Así será la misa en Sevilla en el sexto aniversario de su muerte

Su hijo Cayetano le ha organizado un oficio esta tarde en el Templo de Los Gitanos, a donde también acudirán algunos de sus más íntimos amigos. El resto de la familia permanecerá en Madrid

Sevilla amaneció de luto aquel 20 de noviembre de hace ahora seis años. Moría Cayetana; Cayetana a secas. En su aristocrática ascendencia confluyen realeza, emperatrices y grandes duques conquistadores, y solo con su nombre se daba por presentada. Aquel 20 de noviembre el famoso cielo azul de la Sevilla que tanto adoraba se tornó en negro, color de la pena de una ciudad que la hizo popularmente su reina. Allí decidió pasar la última etapa de su vida. La ciudad de su vida. De niñez viajera, siempre junto a su padre, Jacobo, duque de Alba y embajador de España en Londres, vivió muchos años en Madrid, en el Palacio de Liria, su cuartel general, pero fue en Sevilla donde quiso vivir su fin de fiesta. También la ciudad en la que la mujer con más títulos nobiliarios del mundo hizo grandes labores sociales, conocidas y calladas, que probablemente no se sepan nunca.

Monárquica confesa, fue bautizada en el Palacio Real de la capital con Don Alfonso XIII y Doña Victoria Eugenia, Reyes de España, como padrinos. El de la Reina inglesa era uno de los rostros asiduos de su Casa y con ella pasó grandes temporadas en Suiza siendo una niña. Anárquicamente conservadora, nunca dejó de lado su compromiso con la causa monárquica. Pese a ser insultantemente libre, tampoco obvió los compromisos y valores que representaba. Entendió su posición como un compromiso y no como un privilegio. Ya se sabe, nobleza obliga. Por eso muchos no tiemblan al declarar que con ella murió la última gran duquesa. Quizá estos días, en los que abunda el caos provocado por la pandemia, la crisis económica se multiplica y se suceden los ataques a la Familia Real –y a Juanito, como conocía al Rey Emérito siendo una niña–, hubieran sido para ella un grandísimo pesar del que se libró. Seguramente ya hubiera manifestado su apoyo público y explícito a la figura de Don Juan Carlos, de quien opinaba que, como ella, compartían su cercanía al pueblo y el sentido y profundo amor por España. Al Monarca lo definió el día que presentó su biografía, «Yo, Cayetana», como «un gran Rey Juan Carlos, que trajo la Democracia a España y otras muchas cosas».

Mecenas y entregada a brazos llenos a las obras sociales, su vida fue un ejemplo de compromiso y del deber sobre todas las cosas. Cayetana vivió siempre sin dejarse atrás, sin dejar de hacer, sin dejar de estar. Dando y dándose, con toda su autenticidad, gesto y nervio. En plena dictadura del último caudillo no tuvo a bien invitar a Carmencita Franco a su puesta de largo, pese a la represalia que pudiese conllevar. Era de ideas fijas y leal hasta el final. En cambio, no faltaron amigos y amores, como el maestro Pepe Luis Vázquez, vestido de traje de corto.

Era una mujer genial y poseedora de una importante terquedad, que consiguió gestionar bien y que le llevó a mantener a su numerosa familia unida. A pesar de que no se lo pusieron fácil. Hoy no viviríamos los sobresaltos entre los hermanos Alba porque Cayetana mandaba, era escuchada y no se aflojaba ante la presión. Protegió a su hijo Cayetano, quizá el más parecido a ella y posiblemente uno de los más frágiles emocionalmente. Eugenia era la niña de sus ojos y por Fernando sentía un sentimiento de profunda protección, por eso le favoreció en la herencia con el usufructo de todas las propiedades. Se cuenta en su círculo más cercano que tuvo una tentadora oferta de un rico oriental por la casa de Marbella que siempre pensó dejar a Fernando y en alguna ocasión sentenció al respecto: «Ni por todo el oro del mundo. Esa casa no tiene precio. Será para Fernando». Carlos, el mayor y actual duque, no disfrutó de su especial afecto. Al parecer, sus diferentes formas de entender el título ducal de Alba y la forma de ver la vida distaban mucho y hubo tensiones entre madre e hijo. A Alfonso le favoreció en vida con el título de Híjar, deseo de su padre. Al final, a todos los apoyó y con todos sus consortes mantuvo una extraordinaria relación tras los respectivos divorcios, desde Matilde Solís a María Eugenia Fernández de Castro, pasando por Genoveva Casanova y el torero Francisco Rivera.

