Podemos

El PSOE y el 23-F

La Razón
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Tiene razón Felipe González, y no el Rey. Del 23-F queda mucho por conocer. Del papel que jugó el PSOE, sobre todo. Lo ha dejado escrito Jordi Pujol en sus memorias: «El PSOE tenía una auténtica obsesión por hacer caer a Suárez. Una prueba de ello es la visita que el destacado líder socialista Enrique Múgica me había hecho a finales del verano de 1980 a mi casa de Premià de Dalt para preguntarme cómo veríamos que se forzase la dimisión del presidente del Gobierno y su sustitución por un militar de mentalidad democrática. Manifesté mi total desacuerdo».

El 22 de octubre de 1980, apenas cuatro meses antes del golpe, el entonces número tres del PSOE, Enrique Múgica, y el segundo de los socialistas catalanes, Joan Raventós, cenaron con el general Armada en Lérida. Según Francisco Laína, responsable de la Seguridad del Estado el día del golpe, «lo que no ha negado nadie es que hubo un informe que Múgica pasa al PSOE sobre sus conversaciones de Lérida. Un informe a nivel orgánico, que pudo llegar a González o a Guerra, aunque no lo sé. Tengo a Múgica de vecino y alguna vez le digo: "Tendremos que hablar algún día de los antecedentes del 23-F", y siempre me ha dicho: "Esas cosas, mejor es dejarlas"».

Por mucho que molestara a González, el lamento de Bono por las críticas «inmisericordes» y «horribles» del PSOE a Suárez no es un ejercicio de autocrítica suficiente sobre el papel que el PSOE jugó en el capítulo más negro de nuestra joven democracia.