Barcelona

Ferraz busca el consenso en torno a Rubalcaba

Malos tiempos para el socialismo. El peor resultado de la historia de la democracia en unas municipales; un retroceso de 7 puntos y 1,5 millones de votos respecto a 2007; la pérdida de importantes feudos como Castilla-La Mancha, Barcelona, La Coruña o Sevilla, el final del zapaterismo, la hecatombe...

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Son tantos los motivos que el PSOE tiene para la depresión profunda que en la calle Ferraz no saben ni por dónde empezar a reconstruir los pilares de un proyecto agotado y un liderazgo que murió, probablemente, el 10 de mayo de 2010, cuando Zapatero decidió dar un giro copernicano a su programa político. La reunión de la Ejecutiva Federal sirvió ayer para poner a Zapatero frente al espejo de la realidad, para admitir una derrota sin paliativos, para lamentar los efectos de una devastadora crisis, para llamar a la reflexión y para que en la dirección federal se escuchara un desmarque muy significativo que podría avanzar los pasos de la próxima batalla.

Por partes. Si algo hizo la dirección federal en primer lugar fue admitir con «realismo y serenidad» el resultado del 22-M. Ni se engañan ni intentan engañar, y dicen haberse dado por enterados de lo que los españoles han votado, que no es otra cosa que un severo puntapié a Zapatero en el trasero de alcades y presidentes autonómicos. Pero antes de cualquier reacción emocional, los socialistas dicen afrontar el varapalo desde lo que ayer el vicesecretario general, José Blanco, llamó «el sentido de la responsabilidad» de un partido de Gobierno cuyas medidas adoptadas frente a la crisis no ha sabido trasladar a la ciudadanía. «No es momento de lamentarse –arengó el número dos del PSOE–, sino de levantarse y ejercer la responsabilidad encomendada».

Traducción: no habrá adelanto electoral –como ayer apuntó el extremeño Guillermo Fernández Vara– y tampoco un congreso federal, como desearían otras voces del PSOE. Ni lo uno ni lo otro. No habrá cambios en la hoja de ruta. Dicho de otro modo: el Gobierno seguirá con las reformas cueste lo que cueste y el PSOE se lanzará en plancha a las primarias que tenía previstas antes de la hecatombe de la noche del domingo. Zapatero, Blanco y Marcelino Iglesias han comenzado ya una ronda de contactos con los cuadros del partido y los secretarios generales para acordar un calendario de primarias que tendrá que ratificar el Comité Federal este sábado.

La previsión es celebrarlas antes de las vacaciones de verano. De momento ayer quedó claro tras las diferentes voces que se escucharon en Ferraz que la dirección federal es partidaria de un candidato de consenso que evite la división y la confrontación interna. Nadie puso nombre, pero todo el mundo pensaba en Rubalcaba. Esto ocurrió después de que Zapatero hicera autocrítica y asumiera en primera persona la debacle del socialismo y conminara al PSOE a poner a trabajar de inmediato en las elecciones generales. Las palabras de Zapatero fueron interpretadas por algunos como una invitación a que el duelo fuera corto y se activasen de inmediato las primarias.

Fue entonces cuando se sucedieron las voces que apostaron por evitar el riesgo de luchas intestinas que no harían sino dañar aún más la confianza ciudadana. Ni Rubalcaba ni Chacón, presentes los dos en la reunión de la Ejecutiva, desvelaron sus intenciones, si bien la ministra de Defensa dio algunas pistas de por dónde pueden ir sus pasos. Y es que tanto ella como José Andrés Torres Mora y Juan Fernando López Aguilar pidieron tiempo para la reflexión. La ministra además se desmarcó suavemente de la dirección del PSOE y del Gobierno como si no formara parte de lo uno y de lo otro, y vino a decir que el Ejecutivo había tomado decisiones frente a la crisis que se podían haber evitado y que faltó información en la dirección del partido. Todos captaron el mensaje: táctica para ganar tiempo y apoyo en las federaciones. Chacón parece lanzada a la batalla.

Los valedores de la ministra quedan tocados
No es lo mismo ir a unas primarias con el apoyo de los barones más consolidados del PSOE que acudir a la cita con el aval de quienes han sufrido un severo varapalo en las urnas y con seguridad se enfrentarán antes o después al relevo en sus territorios. Es una de las cuestiones sin duda, que Chacón sopesa antes de dar un paso al frente por el liderazgo del PSOE. Y es que sus hasta ahora principales valedores han sufrido un fuerte batacazo en los comicios del domingo: han perdido entre 7 y 9 puntos en sus respectivos territorios.Es el caso de los secretarios generales de Madrid, Castilla-La Mancha, Andalucía y Cataluña, en quienes la catalana confiaba para medirse contra Rubalcaba. Pero entre Tomás Gómez, José Antonio Griñán, José María Barreda y José Montilla han perdido la friolera de 730.332 votos. Todos quedan, tocados, sin duda en sus respectivas federaciones.