Hoy se celebrará en Sevilla una misa, en el templo de Los Gitanos, por su alma en el sexto aniversario de su muerte. No se espera, en principio, la asistencia de sus hijos, con la salvedad de Cayetano Martínez de Irujo, duque de Arjona, que es quien la organiza. El también conde de Salvatierra pasa grandes temporadas en su finca de la localidad sevillana de Carmona, algo que le facilita su asistencia, ya que la limitación de la movilidad impuesta a la población por las autoridades con motivo de la pandemia ha sido decisiva en la ausencia de la mayoría del resto de los hijos y nietos. Cayetano no falta a su cita cada 20 de noviembre, porque además es hermano de la corporación de la «Madrugá» del Viernes Santo, en la que salió como costalero durante años. Es cierto que en los últimos aniversarios, la presencia de la familia está siendo residual, a excepción de Cayetano. No asistirá tampoco su viudo, Alfonso Diez, con un perfil bajísimo, casi invisible tras la muerte de la duquesa. Quien no faltará será su inseparable amiga Carmen Tello, madrina de su último enlace matrimonial, y algunos amigos de Sevilla. La misa será oficiada por el padre Ignacio Jiménez Sánchez-Dalp, confesor y confidente de la desaparecida duquesa y quien ofició su tercera y última boda en el Palacio de Las Dueñas. Se espera la asistencia del doctor Paco Trujillo y su esposa, Mara, artífice del renacimiento de la grande de España, tras su intervención por la hidrocefalia que padecía. Tampoco faltará su amiga y marquesa de Méritos, Isabel de León, quien propició su ingreso como miembro de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría. No asistirán sus amigos Curro Romero, que el 1 de diciembre cumplirá 87 años y le tiene pánico al virus, ni el escritor Antonio Burgos e Isabel Herce. El columnista de ABC padece estos días una enfermedad pulmonar que le mantiene hospitalizado en el Sagrado Corazón de la capital andaluza. En cuanto al Palacio de Liria en Madrid, han sido muy escuetos y este diario ha podido saber por la Casa de Alba que la familia organizará una misa íntima.

Mujer de gran carácter, vivía contagiando su viajada historia y fue recibida por príncipes, mandatarios de multitud países, artistas, genios, magnates y hasta por los mismísimos emperadores de Japón. Más allá de toda geografía recorrida y de sus viajes alrededor del mundo, disfrutaba de la vida doméstica en sus casas de San Sebastián, Marbella o Ibiza, y en los palacios de Las Dueñas, en Sevilla; de Monterrey, en Salamanca; o de Liria, en Madrid, en el que enterró una importante fortuna para su reconstrucción, tras los bombardeos que sufrió durante la Guerra Civil Española. Sus ojos indagantes mantuvieron una perenne curiosidad por todo. Viajaba por el interior de las personas de toda condición, llevándolas a todas consigo. Hubo un hermano mayor de Los Gitanos que no tenía recursos para mantener a la cuidadora de su madre. Un donativo anónimo llegó al poco de hacérselo saber a Cayetana Alba. Pero ella siempre negó su relación con tan plausible gesto. De enorme calidad humana, supo ignorar a la opinión pública y a su propia familia para anteponer su felicidad. Nada ni nadie le alejó de su trazo.

Cayetana fue muy de su familia. Y de sus amigos. Y de sus empleados. Y de la conservación del patrimonio. Y del compromiso social. Pero siempre la misma. En una ocasión llamó a un alcalde de Sevilla para quejarse por el sol abrasador que le daba a los caballos en los coches de punto para turistas. Pusieron toldos en los meses más calurosos. En sus almuerzos se daban cita los cargos en vigor, los ex cargos y los futuros posibles. Siempre hacía sentir importante a todos, no dejaba a nadie atrás. Detallista en el día a día y en los días clave de sus amigos, por encima de sus ocupaciones. Y agradecida hasta el límite. Cayetana usaba prendas o complementos regalados si sabía que la visitaban sus donantes. Capaz. Atrevida. Original. Intuitiva. Valiente. Desenfadada. Bohemia. Creativa. Austera de condición. Caprichosa. Coherente, con criterio. Leal y fiel amante y defensora de dichos y hechos de las artes. Singular madre y abuela. Singular en el trato. Vivió defendiendo; que no atacando. Sin duda, con ella se puso hace hoy seis años el y final a una historia de amor con la vida.