea Europa antes que Norteamérica por la proximidad con Madrid.