Irene Montero: pongan más chicas feas en la tele, porfa

La ministra de Igualdad, Irene Montero
La ministra de Igualdad, Irene MonteroMariscalEFE

Tamara Falcó y su Íñigo ya comparten piso. Deduzco que viven en pecado: no es cosa de pasar todo el tiempo jugando al parchís. Se veía venir. Ella va a llegar a los 40 y decide que las noches ya no son para contar ovejitas, ni aunque sean del rebaño del Señor, y el catecismo se cae del bolso para hacer sitio a los profilácticos. Felicidades. Total, se confiesa luego con el padre Ángel, tres avemarías y a casa. Tamara cuenta que lo pasó muy mal cuando estaba gorda. Desayunaba filetes empanados y ligaba menos que el chofer del Papa, pero no hizo de su situación un drama «porque los dramas no son elegantes», dice. Una frase de resonancias preyslerianas. Ahora le va muy bien y me alegro, porque pese a su liberalidad erótico-festiva no me la imagino vendiendo juguetes sexuales como Gwyneth Paltrow, quien, después de las velas con olor a vagina y a orgasmo, ahora comercializa el vibrador con el que mata el aburrimiento, explica, y al que ha bautizado como su «varita pequeña». Lo creó durante el confinamiento, cuando ya tenía la mano agotada. Es un aparato elegante y con luz led que se puede usar hasta en la ducha. Superior al «Satisfyer», me imagino. Pasar de la varita pequeña a la varita mágica vibratoria de Harry Potter no será difícil: podría estimular más con la aparición en el catre de un holograma de George Clooney, Bradley Cooper o Brad Pitt, a elegir. Más adelante, Gwyneth explorará las posibilidades del dedo mágico de ET.

Gwyneth Paltrow
Gwyneth PaltrowJordan StraussGTRES

Lo suyo es un no parar, como lo de Irene Montero, que gastará 1,5 millones de euros en una campaña contra los cánones sexistas de belleza, porque no puede ser que en las series de televisión, sobre todo las muchas que ve su vice segundo, solo aparezcan actrices de gran belleza. Esto, declara, cosifica a la mujer. Pongan más chicas feas en la tele, porfa. Sienten una gorda en su plató, porfa. Produzcan «La jorobada de Notre Dame» en versión española, porfa, que mi santo llega por las noches a Galapagar totalmente inapetente. Me malicio que se alivia en su despacho viendo «Master of sex» y «Californication» en sesión continua. Ser macho alfa no exime del débito matrimonial, ¿no? Vale, tíos.