El palmeo de la Infanta Elena en el Teatro Real

La hermana del Rey Felipe VI acudió junto a su hija Victoria Federica al décimo cumpleaños de Siempre así en Madrid

  • La Infanta Elena, a su llegada al Teatro Real de Madrid / Foto: Elio Esteban Balderrama
    La Infanta Elena, a su llegada al Teatro Real de Madrid / Foto: Elio Esteban Balderrama

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19 de junio de 2019. 02:53h

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Jesús Mariñas 19/6/2019

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Verla en la platea, llegando retrasada para pasar desa-percibida sin conseguirlo, fue doble atractivo en el bautismo de «Fabulosas y rebeldes» nuevo libro de Joana Bonet, tan feminista siempre. «Son tres historias femeninas», resumió el Loco de la Colina, aquel inolvidable Jesús Quintero que hizo tanta tele gloriosa. Marcó época como el pobre Chicho Ibáñez Serrador, otro maestro. Porque si en uno privó la imaginación, el otro hasta era perfecto incluso haciendo teatro, como en su divertida comedia «Aprobado en inocencia» con la que se presentó en España. Espectaculares fueron sus montajes escénicos que merecerían homenaje oficial, no caerá esa breva porque parece un hermano pobre frente a la fastuosidad y despendole económico de lo oficial. Chicho siempre fue por libre y durante años acampó en el barcelonés Teatro Talía, corazón del Paralelo, local hoy rebautizado como «Martínez Soria». Años de magnifica competencia teatral entre Madrid y la Ciudad Condal, ese vibero artístico de donde salieron desde la inigualable Nuria Espert a Guillermina Mota o la Feliu. La primera reconoce solo haber faltado una vez incluso con el bagaje de «Yerma» sensacional montaje en Víctor García que la catalana paseó mundo adelante antes de enfrentarse en Londres emparejada a Glenda Jackson en «La casa de Bernarda Alba». Iban de igual a igual y toda esa nostalgia revivió ante Chicho, nacido de la estupenda Pepita Serrador que empezó importando a nosotros todo el aquí inédito, duro y rompedor teatro de Tennessee Williams.

La Infanta, que cada día está más estilizada, acudió y aplaudió entusiasmada de cuanto se dijo y eso no dejó de sorprender a Jesús Quintero semi-retirado entre Sevilla y Huelva. «Me hice una casita a un paso de Portugal. Voy y vengo. Es un lugar extraordinario y lleno de vida aunque pueda parecer lo contrario. He dejado en la historia 450 programas grabados y emitidos», comentó.

Elena acudió con su hija al décimo cumpleaños de «Siempre así», uno de nuestros grupos ya mitificados, más bien clasificados, como música tradicional destinada al pijerío. Son más de los que creíamos con tal afición. Sus letras rezuman ternura. Ideales para enamorar, no son cargantes y solo debería mover un poco más a las chicas, no al ritmo sensual de las Hermanas Benítez, pero evitando una cierta ñoñería en el decaído movimiento de caderas. En seguida pusieron de pie al nada facilón respetable del Teatro Real. Eso me recordó una lejana cita en el barcelonés Liceo cuando Peret cantó rumbitas míticas como «Una lágrima cayó en la arena» y donde Montserrat Caballé inmortalizó a Norma. Ninguna después de ella, solo hay que oír aquellas grabaciones de los 70 con que hacía enmudecer como Elena –simpatica, próxima, risueña– al enfervorizado auditorio pidiendo «¡otra, otra!». «Cantar en este teatro era el sueño de nuestra vida después de haber dado mil por todo el mundo. Este no es un concierto de la Sinfónica de Málaga sino de ellos tocando con nosotros», señalaron. Y marcaron época como queda dicho en el mismo tono popular de doña Elena.

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