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Viviane Reding: «No podemos negar que nuestra sociedad se basa en la herencia cristiana»

Ser la encargada de proteger y dar vida a la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea puede ser una tarea dura en una Europa donde a sus Estados no les gusta que los aleccionen sobre derechos humanos o Justicia. La vicepresidenta de la Comisión Europea, Viviane Reding (Luxemburgo, 1951), cumple un año al frente de esta tarea

 
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No tiene miedo a plantar el puño en la mesa, como probó con Francia durante las expulsiones de gitanos, o con el Gobierno de Zapatero a raíz de su propuesta para la protección de las víctimas de violencia de género durante la Presidencia española. Con una sonrisa dice, en una entrevista con este diario en su despacho, que las heridas ya se han cerrado con España: «Adoro a los españoles».

– ¿Ha sido un buen año?
–Cuando llegué al cargo estaba al frente de una hoja en blanco, porque el Tratado de Lisboa daba competencias en Justicia, pero estaba todo por hacer. Hemos logrado un avance extraordinario, rápido y fuerte, en campos como las garantías para los procesados, o la cooperación reforzada para los matrimonios internacionales.

–Pero el momento de la verdad llegó durante el enfrentamiento con Francia por los gitanos…
–Forzamos al Gobierno francés a cambiar la ley [para que incluyan las garantías procesales durante las expulsiones], con un procedimiento de infracción suspendido hasta abril, cuando debe llegar la nueva norma francesa. El problema gitano nos ha mostrado que las cosas no son brillantes en la mayoría de los Estados miembros, por eso en abril propondré un marco europeo para la inclusión de la población gitana a través de estrategias nacionales.

–¿Han quedado cicatrices de su enfrentamiento con España?
–Desde hace muchos meses no he visto ningún nerviosismo, tampoco nada negativo. Respecto a la protección de las víctimas de violencia de género, he anunciado un paquete de medidas con dos instrumentos legales: una orden de protección civil, y una norma para proteger a las víctimas durante los procedimientos criminales, porque su sensibilidad también puede sufrir cuando pasan por la corte.

–¿Por qué no ha aparecido para defender la libertad de expresión amenazada por la nueva Ley de Medios húngara?
–La comisaria Neelie Kroes es la responsable de aplicar la carta de Derechos Fundamentales en su área [Agenda Digital]. De otra forma, tendría que llevar a cada comisario de la mano cada vez que pasa algo, y así no es como funciona la colegialidad de la Comisión Europea.

–Recientemente, los Veintisiete rechazaron mencionar la persecución de los cristianos para no herir sensibilidades y abrir un «choque de civilizaciones», en una declaración sobre la protección de los creyentes. Como democristiana, ¿qué piensa?
–No como cristiana, sino como ciudadana europea, no tengo ningún problema en llamar a las cosas por su nombre, y si los cristianos son asesinados, decir que eso es un escándalo, y cuando los musulmanes son asesinados, lo mismo. Llamar a las cosas por su nombre no debería ser cuestionado ideológicamente. De todas formas, no es un debate nuevo. En los orígenes del Tratado de Lisboa [el proyecto de Constitución Europea] queríamos incluir una mención a las raíces judeocristianas de Europa. No fue posible porque algunos no quisieron. Nadie te obliga a ser cristiano, pero no podemos negar que toda la historia y toda la sociedad está basada en esta herencia.


Una combativa y veterana comisaria
Es la mano derecha del presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, la más veterana entre todos los comisarios, con quince años en Bruselas cuando termine este mandato, y un peso pesado en la Unión Europea, donde también estuvo en el Parlamento Europeo. La creación de la nueva cartera de Justicia, solicitada por partidos como los liberales y bienvenida por juristas del continente, le ha dado una hoja en blanco para blindar los derechos tradicionales de la Europa de las luces, y preparar el camino para los nuevos que están por llegar para ciudadanos que cuentan ahora con dos vidas: la real y la digital. Los nuevos derechos 2.0, como el derecho al olvido, llegarán a mitad de este año.